Fraudes electorales en Venezuela

EE. UU. es la única nación en el planeta que puede destruir financieramente a cualquier país adversario

Hizo muy bien la oposición venezolana que optó por la abstención el 20 de mayo pasado. Era una locura otra vez dejarse arrastrar al matadero. Con ese CNE con ese registro electoral y sin garantías de un juego limpio era imposible participar. No se podía colaborar ni un minuto más con esa inmundicia.

Nicolás Maduro dice que le votaron más de seis millones de venezolanos, pese a las calles y los colegios electorales casi vacíos. Según los cálculos más serios, solo sufragaron 3.5 millones y él debió obtener algo más de 2.4. El CNE afirma que acudió a votar el 46 por ciento de los electores. Solo se presentaron en torno al 17.5.

La primera vez que Hugo Chávez cometió un enorme fraude electoral fue en el referéndum revocatorio del 2004. Perdía 60 a 40 a las seis de la tarde, cuando supuestamente cerraban los colegios electorales. El doctor Jorge Rodríguez, entonces (y ahora) portavoz del gobierno, sospechosamente anunció que se iba a dormir admitiendo con su body language que sabía lo que sucedería: en la madrugada, cuando el país soñaba con un mejor destino, anunció que Chávez había ganado 59 a 41. Mágicamente se habían invertido los resultados. Jimmy Carter avaló el fraude, no sé si por ingenuidad, porque lo engañaron, por interés o por evitar un enfrentamiento armado.

¿Cómo lo hicieron esta vez? Como lo vienen haciendo desde entonces cuando les resulta necesario. Durante cierto tiempo pensé que era una compleja operación en la que intervenía la mano peluda cubana desde un siniestro centro de cómputos instalado en la Isla, pero el asunto resultaba más sencillo, próximo y con buenos técnicos venezolanos a cargo del sucio asunto.

El 20 de mayo, simplemente multiplicaron el fraude por tres. Desde el punto de vista moral el cambalache nada significa para los chavistas. Es solo un recurso revolucionario. Si en 1992 trataron de acabar a tiros con el gobierno mediante un golpe militar, ¿qué importancia puede tener alterar una ridícula elección “burguesa” que es solo un trámite para mantenerse en el poder? Jorge Rodríguez, Tibisay Lucena, esa señora con carita de abuela bondadosa que no rompe un plato, y el CNE completo, pueden dormir a pierna suelta. Ellos solo dan los resultados. Los votos están ahí, contantes y sonantes, colocados por el brazo electrónico de la revolución chavista.

Pero probablemente esta vez la trampa haya sido inútil. El 80 por ciento de las naciones realmente democráticas no reconocerán al gobierno de Maduro y reclaman unas elecciones libres y supervisadas por algún ente neutral. Mike Pence, VP de Estados Unidos (EE. UU.) y el senador Marco Rubio prometen que su país se volcará en el acoso financiero de la dictadura de Maduro y en la persecución sistemática a la legión de chavistas corruptos.

EE. UU. es la única nación en el planeta que puede destruir financieramente a cualquier país adversario. Puede castigar a China, Rusia y a Irán por ayudar al gobierno de Maduro. Puede amenazar a Cuba con eliminar las remesas de los exiliados o con aplicar totalmente la Ley Helms-Burton, en lugar de suspender ciertas partes cada seis meses, lo que implica que ninguna empresa extranjera podría operar en USA o con USA si la Isla no saca las manos de las FFAA venezolanas.

EE. UU., por supuesto, tiene el garrote. Lo que no se sabe es si es capaz de utilizarlo.

El autor es periodista y escritor. El último libro de CAM es una revisión de Las raíces torcidas de América Latina, publicada por Planeta y accesible en papel o digital por Amazon. @CarlosAMontaner. © Firmas Press
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