Testimonios de liberados prueban crueldad policial

Las 22 personas, que fueron liberadas este martes al mediodía, fueron apresadas el lunes por la Policía Nacional, mientras esta reprimió a los manifestantes en Managua

Los detenidos han presentado signos de haber sido torturados y golpeados. LA PRENSA/URIEL MOLINA

El alivio que percibieron algunas madres al escuchar el nombre de sus hijos en la lista de 22 personas liberadas el martes por la Policía Nacional no fue posible para otras familias que viven en zozobra porque sus hijos siguen desaparecidos; un drama que enluta a Nicaragua, donde más de 80 personas han muerto producto de la represión desde el 18 de abril pasado.

Reina Isabel Martínez es madre de Andrew Salvador Úbeda, de 19 años, un estudiante de Psicología desaparecido, quien salió con Katherin Ruiz, estudiante de Medicina, el 24 de mayo para comprarle el pastel de cumpleaños a su madre.

Ninguno regresó a su casa. La madre de Úbeda lloró, gritó y se aferró al portón de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ) en Managua, conocida popularmente como El Chipote. Otras personas formaban con ella una muchedumbre que buscaba a los desaparecidos.

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Las 22 personas, que fueron liberadas este martes al mediodía, fueron apresadas el lunes por la Policía Nacional, mientras esta reprimió a los manifestantes en Managua.

Si la liberación se dio fue porque los detenidos fueron entregados a una comisión de sacerdotes delegados por la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), quienes actuaron como mediadores y ellos mismos los entregaron a los familiares en la catedral de Managua.

A lo largo del día, LA PRENSA logró constatar que al menos cuatro personas seguían desaparecidas: Andrew Úbeda, el muchacho que salió a comprar el pastel a su madre; Marco Novoa, Keneth Romero y Cristian Mendoza Fernández.

El asesor legal del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Salvador Marenco, explicó que en la última semana han recibido diez denuncias de familiares que reportan a personas de las que no se sabe su paradero y que se habrían extraviado en el contexto de las protestas.

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La madre de Marco Novoa, Sol Novoa, relató que desde el pasado jueves en la tarde no sabe nada de su hijo. Ha buscado en el Instituto de Medicina Legal, pero no lo encontró, “eso significa que está vivo”, dijo.

También mencionó que interpuso denuncia en el Distrito Uno de la Policía, la cual fue admitida, pero “la angustia es horrible”.

Brutalidad en detenciones

Los testimonios de los liberados revelaron que la Policía Nacional los golpeó, pateó y les gritó que los iban a matar mientras los trasladaban a la DAJ.

Luis Ordóñez, de 20 años, refirió que estaba cerca del sector de la gasolinera Puma, en Metrocentro, y de pronto, camionetas cargadas de policías desembocaron provenientes de Plaza El Sol, la sede central de la Policía, y empezaron a disparar. Unos corrieron y otros, como él, se refugiaron en la gasolinera.

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“Los policías comenzaron a disparar, quebraron todo, nos dijeron que nos iban a matar, nos agarraron, nos golpearon y nos tiraron como unos cerdos a las camionetas y en las camionetas todavía nos golpeaban y nos dijeron que nos iban a matar en El Chipote”, dijo Ordóñez.

Sin embargo, el joven señaló que en El Chipote los obligaron a desnudarse y hacer sentadillas.

Le roban dinero

Otro de los liberados fue el universitario Jorge Marcelino Cáceres, quien relató que le robaron su dinero y su teléfono, y que, de camino a la DAJ, “nos decían que nos iban a matar y nos iban a golpear por todos sus amigos oficiales que habían sido heridos y que habían muerto (durante las protestas)”, dijo.

Cáceres tenía moretones leves debajo de su ojo izquierdo. También contó que les pegaron con las cachas de las pistolas. Algunos oficiales dispararon contra manifestantes mientras trasladaban a los jóvenes detenidos, reducidos en las tinas de las camionetas.

Rodrigo Estrada no estaba protestando y asegura que pasaba por el sector de Metrocentro, adonde la Policía hacía redadas el lunes. También fue apresado y agarrado a patadas por los antimotines. Tenía el ojo izquierdo inflamado, morado y rojo.

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En la captura que hizo la Policía Nacional durante el lunes no diferenció a nadie y se llevó a jóvenes que estaban saliendo de trabajar, como José Luis García Gutiérrez, de la librería Hispamer.

El rostro de horror de García Gutiérrez quedó registrado en una fotografía anónima que circuló en las redes sociales. Su mamá, Reina Isabel Gutiérrez, llegó el martes a las celdas de la DAJ y estuvo acompañada por el director general de la librería donde trabaja su hijo, Jesús De Santiago.

Finalmente, el muchacho fue entregado a un familiar. Su madre expresó después que estaba “un poquito golpeado, el pobrecito, le robaron su teléfono, su mochila, pero gracias al Señor que está vivo, ya lo tenemos aquí en la casa”, dijo la señora.

De acuerdo con el asesor legal del Cenidh, Salvador Marenco, las agresiones que vivieron los apresados por la PN se traducen en las sistemáticas violaciones a derechos humanos y un efecto intimidatorio que el gobierno de Daniel Ortega quiere imponer a la población que tiene el derecho a manifestarse.

“No solo te detienen ilegalmente, sino que te golpean, te torturan y eso no lo quieren investigar, quieren garantizar la impunidad”, cuestionó el abogado especialista en Derechos Humanos.

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