El trago amargo de Almagro

En cuatro días, menos que lo normal en una visita “in loco”, la CIDH emitió un informe preliminar llamando al gobierno violador de derechos humanos

La semana pasada, en un video twiteado, el secretario de la OEA defendió atropelladamente su actuación blandengue frente a los fraudes electorales en Nicaragua, fraudes que nombra con claridad en Venezuela para fustigar (correctamente) a Maduro.

El secretario apareció frustrado y malcriado ante las cámaras. Su intervención sí fue indispensable para la misión de la CIDH, pero no puede atribuirse el crédito por la labor de la doctora Urrejola y su misión que expusieron su vida en la UNA, sometidos a agresiones por paramilitares. En cuatro días, menos que lo normal en una visita “in loco”, emitió un informe preliminar llamando al gobierno violador de derechos humanos y a disolver los grupos paramilitares que masacran a la población civil.

“Hacer suyo” el informe de la CIDH no se compadece con su defensa del “status quo”. Los informes finales sobre elecciones generales (2011 y 2016), que no están colgados en el sitio web de la OEA, deberían ser suficiente para un secretario que tiene a su disposición la Carta Democrática Interamericana, para concluir que quien fue electo en el 2011, Fabio Gadea, no fue investido, y que el candidato a la reelección en 2016, de acuerdo con la Comisión de Venecia, no tenía derecho a la reelección.

Tampoco se justifica que el secretario acuse a toda la oposición de mentir como “estrategia política”, ni que llame “corruptas” a las víctimas de una prolongada corrupción. Es posible que la geografía del secretario lo haya confundido.

Desconozco qué posibles “mentiras” se hayan difundido sobre la relación del secretario con el designado que tanto defiende. Hay verdades como su aceptación del término “acompañamiento electoral” acuñado por Roberto Rivas, en vez de utilizar el término de la Carta de la OEA y la Constitución de Nicaragua: “Observación electoral”, lo que no es pueril, sino de fondo.

El señor Penco, otro uruguayo que solo se reúne con el Gobierno, no abona a la credibilidad del secretario, en cambio la reunión de sus emisarios con la Conferencia Episcopal sí puede haber abierto espacios para la anticipación de las elecciones, alternativa que quiere el pueblo de Nicaragua.

Señor Almagro, cualquiera comete errores y esta es su oportunidad de reivindicarse. Porque “cuando se viola cualquiera de los elementos esenciales de la democracia, incluyendo el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales, se habilita al secretario general y a los países miembros de la OEA a invocar la Carta Democrática”. El informe de la CIDH condena “las muertes, agresiones y detenciones arbitrarias de las y los estudiantes, manifestantes, periodistas y otros ciudadanos que se han registrado en el país desde el inicio de las protestas” y haciendo eco del Comité Jurídico Interamericano, “constituye una causal directa y suficiente para activar la apreciación colectiva”. Ese es su trago amargo, secretario, usando sus propias palabras para “sacar las partes podridas y sanar las infecciones”.

El autor fue canciller de Nicaragua entre 2002 y 2007.

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