¡Ánimo, vamos adelante!

La masacre del Día de las Madres, además de mostrar la inhumanidad de un régimen que se proclama cristiano, fue un síntoma de desesperación: la dictadura está perdida.

Las manifestaciones del 30 de mayo revelaron con la radiancia del sol una realidad decisiva: la dictadura está perdida. En mis manos tengo dos estimados, de fuentes serias, sobre las multitudes que participaron. Basándose en las superficies y densidad de personas de cada marcha, uno estimó en 321,752 la asistencia de la opositora y en 36,668 la del Gobierno. Otro calculó 500,000 contra 15,000, respectivamente.

Podrá dudarse de la exactitud de estas cifras, pero jamás del hecho incontrovertible de que la multitud que clamaba por la salida de Ortega fue considerablemente mayor que la acarreada por el Gobierno. Es más; lo raquítico de esta, comparada con sus concentraciones de antes, probó que no solo ha perdido gran parte de sus seguidores, sino que muchos empleados públicos le están zafando el hombro. También hay síntomas de fracturas dentro del propio FSLN y en las fuerzas represivas.

La masacre del Día de las Madres, además de mostrar la inhumanidad de un régimen que se proclama cristiano, fue un síntoma de desesperación. Desprovisto del apoyo popular, aislado cada vez más de la comunidad internacional, y enfrentado a un pueblo sin miedo, Ortega está recurriendo a la única arma que le queda: la fuerza bruta.

Es un arma terrible, sin duda. La oposición deberá tener cautela ante un tirano sin escrúpulos y dispuesto a todo. Pero tiene a su favor no solo la marea incontenible de un pueblo decidido a resistir, sino muchas otras armas cívicas que han probado su eficacia ante tiranías feroces. Recientemente la Academia de Ciencias de Nicaragua llamó a la desobediencia civil a través de no pagar impuestos sobre la renta y de las alcaldías. Otras medidas podrían ser el negarse a pagar las tarifas de energía eléctrica, la multiplicación e intensificación de los tranques, las huelgas de brazos caídos, etc.

John Austin, teórico inglés del siglo 19, argumentaba que “si la mayoría de la población estaba decidida a destruir al gobierno, y se hallaba dispuesta a soportar la represión, entonces el poder del gobierno, incluyendo aquellos que lo apoyan, no podrá preservar el odiado régimen”. Valor para resistir es pues, junto con la mayoría, un ingrediente indispensable del éxito. Decía al respecto Michael Healy: “Cuando perdés el miedo todo puede pasar”.

Otro ingrediente vital es la capacidad de sacrificio. Todos debemos estar dispuestos a tomar riesgos y a sufrir privaciones. No puede tocarle todo a los muchachos en las barricadas. Hay que estar listos para cooperar con nuestros recursos y también para soportar represalias. Finalmente es vital la unidad: si todas las fuerzas vivas, llamaran juntas a emprender determinadas acciones, y el pueblo se decidiera a emprenderlas con valor y energía, nada podría detenerlo.

El autor es sociólogo. Fue ministro de Educación.

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