Premonición sobre Nicaragua

Por favor señor presidente, que la madre nicaragüense no sufra más. Dele una oportunidad a este pueblo, contenga sus huestes y que la patria no se tiña más de sangre

Inolvidables los momentos de alegría cuando el triunfo de la revolución armada en 1979.

Inolvidables las palabras de doña Pinita Paguaga de Perezalonso, hija del famoso maestro Abraham Paguaga (1872-1956), filósofo, médico, sicólogo y místico de grandes inquietudes, quien desde sus sueños e intuiciones fue un hacedor de premoniciones y curaciones

En esos momentos de alegría, doña Pinita, heredera de los sueños y premoniciones de su padre, avisó a su familia y amistades que había tenido un sueño, que con la revolución del 79 no llegaba la libertad, que la verdadera libertad se conseguiría a través de otra revolución y otro baño de sangre.

Lo anterior se lo conté en esos momentos a mi amigo Carlos Siles Levy, quien al iniciarse esta revolución sin armas en abril del dos mil dieciocho, me comentó que se había acordado de la profecía de doña Pina, que sí sería este el inicio de dicha revolución. Imposible de saber, pero le recordé la profecía de Sor María Romero, que miraba sangre en el futuro de Nicaragua pero que esta sangre sí traería la salvación de Nicaragua.

Yo creo que existen personas que tienen visiones, como ejemplo mi madre, quien tenía visiones y viviendo en Miami me llamó y me dijo: “Andá a ver a Arnoldito (quería mucho a Arnoldo Alemán) y decile que anoche tuve una visión, que lo miré en prisión, que se aleje de la política, que tiene una esposa muy linda y se dedique a sus hijos”. Eso fue al entrar a la Presidencia don Enrique Bolaños. Le llevé el mensaje a “Arnoldito”, a El Chile, en El Crucero, en compañía del doctor Álvaro Jerez Paguaga y el doctor José Pallais Arana. Su repuesta fue: “Decile a mi mama Lilian, que no creo en esas cosas” y medio en chiste, medio en sorna dijo: “Si caigo yo, cae Byron y don Enrique”.

Volviendo al tema, ¿será esta la premonición de doña Pina y la profecía de Sor María Romero?

Después de todas las madres que perdieron sus hijos durante la revolución del 79 y la década de los ochenta, por qué tiene la madre nicaragüense que soportar más penas y dolor por la muerte de sus hijos en este 2018 y qué dolor más grande y profundo debe ser para una madre saber, que en el propio Día de las Madres, como sacado de una de las obras de Sófocles (poeta trágico griego), con discurso de paz a 500 metros de la UNI, el regalo para ellas en este día fuera de ocho muertos y 65 heridos más.

Esto tiene que terminar. Por favor señor presidente, que la madre nicaragüense no sufra más. Dele una oportunidad a este pueblo, contenga sus huestes y que la patria no se tiña más de sangre.
De momento rezo junto con Rubén: “¡Oh, Señor Jesucristo! ¡Por qué tardas, qué esperas para tender tu mano de luz sobre las fieras y hacer brillar al sol tus divinas banderas!”

El autor es abogado.