Junior Gaitán, la historia del niño mártir de Masaya

REPORTAJE

Junior Gaitán, la historia del niño mártir de Masaya

Sus últimas palabras fueron súplicas a un policía para que no lo asesinara a sus 15 años. Esta es la vida de Junior Gaitán, el niño mártir de Masaya

10/06/2018

El entierro de Junior Gaitán duró poco. El cementerio del barrio San Carlos fue tomado por una multitud que se negaba a creer lo ocurrido. Asesinado a los 15 años el sábado 2 de junio, enterrado el domingo 3 en medio de una guerra. La ceremonia terminó en un santiamén cuando un masaya alertó de un grito: “¡Viene la Policía!” Todos salieron despavoridos.

A Junior le hubiera gustado que su sepelio terminara en forma. Pero le hubiera gustado más que un oficial de la Policía Nacional no le disparara en el pecho. A Junior le hubiera gustado vivir.

Doña Aura Lila, 45 años, madre de Junior Gaitán. LA PRENSA / Óscar Navarrete

Doña Aura Lila, 45 años, madre de Junior Gaitán. LA PRENSA / Óscar Navarrete

“Lo más que me duele es que el policía que me lo mató lo conocía perfectamente. ¡Él le suplicó de rodillas!”, llora Aura Lila López, madre de Junior. El nombre y la fotografía del policía que jaló el gatillo en el Mercado de Artesanías de Masaya los proporciona ella: “Jairo Alemán”. Y cómo le cuesta hablar con tantas lágrimas desfilando por sus mejillas…

A Junior (2002-2018) le encantaba jugar futbol. Le decían “el Pollo” o “Pollito”, de cariño. Fue una vecina la que le “encajó” ese apodo, supuestamente porque comía mucho pollo frito. Tenía su rebeldía “como todo niño de 15 años”. Era buen alumno, le llamaban la atención los bomberos y los grafitis. Su última comida fue el desayuno de su casa. “Su cafecito, su pan, su gallo pinto y queso”, describe su hermana mayor Gisselle Gaitán. Las últimas palabras que cruzó con su familia fueron: “Ahí vengo, voy a estar aquí cerca”.

Esta es la historia del tercer niño asesinado por la inhumana represión estatal que ha cobrado ya la vida de al menos 130 personas en Nicaragua.

Junior Gaitán está enterrado junto a su tío y su abuelo, en Masaya. En la foto, su hermana Gisselle llora su muerte. LA PRENSA / Óscar Navarrete

Junior Gaitán está enterrado junto a su tío y su abuelo, en Masaya. En la foto, su hermana Gisselle llora su muerte. LA PRENSA / Óscar Navarrete

Los gustos de Junior

Aura Lila López extraña todo de su niño, pero son los detalles los que humedecen sus ojos y quiebran su voz. Ella le apagaba el abanico electrónico a las cuatro de la mañana, por ejemplo, y le duele no hacerlo. Junior no se dormía sin el ronroneo de esas hélices.

“Yo se lo apagaba a las 4:00 a.m. diario porque él no dormía sin su abanico. Se me hace muy difícil… Ya no tengo a mi niño que me está esperando a la hora que vengo del trabajo, diciéndome: ‘¿Mamita, no tenés 10 pesos? Me quiero comprar unos chocobananos’. Eran buenos esos chocobananos”.

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Doña Aura Lila, de 45 años, vive en una casa humilde en el barrio San Carlos de Masaya. Todos saben cuál es la vivienda de la familia Gaitán López. Sobre el piso de tierra dura, en la salita, las sillas de plástico se sacan en función de cuántas personas van a usarlas en el momento. Para la entrevista saca tres. Protegido por el techo de zinc, sin embargo, el detalle que roba las miradas no más pisar la vivienda, es un sentido altar a Junior con su foto en grande, candelas y flores. Frente a él, a las 12 mediodía, familiares y vecinos de Junior le rezan puntuales los nueve días.

Junior Gaitán en una foto reciente tomada de las redes sociales.

Junior Gaitán en una foto reciente tomada de las redes sociales.

Pollito era conocido en su barrio, nos cuenta su hermana Gisselle, de 28 años. “Siempre sacaba risas. Era divertido. Una persona linda como hermano. Como tío y como primo también”.

Los papás de Junior, juntos desde que tenían 17 años, tuvieron cinco hijos. Varios de ellos viven en la misma morada o la visitan durante el día con sus bebés. La alegría no faltaba en la vivienda.

El plato favorito del joven era pollo con verduras, tajaditas de maduro y arroz. “Y siempre, siempre, sin faltar sus frijoles”, añade Gisselle. Ella le cambia las flores diario a su hermano en el cementerio, muy de mañana.

A Junior lo asesinaron un sábado. El día anterior, viernes, Gisselle accedió a darle 200 córdobas que él le pedía para comprar “una gorra negra que le gustaba”. Acaso un accesorio similar al que su cantante favorito usaba en algún video de YouTube. Escuchaba “música toda rara”, dice Gisselle con una sonrisa. “Así como rap”.

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En 2014 y en 2015 sacó excelencia académica en la primaria. Últimamente cursaba su secundaria en el Instituto Central Carlos Vega Bolaños, conocido también como “el Incuba”. Le llamaba la atención la benevolencia de los bomberos. “Le gustaba todo eso”, cuenta su madre, pero lo qué más le gustaba en meses recientes era el arte urbano y los grafitis.

“Él quería últimamente ser pintor de estos que pintan las paredes. Grafitis. Yo le dije que fuéramos. Que yo lo apoyo. ‘¿Adónde es que hay que ir para aprender bien?’, le decía yo. ‘Vamos y voy con vos’, le decía”, cuenta doña Aura Lila con un nudo en la garganta y disculpándose por las silenciosas cascadas de lágrimas. La entrevista comenzó normal al hablar del momento cuando murió su hijo. Pero los detalles, los rasgos que diferenciaban a su niño, son los que escocen su alma.

Daniel Ortega y la Chayo no tienen corazón. Esas son unas bestias al igual que la Policía. Él es el que manda a matar. Él es el que tiene el poder de decir ‘basta’”. aURA lILA lÓPEZ, MAMÁ DE jUNIOR gAITÁN lÓPEZ.

“Daniel Ortega y la Chayo no tienen corazón. Esas son unas bestias al igual que la Policía. Él es el que manda a matar. Él es el que tiene el poder de decir ‘basta’”. Aura Lila López, mamá de Junior.


Otros niños asesinados

Junior Gaitán López fue asesinado por un policía de Masaya el 2 de junio de 2018. El 24 de julio iba a cumplir sus 16 años. Durante la crisis humanitaria que sufre el país, más niños han fallecido por la brutal represión gubernamental. Junior es el tercero en orden cronológico desde que los conflictos iniciaron el 18 de abril.
El primer menor muerto fue Álvaro Conrado, con sus 15 años recién cumplidos. Conrado murió en las cercanías de la Catedral de Managua el 20 de abril pasado, cuando policías se enfrentaban a jóvenes autoconvocados que se manifestaban contra la feroz represión policial y contra el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo. A él lo alcanzó una bala que perforó su cuello.
Orlando Córdoba también fue asesinado a sus 15 años. Él murió cerca del Estadio Nacional Dennis Martínez el 30 de mayo pasado, Día de las Madres, cuando al finalizar la histórica marcha por el luto de las madres que perdieron a sus hijos en abril, el gobierno de Ortega recetó más dolor y muerte disparando sobre marchistas pacíficos. A él lo mató una bala que impactó su abdomen.
Según reportes en redes sociales y de acuerdo con información publicada en el semanario Confidencial y en el canal 100% Noticias, José Maltez, asesinado en Granada el pasado 5 de junio, tenía 14 años. Sin embargo, LA PRENSA pudo constatar que el joven tenía 23 años cumplidos. Maltez murió de un impacto de bala en el tórax en ataques de las turbas sandinistas en Granada.


“Vos me conocés, no me matés”

Comenzando junio de 2018, Masaya es una zona de guerra. Para conocer el dolor de Aura Lila López, viniendo de Managua, hay que evitar los tranques de Ticuantepe desviándose por Piedra Quemada y sus caminos angostos para salir a Nindirí. Antes de llegar a la rotonda de entrada a este pueblo, es preciso bajar del vehículo en cada tranque y explicar cuál es la misión del viaje. “Aunque sean de LA PRENSA vamos a revisar las mochilas”, dicen los guardianes de cada retén, encapuchados, con morteros. En la rotonda espera un monimboseño líder de su barrio y conocido en toda Masaya para liderar el camino en moto y abrir, con apenas una señal, el paso de otras 30 barricadas de adoquines, cada una custodiada por un contingente de resistencia bien apertrechado. Cuando finalmente se llega al barrio San Carlos, un ancho tronco acostado indica que el vehículo ya no pasa, y toca caminar unas 10 cuadras pasando por el cementerio donde está enterrado Junior, al lado de coloridas cruces y tumbas bajo un cielo que no decide si quiere ser sol o lluvia.

El sábado 2 de junio Junior salió de la casa a eso del mediodía. “Ahí vengo, voy a estar cerca”, se despidió. Solía mantenerse en la cancha del barrio, jugando futbol o vacilando con sus amigos y primos. Pero estaba muy consciente del momento que vivía Nicaragua desde hacía semanas. Días atrás, de hecho, con todo y sus 15 años se había sumado a la protección del supermercado Maxi Palí, amenazado de saqueo por las turbas violentas del Gobierno.

Cuando mataron a Junior doña Aura Lila estaba acostada, afligida. Cada hora venía su esposo a decir: “Nada, nada. No lo hallo. Voy a ver si está con algún grupo”. Se fue al Maxi Palí. Tampoco lo halló. “Yo estaba recostada en mi cama y aquí le dicen de apodo Pollito. Aquí todo el mundo lo conoce como Pollito. ¡Mataron a Pollito!, escucho que dicen en la puerta. ¡Mataron a Pollito! Y yo me levanté de esa cama en carrera y me fui a San Miguel”, cuenta la mamá. Deshecha.

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El sábado 2 de junio Junior salió de la casa para acompañar a los muchachos que estaban en las barricadas al centro de Masaya. Andaba con ellos. Vinieron a avisar en su barrio que Monimbó urgía ayuda y se fue. Toda la tarde de ese día la Policía Nacional atacó Masaya como ha atacado a toda Nicaragua desde el 18 de abril. Del cuartel policial de la ciudad los oficiales salieron en diferentes horas matando y capturando a pobladores autoconvocados contra el régimen de Daniel Ortega.

Junior Gaitán y su mamá junto con su profesora Rosita Flores. LA PRENSA / Cortesía.

Junior Gaitán y su mamá junto con su profesora Rosita Flores. LA PRENSA / Cortesía.

Cuando una delegación salió con su barbarie en el crepúsculo hacia el Mercado de Artesanías, entre las 6:00 y las 7:00 p.m., Junior, que había pasado la tarde por esos lados, se escondió en ese edificio antiguo con sus amigos.

Así cuenta su madre la ejecución:

“Estaban en unas barricadas y cuando llegó la Policía él y varios se metieron al mercado viejo. Incluso había una mujer y cuando la Policía entró al mercado comenzó a golpearla. Él se las quiso dar de hombrecito diciéndole al policía que no la golpeara. Agarraron a patadas a la mujer y fue donde me lo agarraron a él y me lo golpearon. Él no andaba nada de armas. Andaba sus manos limpias. El policía me lo mató fríamente. Como madre lo más que me duele es que el policía que me lo mató lo conocía perfectamente bien. Él le suplicó de rodillas. Si yo hubiera estado con él doy mi vida por él. Tal vez me hubiera matado a mí en vez de a él. Él le suplicó por su vida”.

Detenido, golpeado, Junior exclamó:

—¡Vos me conocés! ¡No me matés! Vos conocés quién es mi papa.

“Pero el hombre no tuvo compasión”, explica Aura Lila López. “Le disparó a quemarropa en el pecho. Se llama Jairo Alemán. Él vive en Masatepe, pero está activo aquí en Masaya”.

Fotografía del disparo en el tórax de Junior Gaitán. LA PRENSA / Cortesía

Fotografía del disparo en el tórax de Junior Gaitán. LA PRENSA / Cortesía

Tanto el padre Edwin Román, párroco de la iglesia San Miguel, como el doctor Álvaro Leiva, secretario ejecutivo de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), concuerdan con que la muerte de Junior Gaitán fue una ejecución extrajudicial.

Vea la Galería | Policía versus pueblo

Según Aura Lila López, el oficial Jairo Alemán venía a hacer actividades deportivas al barrio San Carlos y era conocido desde tiempo. “Casualmente yo tengo una medalla que él le dio al niño”, dice la madre. “Yo la tengo porque mi niño se la ganó. Él se la había ganado y él mismo se la entregó a mi niño. Él no tuvo compasión por mi niño cuando le suplicó”.

De acuerdo con la madre de Junior, el policía que le disparó a su hijo le había dado esta medalla en un torneo de futbol. LA PRENSA / Cortesía

De acuerdo con la madre de Junior, el policía que le disparó a su hijo le había dado esta medalla en un torneo de futbol. LA PRENSA / Cortesía

Gisselle Gaitán, hermana de Junior, añade que el oficial había amenazado al niño y a sus amigos porque ellos se habían negado a cometer supuestos actos delictivos a los que él incitaba.

“Él era coordinador de los que jugaban aquí futbol. Entregaba trofeos. Pero a veces él los incitaba a hacer cosas malas, a meterse en vagancia”, revela Gisselle. “Como todo el grupo no quiso, ellos mismos lo sacaron del barrio. Porque si ellos eran policías era para cuidar, no para hacer daño. Y ese era el ardor que tenía. Que se la iban a pagar todos, les dijo”.

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Fue a las siete de la noche del 2 de junio cuando Aura Lila López encontró a su hijo tendido en una camilla negra en la iglesia de San Miguel. Ella llegó en moto con la ayuda de un vecino. Trató de reanimar a su pequeño. Miró el hoyo devastador de la bala en su tórax.

“Yo le decía a mi niño que despertara, que se levantara. Y me comenzaron a decir que él suplicó por su vida. Pero los policías no tienen corazón. Son unos malditos pe… Con el perdón de ustedes, son unos malditos perros. Daniel Ortega y la Chayo no tienen corazón. Esas son unas bestias al igual que la Policía. Él es el que manda a matar. Él es el que tiene el poder de decir ‘basta’. ¿Pero qué dicen el Canal 4 y el Canal 6? Que son unos vándalos. ¡Los vándalos son ellos! Mi hijo era excelente alumno en el colegio. La profesora me decía”.

La mamá de Junior señala a Jairo Alemán como el asesino de su hijo. Según ella, el oficial es el joven de esta fotografía. LA PRENSA / Cortesría

La mamá de Junior señala a Jairo Alemán como el asesino de su hijo. Según ella, el oficial es el joven de esta fotografía. LA PRENSA / Cortesía

Una procesión inolvidable

“¡Junior Steven Gaitán López! ¡Presente!”, exclamó el pueblo en una sola voz cuando el féretro pasó sobre la primera barricada. El ataque del 2 de junio rediseñó la ciudad. En el centro de Masaya no quedan cuadras que no estén divididas por murallas de adoquines. Y sobre ellas los masayas fueron despidiendo a su pequeño héroe: “¡Junior Steven Gaitán López! ¡Presente!”

Decenas y decenas de barricadas. La familia en lágrimas, los morteros en estallidos en su honor. En cada barricada cantaron el himno y gritaron su nombre. Fue una procesión para los libros de historia de Masaya.

El domingo 3 de junio, en el cementerio, cuando se avisó que una patrulla de Policía andaba cerca, todos salieron corriendo. No se fijaron en las cruces vecinas que botaron —y que siguen caídas— ni en los arreglos que arruinaron. Ahora viene gente cada hora, cada dos horas, a visitar el montículo de tierra donde el cuerpo del niño delgado, atleta, descansa junto a su tío y su abuelo.

A Junior Gaitán le encantaba el futbol. Era fanático del Real Madrid. El pasado 26 de mayo celebró que su equipo ganó la Champions, otra vez. Sus amigos, hermanos y primos ya se organizaron y convocaron a una reunión en la cancha de balompié donde jugaban con él. La cita es el martes 12 de junio, cuando se hayan cumplido sus nueve días de fallecido. “Le duela a quien le duela”, dicen, van a rebautizar el campo. Pondrán un monumento en honor a Junior, habrá comida y una misa. Esperan que la misma multitud que llegó al cementerio de San Carlos llegue al estreno del nuevo terreno. La Cancha “Pollito”.

Doña Aura Lila López dispuso un altar de su niño asesinado en la salita de su casa. Todos los días al mediodía su familia y vecinos rezan por Junior Gaitán. LA PRENSA / Óscar Navarrete

En el altar de Junior “Pollito” Gaitán están unas fotografías del niño recibiendo la banda de excelencia académica en su colegio de Masaya. LA PRENSA / Óscar Navarrete.

Gisselle Gaitán mira la tumba de su hermano Junior en el barrio San Carlos de Masaya. LA PRENSA / Óscar Navarrete.

Gisselle Gaitán mira la tumba de su hermano Junior en el barrio San Carlos de Masaya. LA PRENSA / Óscar Navarrete.

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