Paramilitares sitian Nindirí, mientras masayas temen un nuevo ataque

Los paramilitares encapuchados ingresaron a la iglesia Santa Ana, en Nindirí, donde estaba el personal médico para brindar asistencia humanitaria

Los habitantes de Masaya entre la relativa calma, con la amenaza de la invasion de las fuerzas paramilitares y los antimotines que mantienen a la población desarmada. LA PRENSA/Manuel Esquivel

Después de que este jueves los pobladores de Nindirí, localizado a unos tres kilómetros de Masaya, vivieran el terror provocado por fuerzas policiales y paramilitares, la población de la ciudad de Las Flores, se mantiene alerta por un posible ataque, ya que los oficiales sitiaron la entrada principal de Nindirí y ahí han permanecido.

Estos grupos incursionaron en Nindirí disparando “a mansalva”, según información recopilada por la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (Anpdh). La represión escaló a otros niveles, ya que los paramilitares encapuchados ingresaron a la iglesia Santa Ana, en Nindirí, donde estaba el personal médico para brindar asistencia humanitaria.

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El grupo de paramilitares detuvieron de forma ilegal a 14 personas, la mayoría paramédicos, además del sacristán de la iglesia. Se presume que pueden estar detenidos en la delegación policial de Nindirí.

Desde la mañana de este viernes, más de cien antimotines se encontraban desplegados en el sector de la gasolinera de Nindirí, el parque de Dinosaurios y la casa departamental del partido de Gobierno en ese municipio de Masaya.

En zozobra

En horas de la mañana, la zozobra invadió a los masayas, que corrían de un lado a otro ante la amenaza de que los antimotines lograran vencer las más de cien barricadas dispuestas en todas las calles de la ciudad, y con ello, provocar otra masacre, como la que ocurrió el primer fin de semana de junio, que dejó a diez muertos.

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Según Álvaro Leiva Sánchez, de la Anpdh, en la captura del equipo de médicos en Nindirí se ejerció fuerza; «los tiraron al suelo y los golpearon». Este acto, denota que el gobierno “a través de sus fuerzas policiales y militares no (muestran) un respeto hacia la Iglesia, hacia sus templos, y sobretodo, lo peor aún, a la gestión humanitaria que están realizando nuestros pastores al igual que los promotores y defensores de derechos humanos”, expresó.

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