Mónica Baltodano: “Es una vergüenza la actitud del Ejército”

Según la comandante sandinista Mónica Baltodano, Daniel Ortega ha tenido que construir un ejército irregular para reprimir porque se ha quedado sin gente y enfrenta lo que ella llama una “guerrilla cívica”.

Mónica Baltodano. LA PRENSA / Óscar Navarrete

La excomandante sandinista, Mónica Baltodano, crítica del régimen de Daniel Ortega. LA PRENSA / Óscar Navarrete

La comandante guerrillera Mónica Baltodano siente que está viendo una película repetida. Hace 39 años ella estaba en los barrios orientales de una Managua insurreccionada, como Estado Mayor de la guerrilla sandinista en Managua. Igual había barricadas en las calles para impedir el paso de la Guardia Nacional y defenderse de ella, igual Monimbó controlaba su barrio y resistía, y desde hace un año se hablaba de “informe de la CIDH”, “diálogo” y “paro nacional”. Baltodano cree que la respuesta a Somoza tiene muchas similitudes con la respuesta a Ortega porque ambas dictaduras tienen muchas similitudes.

Sin embargo, Baltodano establece una diferencia esencial entre una y otra crisis: Somoza enfrentaba a una guerrilla armada mientras Ortega reprime con armas de guerra a una resistencia cívica. Dice que Ortega ha construido un “ejército irregular” y los llama “cobardes” por la respuesta militar, de guerra, ante una población que solo está armada con “tiradoras y morteros artesanales”. Y afirma sentir vergüenza del Ejército de Nicaragua que ha asumido una actitud “gallo gallina” (timorata) ante los desmanes de ese ejército irregular.

¿Dónde estaba Mónica Baltodano en junio de 1979?
Estaba en los barrios orientales. Habíamos entrado con el Estado Mayor de Managua. Encontramos a la población insurreccionada. Con grandes barricadas en los puentes. Ciento diez fusiles era lo que llevamos. Lo que vivimos fue el levantamiento de toda la población. La insurrección del 79 ya tenía una base organizativa muy fuerte, que venía del 78. Sí había organización, pero obviamente la llegada sola de los guerrilleros no te garantizaba eso, y eso lo vivimos en el 77. Hubo ataque a cuarteles, pero la población no se insurreccionó porque no había suficiente nivel de decisión y de conciencia. Nada hacíamos 110 guerrilleros atrincherados si no fuera por la participación masiva de la gente.

¿Cómo se explica que 39 años más tarde estemos en una situación con muchas similitudes?
En términos históricos lo que estamos viviendo es la respuesta de la población a una dictadura, la dictadura orteguista, que apenas lleva once años, desde que Daniel volvió a tomar la presidencia. Esta dictadura se parece muchísimo a la dictadura somocista, pero si vos mirás los primeros once años de la dictadura de Somoza, del 1937 al 1948, el nivel de criminalidad y de represión este lo ha superado completamente. Lo que me lleva a concluir que si (Ortega) hubiera contado con el abierto apoyo del Ejército, a estas alturas ya hubiera enviado los tanques sobre las barricadas, aplastando a la gente desarmada. No hubieran resistido. Ya hubiera sacado la aviación y bombardeado ciudades. En sus primeros once años la dictadura somocista no fue tan brutal ni tan represiva como la que estamos viviendo hoy con el orteguismo. Pero, al final, son dictaduras. Tenemos que estar claros de que si después de esta oleada insurreccional cívica aplastan la resistencia, y la gente se desmoviliza y se instala, esto va a ser peor que los años 1978 y 1979.

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¿Existe, cree usted, la posibilidad de que Ortega se imponga de nuevo?
Las experiencias históricas de otros pueblos indican que sí se puede aplastar la rebelión. A sangre y fuego. Pero no va a recuperarse lo que había antes del 18 (de abril), en el sentido que se vuelva a una normalidad. Van a seguir aplicando el terror, la muerte, la cárcel y por eso la respuesta de la población debe ser no desmovilizarse. Por ejemplo, hacer guerrilla cívica.

¿Cómo es una guerrilla cívica?
Hay que seguir las movilizaciones, las protestas, hay que construir comités por la libertad de los presos políticos. Cada vez que capturen a alguien hay que organizar campañas por la libertad de los presos políticos, porque la cárcel es lo que viene. Hay que seguir con la presión internacional de los organismos de derechos humanos y la presencia de los organismos internacionales. Lo que hemos visto es un verdadero ejército irregular orteguista. Y ese despliegue es además una bofetada y una humillación para el supuesto Ejército de Nicaragua, que ha visto cómo se despliega el ejército irregular fingiendo demencia.

¿Cuál es su valoración sobre la actuación del Ejército en esta crisis?
La Guardia se enfrentaba a nosotros que éramos organizaciones con una decisión de lucha armada. Ahora vos lo que has visto es una policía y un ejército irregular orteguista armado por la Policía, y probablemente por el Ejército, actuando contra población completamente desarmada. Hay una diferencia. Creo que es más brutal lo que estamos viendo. Y el Ejército supuestamente se ha mantenido en los cuarteles. Ya nadie les cree. Porque vos los que estás viendo es que según la Constitución no puede haber otras fuerzas militares, pero hay un verdadero ejército (irregular): tiene mando, tiene estructura, tiene avituallamiento, tiene cuarteles, tiene medios, vehículos en que movilizarse, despliegue territorial y tiene armas de guerra. Es una vergüenza que el Ejército se haya mantenido en esa postura.

Mónica Baltodano. LA PRENSA / Óscar Navarrete
Mónica Baltodano. LA PRENSA / Óscar Navarrete

¿Cómo se explica esa posición del Ejército?
Durante el somocismo, tempranamente, hubo dentro de la Guardia soldados y oficiales que se rebelaron. Y sufrieron destierros, cárcel y algunos la muerte, como (Adolfo) Báez Bone. Ahora es sorprendente cómo de la gente que se dice que tenía vocación democrática, de defensa de la soberanía y vocación popular, no haya surgido hasta el momento ningún oficial que haya desafiado a Ortega después de más de doscientos crímenes absolutamente inaceptables en el país. Eso dice de un nivel de vasallaje que no existió en la Guardia somocista. Es una vergüenza. Y me avergüenza a mí porque muchos de esos compañeros, muchos de esos oficiales, estuvieron luchando contra la dictadura somocista.

Pero también ese Ejército pudo salir a reprimir. Y como usted dice, hubiésemos visto las tanquetas sobre las barricadas.
Así es. Esperamos que eso no ocurra.

¿Y cómo explica eso, que no se haya implicado en la represión así, con uniforme y escarapelas?
Es evidente que en el Consejo Militar, que es el que realmente decide no hubo una decisión de ordenar a las tropas, a las fuerzas, que fueran a las calles a reprimir; pero es evidente también que dentro del Ejército hay personas que mantienen comunicación con Ortega y que están realizando algunas operaciones. Por eso, no hay posibilidades de salir de esta crisis y de impedir más derramamiento de sangre si no se obtiene, a través de estos organismos internacionales, el desarme de este ejército irregular orteguista. Esa es la clave: el desarme de ese ejército irregular y el despliegue de mecanismos democráticos.

¿Cree usted que la protesta pasará a ser armada en algún momento?
La gente ha mostrado una vocación cívica impresionante. Enfrentar al régimen con armas es caer en el terreno de Daniel Ortega y prolongar más bien su estadía porque va a justificar su respuesta militar desproporcionada y criminal. Lo que la gente quiere es que se vaya y que se vaya por la vía cívica. Las guerras han dejado muchísimos más muertos. En la guerra (contra Somoza) murieron 50 mil y en la otra guerra (años 80) otros 50 mil. El enfrentamiento militar es más sangriento y le da aire a la permanencia de Daniel Ortega en el poder. Él se ha debilitado y desprestigiado de forma más tajante porque la resistencia es cívica.

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Le voy a pedir que se moje y nos diga cuál es su pronóstico de cómo va a terminar esta crisis desde su experiencia.
Es muy difícil vaticinar. Pero te puedo decir que el gobierno de Ortega ha tenido que recurrir a la construcción o al despliegue de este ejército irregular porque no cuenta ya con la gente, no cuenta ya con la movilización de masas. Si hacen el repliegue (a Masaya) va a ser moviendo puchitos y puchitos de todo el país, pero no va a ser Managua la que se va a movilizar. Haga lo que haga Ortega, su estancia va a estar sometida a la resistencia cívica. ¿Cómo va a ser esa resistencia cívica? Vamos a tener que ir inventado. Logran desmontar los tranques a punta de bala… ¡Avión! Gran triunfo de estos militares retirados y de estos que dicen que quieren comparar su lucha con la lucha contra la dictadura. Da vergüenza oír a unos de esos retirados porque ellos están con armas y la gente está con tiradora. Eso no es ninguna victoria ni ninguna derrota del movimiento popular.

¿Cómo ve la presión que está haciendo Estados Unidos al régimen de Ortega?
No he visto total presión. A juzgar por las informaciones, Estados Unidos está apostando a una salida suave. Ellos estaban detrás de Almagro con la salida 2021. Ya miraron que 2021 es muy largo y ahora están presionando para 2019. Hay que estar claro que toda prolongación de la estadía de Daniel Ortega aquí solo va a conseguir más represión, más muerte, más prisioneros y más peligro de que se deslice hacia una confrontación o una guerra civil. Ahora viene el intento del régimen de contragolpear. Si logran destrabar todos los tranques, el contragolpeo va a ser capturas selectivas, asesinatos selectivos de los líderes, de los dirigentes. Aquí a los ricos no les van a servir para nada las cámaras ni los guardaespaldas. Eso no sirve frente a un ejército irregular desplegado con la impunidad que está. Por eso la única salida debe ser congruente con el nivel de la crisis. Es decir, una salida rápida. Que se vaya. Pero esa solución solo es posible con un Daniel Ortega derrotado. Él no se va a ir solo porque se lo pidan. Lo vamos a derrotar. Y la derrota tiene que ser por la vía cívica, pacífica.

Mónica Baltodano. LA PRENSA / Óscar Navarrete
Mónica Baltodano. LA PRENSA / Óscar Navarrete

¿De qué tiempo estamos hablando?
Creo que tiene que ser más temprano que tarde. El ritmo va a estar dado por las posibilidades de construir un verdadero frente popular antiorteguista, así como logramos construir un frente de lucha contra la dictadura somocista. Todavía no se ve así.

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¿Qué cree usted que va a pasar con el sandinismo después de esta crisis?
Hasta la fecha el orteguismo está logrando llevarse consigo al Frente Sandinista. El sandinismo de Carlos Fonseca está presente en todas estas luchas. Esta en Monimbó, en Masaya, en Estelí, en Matagalpa, está en todos los lugares donde estaba fuerte ese sandinismo. Muchos muertos con historias sandinistas, padres sandinistas, y ahí vamos a estar, reivindicando que una cosa es sandinismo y otra es orteguismo.

Pero en el imaginario popular el sandinismo queda lesionado por esa última versión que se conoció en el orteguismo.
Obviamente. Y puede todavía ser más lesionado.

Mucha gente piensa que Daniel Ortega es un producto que se viene formando desde la lucha contra Somoza. Que el origen de este Daniel Ortega está en su incubación en el Frente Sandinista.
Yo tengo mis matices a eso. Si vos te fijás, el orteguismo comenzó a ser dominante en la sociedad hasta que pactó con Arnoldo Alemán. Y ahí había banqueros, los gringos… Porque decían que el bipartidismo daba estabilidad. El Daniel Ortega de antes del pacto no es el mismo Daniel Ortega después del pacto. El orteguismo no solo es producto del sandinismo sino producto de la cultura política de liberales, conservadores…

Pero no es que hubo una metamorfosis espontánea, sino que el Daniel Ortega de ahora se venía construyendo desde antes. Mi pregunta es más personal: ¿Qué cuota de responsabilidad asume una comandante como Mónica Baltodano en la construcción de ese orteguismo que tenemos ahora?
Sí, asumimos cuotas de responsabilidad. Lo que sí quiero decir es que no es como algunos afirman que solo es el sandinismo, solo es esa revolución la que incuba ese tipo de liderazgo y ese tipo de caudillo. Si no no hubiera existido Somoza, no hubiera existido Emiliano Chamorro. Que se entienda que los Ortega como los Somoza, como los Adolfo Díaz son el resultado de unos procesos históricos culturales, una cultura política, que dicho sea de paso no es exclusiva de Nicaragua, y que para vacunar al país en el futuro contra la reedición de este tipo de cuestiones se necesita hacer una revisión profunda de todo, incluyendo obviamente al sandinismo.

¿Usted es sandinista?
Yo soy sandinista. De Sandino y Carlos Fonseca. De esas ideas. De la necesidad de construir un país autónomo que no se supedite a los intereses externos. De la necesidad de construir sociedades más democráticas, más igualitarias, con más justicia social. Daniel Ortega no es sandinista porque fue el principal promotor de la entrega de los recursos naturales de nuestro país. La cosa más abyecta es la concesión canalera. Esa concesión canalera fue peor que el Tratado Chamorro Bryan, el cual Sandino, Carlos Fonseca, y todo el que se decía revolucionario lo rechazaba.

Siente ahora que ya está viendo una película repetida: llegada de la CIDH, barricadas, Monimbó, paro nacional, diálogo…
Sí, y no solo eso. Somoza hacía elecciones y eran fraudulentas, Ortega también; supuestamente había separación de poderes pero era falso, Ortega lo hizo también. El gran capital respaldó a Somoza y a Ortega también; la autonomía de las universidades se logró en la dictadura somocista y la aplastó completamente el régimen orteguista. Es peor la página que ha escrito Daniel Ortega que la del somocismo. Después tenés el Ejército, que ahora es la Policía. La Guardia es la Policía. El Ejército está en esa posición gallo gallina, porque ha permitido la humillación y la bofetada de un ejército irregular que le pasa por encima y que algunos dicen que es aupado
por ellos.

Mónica Baltodano. LA PRENSA / Óscar Navarrete
Mónica Baltodano. LA PRENSA / Óscar Navarrete

Plano personal

Mónica Baltodano Marcenaro nació en León, tiene 63 años de edad, cuatro hijos y cuatro nietos. “Tengo la dicha de que todos mis hijos están conscientes de lo que está pasando y una parte de ellos está participando activamente”, dice.
Es licenciada en Ciencias Sociales y tiene una maestría en Derecho Municipal por la Universidad de Barcelona, España.
Fue electa como miembro de la Dirección Nacional del FSLN en 1994.
En 1997, llega a la Asamblea Nacional como diputada del Frente Sandinista, aunque desde su cargo rechazó el pacto de Daniel Ortega con Arnoldo Alemán. Se separó del partido.
Le gusta leer, y comer pastas y ensaladas. “No me gusta mucho la carne, pero el cerdo me encanta. Las costillas de cerdo…”, dice.
Su frase favorita es una de Rosa Luxemburgo: “La libertad es solo libertad para aquellos que piensan diferente”.
“Yo no pienso igual que en los 80 o en los 90. Yo creo que uno debe estar en permanente evolución, en cambio”,
revela.


 

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