Daniel Ortega: tarea difícil

Un régimen capaz de matar a más de doscientas personas, la inmensa mayoría heroicos jóvenes estudiantes, algunos adolescentes y hasta criaturas de pocos meses de edad, solo puede compararse con las hordas de Atila en el siglo V

alcaraván, Aniceto,

Querida Nicaragua: Soy de los que creen que bajar a Ortega del sitio donde se encuentra será tarea más que difícil.
Me asombra la facilidad con que algunas personas, inclusive juristas y políticos de renombre, hablan con naturalidad de la renuncia de Ortega o se sienten satisfechos con su aceptación del supuesto compromiso de adelantar las elecciones para dentro de nueve meses. Incluida la Conferencia Episcopal que ha hecho un trabajo extraordinario, le solicita a Ortega aceptar la sugerencia del secretario general de la OEA, doctor Almagro.

No dudo que el régimen de Ortega, con más de doscientos asesinatos perpetrados por la Policía, las turbas y francotiradores protegidos por esta misma institución, está inhabilitado moralmente para seguir en la presidencia. Pero un gobierno como este no se rige por principios morales sino por la brutalidad que le es característica.

Un régimen capaz de matar a más de doscientas personas, la inmensa mayoría heroicos jóvenes estudiantes, algunos adolescentes y hasta criaturas de pocos meses de edad, capaz de prenderle fuego a una vivienda ocupada por una familia de seis personas e impedir la salida de las mismas para que mueran asfixiadas, solo puede compararse con las hordas de Atila en el siglo V, de quien se dice que donde pisaba su caballo no crecía más la hierba.

La comunidad internacional, gracias a Dios, ha puesto los ojos sobre Nicaragua, pero creo yo que con todo y OEA, CIDH, el Alto Comisionado de la ONU y la UE, va a ser sumamente difícil hacer que Ortega se baje de la presidencia. Podrá aceptar el adelanto de las elecciones pero él seguirá influyendo. Difícil será hacer una barrida total en el Consejo Supremo Electoral y colocar ahí funcionarios honestos, apartidistas y capaces de reestructurar el sistema electoral para producir elecciones limpias que no permitan el menor atisbo de fraude o corruptelas como las acostumbradas en las elecciones orteguistas. Y si acaso se llega a producir el milagro de unas elecciones puras y limpias y se elige a un presidente académicamente preparado, honorable y con una envidiable hoja de vida, creo que Ortega seguirá en El Carmen, y como expresidente gozará de los privilegios usuales y tendrá sus camionetonas blindadas y sus veinte o treinta guardias bien armados que lo escolten cada vez que salga. Y la Policía siempre recibirá su influencia y sus órdenes por debajo y muy seguramente al poco tiempo estará como en los años 90 gobernando desde abajo, anarquizando, enviando turbas a levantar barricadas y a tomarse las tierras ajenas tan solo para sembrar la zozobra.

Quiera Dios que me equivoque, nunca lo he deseado más fervientemente.

El autor es director general de Radio Corporación.

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