Barricadas versus guarimbas

Desde el principio Ortega —o Murillo, no lo podemos saber— se ensañó contra un pueblo desarmado, como no lo habíamos visto desde que asumieron el poder

Cartas al director

Desde más o menos el 23 de abril, cuando ya se hacía palpable la insurrección cívica y que no había marcha atrás, me ha estado asaltando la duda de qué tan probable es que salgamos de esta tiranía de manera definitiva, considerando todo lo que les ha costado a nuestros amigos venezolanos su propia lucha.

Desde el principio Ortega —o Murillo, no lo podemos saber— se ensañó contra un pueblo desarmado, como no lo habíamos visto desde que asumieron el poder. Además, que esto se debe probablemente a la impunidad con que la comunidad internacional ha dejado actuar al gobierno de Maduro desde que este asumió el poder en Venezuela.

Sin embargo, al parecer los Ortega Murillo no contaban con que nuestro pueblo respondería con tanto valor y tenacidad a la hora de defenderse. Si pensaron que matando unos pocos protestantes nos íbamos a amilanar todos, pues la respuesta ha sido masiva y se la hemos gritado al unísono… ¡De que se van, se van!

Más bien, y contrario a lo sucedido en Venezuela —en donde el fervor por las célebres guarimbas (barricadas) fue decayendo conforme pasaban los días durante las campañas masivas de protesta que han tenido en los últimos años—, en nuestro país es un hecho que los tranques se multiplicaron con el pasar del tiempo.

¿Será que ha influido el hecho de que muchos edificios residenciales en Caracas, por la cantidad de pisos que tienen, ponen cierta distancia entre la guarimba —donde está la acción— y la población que observa desde arriba? ¿Podría ser que lo que resulta es que la mayoría opte por refugiarse en la seguridad de sus apartamentos y dejar que sean otros los que luchan en su nombre en las calles?

Eso no lo sabemos, pero en cambio sí está claro que en Nicaragua no pasa esto. Acá los disparos de la dictadura están llegando hasta las paredes internas de las propias viviendas del pueblo y han matado a niños indefensos, lo que ha obligado a madres y abuelas desesperadas a estar al frente de las barricadas, tal y como se puede apreciar en los videos que abundan en internet. Me parece que en eso podría estribar la mayor diferencia entre la lucha de los dos países y esto es, sin duda, lo que ha sellado la suerte de El Carmen.

Incluso cuando su desprecio por el pueblo los ha llevado a repartir armas al por mayor entre los suyos con la orden de asesinar todo lo que se mueva, vemos que los protestantes, en vez de intimidarse, salen en mayores números a la calle estando más resueltos que nunca en su resistencia. Es decir… mal cálculo hizo Ortega. Creyó que podía actuar con toda la impunidad del mundo porque, según él, el mundo probablemente no rescataría al pueblo nicaragüense, como no ha rescatado al venezolano.

Sin embargo, con lo que no contaban en El Carmen es con que en Nicaragua se está demostrando, una vez más, que solo el pueblo salva al pueblo, y que tenemos barricadas para rato.