A favor de vida

Para Jesús la vida vale más que el alimento o el vestido (Mt. 6, 25), que la ley o el sábado (Mc. 3, 4), que el culto y el templo

En nuestro camino, la vida es esencial para nuestra estabilidad social. Somos llamados a la fe en el Dios de la vida y hay una invitación de Él para que siempre optemos por la vida. La vida es la cosa mejor que se ha inventado.

Nuestro Dios “no es Dios de muertos” (Mt. 22, 32), ni se alegra destruyendo la vida… “Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo la vida” (Sab. 1, 13). “Dios ama la vida” (Sab. 11, 26). “Dios es la fuente de la vida” (Sal. 36, 10).

Para Jesús la vida vale más que el alimento o el vestido (Mt. 6, 25), que la ley o el sábado (Mc. 3, 4), que el culto y el templo (Lc. 10, 25-37). La misión de Jesús no es otra sino ser fuente de vida para todos los hombres: “Yo he venido para que tengan vida y vida abundante” (Jn. 10, 10). Es por eso que rompe las cadenas de la muerte y resucita a la hija de Jairo, como nos dice el evangelio de hoy (Mc. 5, 21-24.35-43).

Sana, defiende la vida y su integridad contra quienes la oprimen con leyes inhumanas, como lo hace con la mujer que sufría flujos de sangre (Mc. 5, 25-34). Se hace pan para alimentar y fortalecer la vida: “Yo soy el pan de la vida… Quien come de este pan, vivirá para siempre” (Jn. 6, 48-51).

Quien cree en Jesús, ama la vida como Jesús y su Padre Dios: creer en Jesús es “estar escrito en el libro de la vida” (Ap. 21, 27); creer en Jesús es “pasar de la muerte a la vida» (1 Jn. 3, 14). Creer en Jesús es “gozar de la vida” (1 Jn. 5, 12).

El cristiano es el hombre que ha optado por el Dios de la vida, por la vida misma y por todo cuanto la facilite y favorezca: “Elige la vida y vivirás” (Dt. 30, 19). Por eso todo cristiano tiene que ser consciente de que la vida vale más que las cosas. Tiene que oponerse con firmeza contra todo cuanto pueda destruir o deteriorar la vida: la opresión, la injusticia, la violencia, la delincuencia, el hambre, la enfermedad… Debe trabajar siempre a favor de la igualdad, haciendo posible que desaparezcan esas enormes diferencias que han creado los egoísmos de los hombres y la muerte de tantos inocentes, como nos dice San Pablo “Se trata de igualar… que a quien recoja mucho, no le sobre; y a quien recoja poco, no le falte…” (2 Cor. 8, 14-15).

Tiene que hacer todo cuanto está de su parte para que a nadie le falte el pan, alimento y símbolo de la vida, como nos dice el libro del Eclesiástico: “El pan de los necesitados es la vida de los pobres; privarlos de su pan es cometer un crimen. Quitar al prójimo su sustento es igual que matarlo” (Eclo. 34, 21-22). Tiene que hacer ver a los demás que la vida sí tiene sentido, a pesar de las contradicciones y problemas que muchas veces interfieren. Desde este mundo donde se adelanta y se hace temprana la muerte es necesario, que los que creemos en el Dios de la vida y que hemos optado por la vida, la vida sea el mayor valor, el valor supremo a defender para nosotros y para los demás.

¡Nada en contra de la vida; todo a favor de la vida!

El autor es sacerdote católico.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: