Población se autoprotege ante posibles ataques de paramilitares

La población que protesta en contra del régimen de Daniel Ortega ha desarrollado mecanismos de autoprotección en contra de la represión impuesta por grupos paramilitares y oficiales de la Policía Nacional

Marchas cívicas en Managua en contra del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, donde las banderas azul y blanco abundan. LA PRENSA/ARCHIVO

Una de las marchas cívicas en Managua en contra del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, en 2018. LA PRENSA/ARCHIVO

Ante el incremento de la violencia ejercida por grupos paramilitares en el país, los autoconvocados han tomado sus propios mecanismos de autoprotección, ya que el simple hecho de portar una bandera de Nicaragua o cualquier otro distintivo de la resistencia cívica podría suponer riesgos para la integridad de la persona.

Cuando inició la protesta cívica en Nicaragua varios ciudadanos colocaron en sus vehículos una pequeña bandera azul y blanco; otros, principalmente jóvenes, vestían camisetas con mensajes alusivos a las manifestaciones, pero ahora, con el riesgo constante de un ataque por parte de los paramilitares, esos distintivos se observan, en su mayoría, solo en los plantones y marchas masivas.

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Para el filósofo e investigador Mario Sánchez, la población, como una medida de protección, se cuida de no andar abiertamente las camisetas o banderas; esos son mecanismos legítimos porque los niveles de violencia se han recrudecido y no hay ningún tipo de discriminación, es decir, no importa si son niños o una familia, y tampoco va dirigido solo hacia los autoconvocados.

Sánchez considera que ha habido como una campaña de terror, y “una manera de bloquear, de disminuir, invisibilizar con la violencia extrema y el terrorismo hacia la población”, indicó. También agregó que el Estado de Nicaragua trata de invisibilizar la realidad de manera violenta y represiva, por eso las acciones de violencia extrema contra personas simpatizantes de la lucha cívica.

A finales de mayo, Marlon Orozco, cuando regresaba a su casa, en Villa Libertad, fue perseguido por seis turberos y recibió un disparo en la frente. Según los familiares de la víctima, el porqué del ataque, se debió a que el joven portaba una bandera de Nicaragua y vuvuzelas.

Pese a la represión, las personas sigue acudiendo a las convocatorias de plantones y marchas en los diferentes departamentos del país. “La gente sigue con coraje y valentía a pesar de todos estos actos”, expresó el investigador Sánchez.

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De acuerdo con el sociólogo Manuel Ortega Hegg, la represión obligó a tomar medidas de seguridad, y una de estas, es no ser identificado claramente como un ciudadano que cuestiona al Gobierno.

Para el experto, la lucha cívica plantea la recuperación de los símbolos nacionales para todos, pero el Gobierno consideró eso como una amenaza, “una agresión a su propia hegemonía, como partido político sobre la sociedad (…)”.

La agresión por parte del Gobierno ha dejado más de trescientos muertos, incluyendo niños y adolescentes, además de desaparecidos y presos políticos.

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“Plan limpieza”

Para el experto en temas de seguridad, Roberto Cajina, las “operaciones limpieza” que la Policía Nacional junto con paramilitares desarrollan en diferentes zonas del país, además de quitar tranques, también podrían incluir la muerte de dirigentes de la lucha cívica. “(…) Incluye la muerte, la eliminación física no solo de los dirigentes del Movimiento 19 de Abril, sino de todos los que han levantado y defienden tranques en las carreteras del país y barricadas en las ciudades, de todos los que les apoyan y de cualquiera que demande el fin del régimen y la instauración de la democracia y llevar ante la justicia a los criminales. Es una medida extrema que muestra su debilidad y que solo se mantienen en el poder —Daniel Ortega y Rosario Murillo— por su criminal capacidad represiva (…)”.

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