Los 4 Magnitsky

A Francisco López, estoy más que seguro que nos vamos a quedar con las ganas de verlo en el banquillo respondiendo por las acusaciones de lavado, secado y planchado

A riesgo de parecer petulante, tengo que confesar que la noticia de la sanción por medio de la Ley Magnitsky, a tres funcionarios nicaragüenses por corrupción y violaciones a los derechos humanos, no me tomó por sorpresa, pues fuentes de Washington ya me lo habían adelantado.

Lo que sí fue sorpresa es que solo se hayan dado a conocer tres nombres, pues yo esperaba seis.

Hablar de las consecuencias para los sancionados, lo considero innecesario ya que muchos en esta y otras columnas se han ocupado de explicarlo en detalle.

Razón por la que me voy a enfocar en las consecuencias futuras para los que sin medir los riesgos a los que se exponen, acatan las órdenes de estos señores por muy corruptas o violatorias de los derechos humanos que sean.
Comencemos con el consuegro Francisco Díaz. Mientras el parentesco político exista, es muy probable que Paquito alcance en el avión presidencial, algo que veo muy difícil para sus subordinados independientemente del rango que ostenten. El simple hecho de haber sido sancionado por dirigir una institución que hoy actúa al margen de toda ley, me recuerda al calificativo que una vez se le dio a la Guardia de Somoza y la forma en que trataron a los que no alcanzaron en el avión del general.

En cuanto a Fidel Moreno, secretario de la comuna capitalina, las acusaciones que pesan sobre él son espeluznantes, pues se le atribuye la formación y coordinación de las caravanas de la muerte las que a la fecha llevan más de sesenta asesinatos y pueden apostar doble contra sencillo, que en su momento se van a conocer los nombres de sus integrantes. Además de eso, se le adjudican una serie de marrullas y empresas que lo han convertido en terrateniente y potentado en tiempo récord, al igual que el primer Magnitsko, Roberto Rivas.

A Francisco López, estoy más que seguro que nos vamos a quedar con las ganas de verlo en el banquillo respondiendo por las acusaciones de lavado, secado y planchado que se le hacen, pues es el que lleva la chequera que asegurara el exilio dorado que espera gozar la familia presidencial.

Los que conocen de muy atrás a Daniel Ortega aseguran que es un hombre sencillo y franco. Razón por la que no entiendo qué lo llevó a tirar por la borda cincuenta años de revolucionario y salir por la puerta de atrás de nuestra historia, con credenciales peores que las de los Somoza. Su insistencia en permanecer en un poder que ya no controla es el capricho común entre dictadores, aunque estos siempre terminan yéndose. Espero que tenga tiempo de escribir sus memorias para conocer los detalles de quiénes acabaron con el FSLN y el mito del sandinismo.

Ya puede descansar en paz el General de Hombres Libres.

El autor es analista político.