El milagro de Tailandia, el rescate de 12 niños en las entrañas de la tierra

Los verdaderos héroes en el espectacular rescate de 12 niños y su entrenador de futbol que estuvieron atrapados en una cueva.

Los 12 futbolistas tailandeses y su entrenador se encuentran hospitalizados, sus vida no corren peligro y los cuatro primeros que salieron recibirán el alta médica el domingo próximo, mientras que el resto tendrá que esperar una semana para poder volver a sus casas. LA PRENSA/ EFE

“Gracias”. “¿Qué día es hoy?” “¡Tenemos hambre!” Esas fueron las primeras palabras que el 2 de julio pasado dijeron 12 niños de Tailandia, de entre 11 y 16 años de edad, cuando finalmente fueron encontrados por dos buzos, tras pasar más de ocho días encerrados en una cueva junto a su entrenador de futbol.

Uno de los buzos, emocionado, les dijo: “Ustedes son muy fuertes. Mucha, mucha gente está viniendo (a rescatarlos). Nosotros somos los primeros”.

Los familiares de los niños estallaron en júbilo cuando supieron que habían sido encontrados, pues no sabían de ellos desde el 23 de junio, cuando después de un entrenamiento de futbol se metieron en la cueva junto a su entrenador de 25 años de edad, Ekapol Chantawong y las fuertes lluvias taparon la salida. Como el agua subía se vieron obligados a adentrarse casi cuatro kilómetros en la cueva.

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Lo que ayudó a saber que estaban en la cueva fue que los guardabosques encontraron 11 bicicletas en la entrada de la gruta y desde ese momento inició una búsqueda que mantuvo en vilo primeramente a toda Tailandia y después a muchas personas en el mundo. La voz de alarma la había dado una madre al ver que su hijo no llegaba a casa.

La alegría del hallazgo no terminó con el suspenso, pues inició otra angustia, la de saber que por las condiciones de la gruta y de los niños mismos no podían sacarlos inmediatamente sino que el rescate podría demorarse meses.

Los socorristas pudieron ver en las paredes de la cueva huellas de manos. Eran las que habían dejado los niños mientras huían del agua para ponerse seguros. LA PRENSA/ AP

La angustia de un entrenador

Los Jabalíes Salvajes se llama el equipo de futbol al que pertenecen los niños. El entrenador Eka sintió la pena de haber sido el responsable de llevar a los niños a la cueva Tham Luang, que tiene 10 kilómetros de largo y que en épocas lluviosas es sumamente peligrosa y que inclusive tiene rótulos que advierten de los peligros.

Habían entrado a la cueva porque en ocasiones lo hacían cuando alguien del equipo está de cumpleaños y ese día 23 de junio le habían preparado una sorpresa a un cumpleañero.

Cuando los encontraron, y mientras preparaban el rescate, el entrenador Eka le escribió a los padres de los niños que estaban esperando en la boca de la cueva: “Estimados padres, prometo que los cuidaré de la mejor forma posible, me disculpo sinceramente”.
Varios padres le respondieron con otras cartas, que los buzos trasladaban: “Los papás y las mamás no están enfadados contigo.

Gracias por ayudar a cuidar de los niños”, decía una de las misivas. “Dile al entrenador Eka: no pienses demasiado. No estamos enfadados con él”, escribió una madre a su hijo atrapado en la cueva.

Al entrenador Eka no todos lo ven con los mismos ojos. Unos lo consideran héroe y otros imprudente o irresponsable.

Uno de los buzos rescatistas comentó que pudieron encontrar a los niños tailandeses por el olor de ellos. “Era un olor distinto, olían a humanidad”, dijo. LA PRENSA/ AP

Un héroe en rescate milagroso

La dificultad para sacar a los niños era muy alta. Para entrar, o salir, a donde estaban los niños había que penetrar zonas muy fangosas y también bucear por zonas muy estrechas, donde a veces solo cabía el buzo pero no el tanque de oxígeno que se carga en la espalda.

Con 20 bombas comenzaron a extraer agua, pero las condiciones eran extremadamente duras y llegaron buzos de todas partes del mundo para ayudar.

En esas tareas ocurrió tal vez la única mancha en un operativo heroico y milagroso a la vez: murió uno de los buzos rescatadores. Samarn Kunan, de 38 años de edad, era antiguo miembro de las fuerzas de élite de la Marina de Tailandia, se había presentando como voluntario en el rescate y al parecer perdió el conocimiento cuando estaba saliendo de la cueva después de llevarles provisiones a los niños.

Los rescatistas evacuan a un niño que estaba en la cueva Tham Luang, en una atrevida misión de rescate en los traicioneros confines de la gruta inundada de agua. LA PRENSA/ AP

La felicidad

La alegría que había empezado el 2 de julio pasado, cuando fueron encontrados los niños, se completó el pasado martes 10 de julio, cuando salieron los últimos niños junto al entrenador. “Todo era felicidad al verlos salir”, dijo el buzo español Fernando Raigal.
A algunos de los niños los tuvieron que sacar sedados o drogados, para que no entraran en pánico durante la travesía hacia la boca de la cueva y no sufrieran algún ataque que dificultara más el rescate.

El último buzo que salió, Chaiyananta Peeranarong, de 60 años, relató que mientras él salía un australiano comenzó a gritar que la bomba de agua había dejado de funcionar. Si el último buzo no salía inmediatamente, tenía que hacerlo con un tanque de oxígeno y ya no lo tenía en ese momento. Otros buzos salieron precipitadamente en una zona con forma de T, en donde para salir tenían que hacer contorsiones. Cuando ya el agua le estaba llegando a la cabeza a Chaiyananta Peeranarong, pudo salir. Y cuando lo hizo, el lugar se inundó completamente.

Otro buzo, un australiano, Richard Harris, también fue de los últimos en salir de la cueva. Iba a comenzar sus vacaciones cuando se alistó como voluntario en la operación de rescate. Y cuando salió de la cueva no tuvo mucho tiempo para celebrar. Casi inmediatamente lo llamaron para avisarle que su padre había muerto.

Una de las notas escritas a mano por los niños atrapados en la cueva tailandesa, en la que expresan amor a sus padres. LA PRENSA/ AP

Unidad en Tailandia

Cuando ocurrió la tragedia de los niños futbolistas, la sociedad tailandesa llevaba dos años dividida en dos facciones, pero tras lo de la cueva se volcaron todos unidos para ayudar.

La actual junta militar tailandesa ha aprovechado la situación para sacar réditos políticos.

Durante el rescate a los niños se les invitó, por parte de la FIFA, a ir a ver a Rusia la final del Mundial de Futbol, pero no podrá ser. Los médicos dicen que los niños no tienen buenas condiciones de salud aún.

Y la cueva Tham Luang será convertida en un “museo viviente”, aún cuando quedan pendientes de respuestas varias preguntas sobre el drama que mantuvo en vilo a Tailandia y el mundo.

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