Las malas novelas de Ortega y la Policía

Si como criminales se lucen, como novelistas son una porquería. Inventan novelas para consumo de descerebrados.

En Letra Pequeña, Silvio Báez

Novelas

Todo hace indicar que la Policía y El Carmen se están dedicando ahora a las novelas y al teatro. A cada persona que asesinan los paramilitares le inventan una historia en la que invariablemente la culpa la tienen otros. Hay poca creatividad sí. Hasta hace poco no pasaban de culpar a “grupos delincuenciales que operan en el sector de la Upoli…”. De repente inventan historias en las que a un muchacho lo convierten en francotirador con un arma hechiza que desafía las leyes de la Física y la balística al estilo James Bond o muere de infarto alguien que tenían en prisión y se le ve estrangulado o un niño de 18 meses que se suicida de un balazo.

CPF asesino

No se pierdan la última historia del “CPF asesino”, en la que un triste guarda de seguridad, seguramente enloquecido, porque no lo dice este primer capítulo, rafagueó y mató a una estudiante de Medicina. Luego hizo desaparecer en cosa de minutos el carro que la víctima manejaba y a los paramilitares que pululaban en la zona. Uno hasta podría reírse de los disparates creativos de estos teatreros, de no ser porque estas novelas las están escribiendo con sangre de inocentes.

Guiones al gusto

Al parecer el mejor cliente de estos folletines es Daniel Ortega. Es más, todos presentimos que escriben para él. Le arman finales a su gusto y tramas rocambolescas en las que la CIA se confabula con el narcotráfico internacional para combatir a Daniel Ortega, porque a él le gusta que lo pongan en la historia como una especie de Superman. Aparece Dora María Téllez, como si fuese la propia Reina del Sur, con toneladas de dinero contratando a centenares de miles de marchistas o el malévolo Félix Maradiaga, algo así como Tony Montana, de Caracortada, asociándose con la peor escoria del bajo mundo para organizar hordas de paramilitares criminales. “Pero, comandante, los paramilitares son nuestros”, le advierten. “No, no, no”, patalea con los ojos vidriosos y la misma cordura con que Don Quijote creía ver gigantes donde había molinos de viento.

El malo protagónico

De repente hay giros graciosos en estas malas novelas. Alguien seguramente llegó borracho al trabajo y se le ocurrió darle un papel protagónico al PLC en el último capítulo. Lo puso como la mano que está tras toda la guerra contra Ortega. Tal vez solo quieren un enemigo “amigable” o tal vez lo hicieron pensando en que el próximo capítulo podría llamarse “Diálogo entre compadres”, la cosa es que el PLC, que dormía tranquilamente la siesta en su rincón, se despertó asustado al ser mencionado: ¿Qué… qué pasó? “Que ahora vas a hacer de malo, hombre”. Aaah, bueno. Y al día siguiente, tal como lo establece el guion, estaba pidiendo participación en el diálogo. Son tan previsibles.

Utilería

Si en el guion están mal, en los actores y la utilería están peor. Hablan de una conspiración armada y apertrechada desde el exterior por monstruos poderosos, pero cuando presentan a “las bandas”, en vez de criminales con rostros lombrosianos ponen a chavalos con cara de estudiantes, a veces niños, y el arsenal que muestran está lleno de huleras, morteros caseros y una que otra arma de fuego. ¡No, hombre, si van a armar el teatro, ármenlo bien! Los paramilitares pueden ayudar. Ellos tienen los rostros criminales idóneos y las armas de alto calibre que están matando.

Inverosímil

Si como criminales se lucen, como novelistas son una porquería. Escriben guiones para consumo de descerebrados. Nadie con más de dos dedos de frente va a creer semejantes patrañas. Hasta en las telenovelas mexicanas buscan algo de la verosimilitud que aquí ha desaparecido. ¿Cómo van a convencer a la gente que los malos son los buenos? ¿Alguien podrá creer que los malos son esos muchachos que vemos en la película con banderas azul y blanco pidiendo libertad, justicia y democracia? ¿Cómo va a convencer a la gente que en Nicaragua ya volvió la normalidad y que este es un gobierno de paz si necesita, como Drácula, una cuota de sangre para sostenerse: cuatro nicaragüenses deben morir cada día para que Ortega gobierne 24 horas más? O ¿habrá final sorpresa?

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