A 130 años de Azul… un libro que impactó el mundo literario de Iberoamérica

Un retorno a la primera y segunda edición enriquecida de Azul... de Rubén Darío, padre del Modernismo

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Este 30 de julio se cumplen 130 años de la publicación de la primera edición de Azul… (Valparaíso, Chile, Imprenta y Litografía Excélsior, 30 de julio de 1888), libro que, según el propio Darío, “iniciara el movimiento mental que había de tener después tantas triunfantes consecuencias”.

Para costear la edición sus entrañables amigos chilenos, Eduardo Poirier y Eduardo de la Barra, hicieron una suscripción entre sus amistades. De la Barra escribió el extenso prólogo de esta primera edición, dedicada al magnate Federico Varela, mecenas y político chileno, quien ni siquiera le avisó recibo al poeta.

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Cuando se publica Azul… Rubén tenía 21 años de edad. Había llegado a Chile en 1886, a los 19 años, tras sufrir en su país natal “la mayor desilusión que pueda sentir un hombre enamorado”, como nos lo revela en su Autobiografía.

“Vete a Chile a nado, aunque te ahogues en el camino”, le había recomendado su amigo, el general salvadoreño Juan José Cañas, quien le dio cartas de recomendación para Eduardo Poirier y Eduardo McClure, influyentes en el periodismo chileno.

El libro comprende tres secciones: la primera compuesta de nueve cuentos; la segunda, incluye Álbum porteño y Álbum santiagués, con seis descripciones o cuadros en prosa de paisajes chilenos; y la tercera seis poemas bajo el título El Año Lírico.

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La novedad de Azul…, está en la prosa más que en los poemas. Rubén, en su breve Historia de mis libros (1913), afirma que Azul… es una obra que contiene la flor de su juventud “que exterioriza la íntima poesía de las primeras ilusiones y que está impregnada de amor al arte y de amor al amor”. Si “Azul… simboliza el comienzo de mi primavera, y Prosas Profanas mi primavera plena, Cantos de Vida y Esperanza encierra las esencias y savias de mi otoño”.

Novedad literaria y  origen del título

“¿Cuál fue el origen de la novedad?”, se pregunta Darío. Y se contesta: “El origen de la novedad fue mi reciente lectura de autores franceses del Parnaso, pues, a la sazón la lucha simbolista apenas comenzaba en Francia. Fue Catulle Mendès mi verdadero iniciador, Mendés traducido, pues mi francés era precario”. También reconoce la influencia de Gautier, de Flaubert y de Paul de Saint Victor.

¿Cuál es el origen del título del libro? ¿Por qué Azul? “L’artc’estl’azur”, es una frase de Víctor Hugo que sirve de epígrafe al prólogo de De la Barra. Más tarde, Darío dirá, en Historia de mis libros (1913), que esa frase él no la conocía cuando tomó la decisión, pero sí la había visto en otros autores franceses.

“El Azul era para mí, nos dice, el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y firmamental”… “Concentré en ese color célico la floración espiritual de mi primavera artística”.

Crítica elogiosa de Juan Valera

¿Cómo fue recibido Azul… en Chile? No fue un éxito de ventas. La prensa chilena lo trató con cierta indiferencia, hasta la publicación de las famosas cartas de Juan Valera, dadas a conocer en El Imparcial de Madrid.

Valera era, en ese entonces, el más respetado crítico literario de España. Las dos extensas cartas de Juan Valera, con su crítica consagratoria sobre Azul…, fueron publicadas en El Imparcial de Madrid los días 22 y 29 de octubre de 1888.

LA PRENSA/ARCHIVO/Reproducción/A.Agüero

En Chile, el periódico La Época, donde colaboraba Darío y que, generalmente, publicaba las cartas de Valera, no publicó las dirigidas a Darío, lo que motivó un amargo comentario de Darío. Finalmente, las reprodujo, en enero de 1889 La Tribuna, un mes antes de la partida de Darío de regreso a Nicaragua.

Conseguir una crítica elogiosa de Juan Valera suponía, entonces, “alcanzar la gloria de un solo golpe”, afirma Alberto Ghiraldo.

Para Darío, desde ese momento fueron sus mejores cartas de presentación ante el mundo literario de España e Hispanoamérica. Fue el espaldarazo definitivo y autorizado que necesitaba y su primera proyección internacional.

“Darío supo percibir con claridad, nos dice Ricardo Llopesa, el destino de la lengua, se saturó de lecturas de autores franceses, sintiendo especial predilección por el enjoyamiento de la prosa de Mendés y Gautier, y escapando a cualquier plagio convirtió sus cuentos en una delicada orfebrería de influencias sometidas al genio de la originalidad”.

Segunda edición  enriquecida

La segunda edición de Azul… se publicó en Guatemala, en octubre de 1890, en la imprenta La Unión. He aquí las diferencias con la primera edición:
• Desaparece la dedicatoria “Al Sr. D. Federico Varela” y del texto que la acompañaba. Es sustituida por otra: “Al Sr. D. Francisco Lainfiesta / Afecto y gratitud / R.D.”.
• Reproduce las dos cartas de Juan Valera, antecediendo al prólogo de Eduardo de la Barra, que se mantiene. Este será suprimido en subsiguientes ediciones.
• Se inserta el cuento El sátiro sordo entre El Rey Burgués y La Ninfa.
• Se incorpora otro cuento: La muerte de la emperatriz de la China, y una romanza en prosa: A una estrella, después de las descripciones de En Chile y antes de la sección en verso, que comienza con El Año Lírico.
• En la sección en verso, se incluyen A un poeta, entre Pensamiento de otoño y Anagke.
• Se agregan: Sonetos áureos, Medallones, Echos y las Notas del propio autor.

Darío aspiraba, con esta segunda edición tan enriquecida, a que se le reconociera sin discusión como el jefe de la nueva corriente literaria: el Modernismo.

En El Rey Burgués, “Darío reconoce la influencia de Daudet. Es la eterna protesta del artista contra el hombre práctico y seco. En El sátiro sordo la influencia es de Catulle Mendès, más el recuerdo de Víctor Hugo y Flaubert.

En La Ninfa, es el cuento parisiense el que influye, a la manera de Catulle Mendès y Armand Silvestre.

En El Fardo la influencia es de la corriente naturalista, que encabezaba Emile Zola. Pero Darío considera que este fue un “desvío” que no se correspondía ni con su temperamento ni su fantasía y no volvió a incurrir en “tales desvíos”.

El velo de la reina Mab Darío dice que fue su “primer poema en prosa, por el ritmo y las sonoridades verbales. La canción del oro es también poema en prosa, pero diferente.

El rubí, El palacio del sol y El pájaro azul son cuentos parisienses”. Palomas blancas y garzas morenas es autobiográfico, aunque “dorada de ilusión juvenil” … “eco fiel de mi despertar amoroso de mi adolescencia”.

La sección En Chile son narraciones breves donde trata de mezclar color y dibujo, algo que según Darío, no tenía antecedentes en la prosa española.

En La muerte de la emperatriz de la China hay ecos de Daudet. En relación con El Año Lírico, en Primaveral, Darío cree haber dado una nueva nota en la orquestación del romance clásico; Estival, es un “trozo de fuerza”.

En Autumnal, vuelve el influjo de la música, música íntima, de “cámara”. Anagke “no se compadece con mi fondo cristiano”. La reina Mab es una creación de la mitología inglesa. Es la reina de los sueños. Shakespeare la menciona en Romeo y Julieta.

Rubén Darío. Dibujo de Rosa Carlota Tünnermann

Creaciones cimeras  de Darío

Azul… fue, pues, el punto de arranque de lo que Darío llegaría a significar en la literatura escrita en español. Más tarde, con Prosas Profanas, Cantos de Vida y Esperanza, El Canto Errante y el Poema del otoño, Rubén daría al idioma español uno de los aportes más originales y valiosos, al punto que Jaime Torres Bodet afirma: “Desde Góngora, nadie ha descubierto, en nuestro idioma, el sortilegio de ciertos vocablos, como Darío lo hizo en horas cimeras de su creación”.

*Escritor

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