Iglesia y pueblo de la mano

La Iglesia católica de Nicaragua ya había soportado en los años ochenta del siglo pasado una feroz persecución como la de estos días, pero prevaleció sobre sus agresores

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La Alianza Cívica y otras asociaciones sociales, políticas y religiosas, convocaron para hoy una peregrinación en solidaridad con la Iglesia católica, sus obispos, sacerdotes y monjas que también son víctimas de la represión de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

En esta peregrinación se espera una participación masiva de ciudadanos, a pesar del clima de intimidación que ha impuesto la dictadura precisamente para atemorizar a la gente e impedir las protestas populares.

Esta no es la primera vez que los católicos, creyentes de otras denominaciones religiosas y escépticos o libre pensadores, se manifiestan en las calles en defensa de los obispos, sacerdotes y religiosas que han sufrido ultrajes físicos y verbales de partidarios de la dictadura, inclusive amenazas de muerte.

El mundo también ha sido solidario con la Iglesia católica de Nicaragua. Numerosos gobiernos y organismos internacionales han protestado por las agresiones a obispos y sacerdotes, y exigido al régimen orteguista que cese la persecución religiosa. Esta misma semana, el vicepresidente de los Estados Unidos (EE.UU.), Mike Pence, condenó en una conferencia internacional sobre libertad religiosa la campaña de odio de la dictadura de Ortega y Murillo contra la Iglesia católica de Nicaragua.

Las conferencias episcopales de las Américas, Europa y otros continentes se han pronunciado igualmente en respaldo de nuestros obispos y sacerdotes. En su apoyo, en muchas partes del mundo se realizan oficios religiosos, marchas masivas y plantones puntuales.

En Managua ha sido memorable la peregrinación del 28 de abril que convocaron los obispos y fue respaldada por el pueblo católico y personas de todas las creencias. El 26 de mayo, la Federación Nicaragüense de Educación Católica (Fenec) y la Confederación de Religiosos de Nicaragua auspiciaron otra multitudinaria demostración popular de fe y solidaridad con los obispos y sacerdotes. Y en el occidente fue majestuosa la peregrinación de los católicos desde Chinandega hasta el Santuario de la Virgen del Trono, en El Viejo.

El pueblo de Nicaragua ha arropado a la Iglesia católica con la misma intensidad y fervor con que esta ha protegido a los estudiantes, campesinos y demás ciudadanos que sufren los abusos de una dictadura cruel e impía, que no respeta derechos humanos ni los valores sagrados de la gente.

La Iglesia católica de Nicaragua ya había soportado en los años ochenta del siglo pasado una feroz persecución como la de estos días, pero prevaleció sobre sus agresores. Ahora, como dijimos ayer en este espacio editorial, al calor de la lucha ciudadana por la democracia y del acompañamiento de los obispos y sacerdotes a los sedientos de justicia y libertad —que son perseguidos por eso, como los primeros cristianos de la historia—, se ha creado una nueva y hermosa relación de la Iglesia con la sociedad.

Esta íntima comunión de la Iglesia católica con el pueblo hará posible la victoria sobre la dictadura, el triunfo del bien sobre el mal y de la luz sobre las tinieblas.