Minguito ayer y hoy

La crónica nos revela claramente que la festividad es igual a la de hoy. Oigamos lo que dice el periodista don David Cuadra en 1919

CARTAS DE AMOR A NICARAGUA

Querida Nicaragua: Hace años un amigo me envió un interesante documento: la fotocopia de la revista Educación, editada por los Hermanos de la Salle en el año 1919, hace 99 años.

En la revista hay una crónica de la traída de Santo Domingo, escrita por don David Cuadra. La crónica de 1919 nos revela que el santo viene en barco porque en agosto llueve mucho y Santo Domingo suplica que no lo lleven en bote porque el agua lo puede enfermar y porque el calzado que lleva puesto no es de don Tino Pereira. Me imagino que es una alusión simpática para don Tino que probablemente vendía zapatos en esa época.

Se resuelve que el santo venga embarcado, pero en vez de embarcarlo en una gasolina, que era una especie de pequeño vagón lo que antes se usaba para llegar más rápido, lo ponen en una lancha tirada por bueyes. Gasolina era un vehículo pequeño que corría sobre los rieles del ferrocarril.

La crónica nos revela claramente que la festividad es igual a la de hoy. Oigamos lo que dice el periodista don David Cuadra en 1919:

“A lo lejos se oyen los disparos de cohetes y petardos, las campanas de la ermita del Santo repican sin cesar, la gente afluye de todas partes, a caballo, en auto, en coche, en carreta, carretón o carretilla, y no falta quien vaya en muletas o a pie todo aquel que, como yo, no tiene para el pago de un caballo o el coche de alquiler.

“Donde va la gente ahí va Clemente. Y yo como muy Clemente me dejo arrastrar de la oleada humana que se dirige hacia Santo Domingo. El espectáculo de la Traída del Santo es grandioso, imponente. Multitud de gente a pie y a caballo viene en la procesión que se extiende cual enorme cinta a lo largo del camino.

“Se cuentan por millares las cabezas de hombres, mujeres y niños de toda edad y esfera social, desde la joven elegante de lo más encopetado de nuestra capital, alhajada con rica pedrería y vestida con seda y chiffón hasta la humilde mengalita, vestida de zaraza, medias de policía, zapatos de pellejillo y cara cubierta de papel de china. Hay buhoneros, vendedores de periódicos, chiclets y toda clase de golosinas.

“Entre aquella confusión de montados y sin montar se oyen los estridentes gritos de los borrachos, vivas delirantes de los devotos, acordes de la banda musical y un sin numero de enmascarados que bailan al son de todo género de instrumentos musicales”.

Crónica de 1919 escrita por don David Cuadra. La tradición se mantiene, el mismo fervor de unos, el mismo desenfreno de otros.

El autor es director general de Radio Corporación.

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