Inusual «traída» de Santo Domingo de Guzmán

En el cordón de seguridad que suele bordear la peaña de Minguito solo había miembros del Comité Parroquial. Policías ni uno

En el Gancho de Caminos se produjo un conflicto entre los que querían que el santo subiera al barco y los que no. Afortunadamente no pasó a más. LA PRENSA/ MANUEL ESQUIVEL

En el Gancho de Caminos se produjo un conflicto entre los que querían que el santo subiera al barco y los que no. Afortunadamente no pasó a más. LA PRENSA/ MANUEL ESQUIVEL

Desde la víspera de este primero de agosto muchos sintieron que había algo distinto en el ambiente. Las emociones estaban a flor de piel y además hubo pequeños cambios y adiciones que los devotos de Santo Domingo percibieron de inmediato, como los rosarios que la parroquia de Las Sierritas les entregó la mañana que bajaron la imagen del santo para colocarla en su peaña.

Al amanecer de este miércoles también se hizo evidente que en la procesión no habría uniformados. En el cordón de seguridad que suele bordear la peaña de Minguito solo había miembros del Comité Parroquial. Policías ni uno.

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Tampoco autoridades de la Alcaldía. Y en un ambiente algo tenso.

A las 6:00 de la mañana el santo empezó a bajar hacia la vieja Managua. Dos cuadras adelante, doña Maritza Cruz, de 54 años, ya iba sudando a mares y repartía rosarios mientras se zangoloteaba, ataviada con un huipil amarillo.

LA PRENSA/ JADER FLORES

Empezó a pagar su promesa de hace veinte años, por una enfermedad de la que no le gusta hablar. Y este agosto, comentó, llegó a pedirle al santo que interceda para que en Nicaragua haya “democracia y sobre todo justicia”, porque ahora “tenemos el alma enferma y destrozada por todo lo que ha pasado”.

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“Ando pidiendo por todos los muertos que ha habido, sangre inocente que se ha derramado y por todos los que están en las cárceles injustamente”, expresó. Por eso este año agregó a su promesa la entrega de rosarios. Cinco docenas que fue sacando, sonriente, de una gran bolsa.

Devoción y alcohol

Los rosarios circularon más que otros años. Mucho más. Solo la iglesia de Las Sierritas repartió cerca de 15 mil. Los empezaron a entregar desde la misa del 31 de julio, señaló el padre Boanerges Carballo, párroco de Las Sierritas, mientras avanzaba dentro del cordón de seguridad.

Los fieles iniciaron la procesión a primeras horas del día alrededor de la diminuta imagen del santo patrono de Managua. LA PRENSA/ JADER FLORES

Al frente de la procesión miembros de la Iglesia rezaban el rosario desde una camioneta con micrófono y parlantes. Y afuera, desde las aceras, decenas de policías observaban a la multitud. Algunos dijeron que andaban “resguardando la procesión”, pero su presencia puso incómodo a más de un promesante.

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A eso de las 9:00 de la mañana doña Rosa Santos los estaba mirando con bastante recelo. “Vos sabés los guardias cómo andan agarrando a la gente y los paramilitares cómo la golpean”, explicó.

Para ella, este año “Santo Domingo fue superdistinto”. “Falta gente que realmente es devota, hay un montón de gente que no vino por miedo a que los policías tomaran represalias. Estamos con miedo los nicaragüenses, esa es la verdad”, señaló.

Este año la Iglesia católica solicitó que, debido al luto que vive el país, la procesión de Minguito se realizara en oración, austeridad y sin alcohol. Sin embargo, para Miguel Argueta, vendedor de cervezas que el miércoles a mediodía empujaba su carretón en medio de la muchedumbre, eliminar el alcohol de las fiestas patronales es misión imposible.

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“Si no hay alcohol en esta alegría no hay fiestas patronales”, dijo categóricamente. Pero aunque la oferta de cervezas y guaro fue abundante, varios viejos promesantes coincidieron en que este primero de agosto se vio mucho menos alcohol que en otros años.

Argueta percibió, además, una procesión poco nutrida. “Este año miro poca gente, por el terror que tienen de salir a la calle y que les pase algo”, expresó antes de perderse entre la multitud.

Esta vez el santo no se zangoloteó como siempre. El baile fue más lento y se escucharon vivas y aplausos cuando los chicheros tocaban Soy Puro Pinolero.

Así, bailando despacio, minutos antes de las 4:00 de la tarde llegó al Gancho de Caminos, donde lo esperaba el tradicional barco al que año con año es subido para recorrer el último tramo hacia la iglesia Santo Domingo de Managua.

Fue entonces que dentro del gentío surgieron voces encontradas: unas pedían a los cargadores que no subieran la imagen al barco, preparado por la Alcaldía de Managua, luego de que a la alcaldesa Reyna Rueda le fuera negada la mayordomía de las fiestas. Y otras gritaban: “¡Que sí suba!”. Lo subieron.

Cincuenta minutos más tarde, Minguito estaba llegando a la parroquia donde se hospedará por nueve días más, hasta que el próximo 10 de agosto sea devuelto a su templo en Las Sierritas.

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