Represión de Daniel Ortega y Rosario Murillo obliga a nicaragüenses abandonar su país

Las fronteras representan igual riesgo para víctimas de migración forzada, dicen defensores de derechos humanos

Paramilitares visten uniformes militares y custodian a diario la alcaldía y la casa zonal del FSLN en el poblado del municipio de Jalapa, en Nueva Segovia. LA PRENSA/ WILLIAM ARAGÓN

En varias zonas de los municipios de Quilalí, Murra, Jícaro, Jalapa, Ciudad Antigua, San Fernando y Mozonte, localidades del departamento de Nueva Segovia, se reporta el secuestro, desde abril y mayo, de al menos unos siete campesinos, por paramilitares asalariados y de la Policía Orteguista (PO). LA PRENSA/ WILLIAM ARAGÓN

Hace nueve días el joven matagalpino, estudiante de cuarto año de Trabajo Social, Bayardo Siles, viajaba de forma legal a Costa Rica, huyendo de la represión. Sin embargo, en la frontera de Peñas Blancas fue bajado del bus. En esa ocasión las autoridades le dijeron iban a ser unos 20 minutos, le iban hacer unas preguntas de rutina, que después lo enviarían en el próximo bus. «A las 6:00 de la tarde de ese día, lo trasladaron a la Policía de Rivas, donde estuvo cinco días”, denunció su madre, Rosa Amelia

En esa ocasión a una hija suya le permitieron que lo viera por tres minutos, después supo que lo trasladaron a las celdas del Chipote, “desde ese día no hemos tenido contacto ni comunicación”, dijo Rodríguez, quien ahora es boleada sobre el paradero de su hijo. En El Chipote le dicen que fue remitido a Matagalpa y en Matagalpa le niegan su presencia allí.

Yo estoy pidiendo al Gobierno que por favor me devuelva a mi hijo. Es un estudiante universitario, él estaba limpio, por eso iba legal(hacia Costa Rica)” , demandó Rodríguez.

El joven fue detenido el 9 de agosto cuando pretendía viajar a Costa Rica. LA PRENSA/Cortesía

La represión y la inseguridad es la causa principal del éxodo de los nicaragüenses, en su mayoría jóvenes, que en busca de garantizar su vida deben utilizar puntos ciegos, pues las fronteras legales también representan inseguridad para ellos, coinciden defensores de derechos humanos.

Es de destacar que en las fronteras actúan de forma conjunta los miembros del Ejército de Nicaragua con la Policía. Un ejemplo de ello fue la captura de uno de los dirigentes del Movimiento 19 de Abril, en Masaya, Christian Fajardo, el pasado 22 de julio, quien fue capturado por soldados del Ejército y entregado a la Policía.

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“Hay algunos que tienen la visa costarricense pero no se atreven a salir legal por las detenciones que se han dado. Algunos han salido por puntos ciegos exponiéndose al tráfico de migrantes o a la trata de personas porque vos no sabes con quienes te vas a encontrar en esa frontera (…) solo el hecho de pasar por la frontera les genera temor a ser apresado porque hay antecedentes”, sostuvo la directora del Cenidh, Marlin Sierra.

El secretario ejecutivo de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), Álvaro Leiva Sánchez, quien también se vio obligado a sumarse al éxodo de los nicaragüenses por el riesgo al que estaba expuesto en Nicaragua, relató vía telefónica que la mayoría de los nicaragüenses que ha llegado en busca de refugio a Costa Rica “viene con lo que trae puesto”, pues se ven obligados a salir por puntos ciegos. Esto porque “los órganos de seguridad e instituciones del Gobierno han desatado una cacería en los puntos fronterizos”, denunció Leiva.

“Son miles y miles de nicaragüenses que están sufriendo un desplazamiento forzado producto de la represión de la amenaza del acoso e intimidación sobre de todo los jóvenes que de alguna manera estuvieron participando o se siguen movilizando en la defensa de sus derechos”, apuntó Sierra.

“Nos encontramos situaciones de ciudadanos que hoy se encuentran en condición de refugio simplemente por ejercer el derecho humano y constitucional de protestar cívica y pacíficamente”, afirmó Leiva.

Historias del éxodo

En fechas recientes la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) estimaba unos 23 mil nacionales registrados en solicitud de refugio en el vecino del sur.

Un estudiante de medicina que trabajó como paramédico durante la represión a las protestas, hasta que paramilitares armados lo detuvieron el mes pasado.

“Ellos me golpearon, me pusieron una toalla en la cara y me echaron agua hasta que sentí que me ahogaba”, relata.

Otro recién llegado a la capital costarricense es “José”, que también pidió no ser identificado debido a razones de seguridad, exmilitar residente de León.

“Me inscribí como reserva del Ejército, pero cuando nos llamaron pensé: ¿cómo voy a matar a mi propia gente?”, relató José a Acnur, quien dijo que se negó a atender cuatro llamadas que le hicieron para regresar al servicio activo y optó por huir a Costa Rica a principios de julio, después de que los paramilitares disolvieran las protestas en León.