Reverendo José Luis Soto: su amor y su legado a «su novia» Nicaragua

Después de 28 años desde que Soto llegó a Nicaragua, el país es otro, en términos económicos y sociales. El reverendo dice que la condición caótica que conoció a finales de los ochenta ha pasado a la historia, pero Dios puede seguir cambiando más Nicaragua.

Pastor José Luis Soto. LAPRENSA/E.CHAMORRO

En aquel entonces Nicaragua estaba destruida por la fraticida guerra de finales de los ochenta. El Espíritu de Dios ya había bajado la orden a José Luis Sotos que debía salir de Estados Unidos en obra misionera hacia Centroamérica. De inmediato él había decidido que se iría a El Salvador para obedecer el mandato divino.

Así pues recogió ayuda entre los feligreses de su iglesia cristiana en Estados Unidos para llevarla a familias salvadoreñas empobrecidas y cuando estaba todo listo para volar a ese país, el Espíritu de Dios volvió hablar a él y le dijo: “Ólvidate de El Salvador, no entrarás a El Salvador, te enviaré a otra nación”. Soto canceló ese primer viaje y decidió no venir a Centroamérica, porque no estaba dispuesto viajar a Nicaragua.

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Pidió señales a Dios

La inquietud y el temor se apoderó de Soto porque se resistía a viajar a un país donde sabía que su vida correría peligro, pero debía cumplir la voluntad de Dios. Necesitaba de un líder nicaragüense que lo acompañara a entrar a una tierra devastada por la guerra, así como cuando Dios mandó a Josué a buscar a Moisés para que ambos entraran a Egipto y cumplieran la labor profética de sacar al pueblo de Israel de esas tierras de servidumbre.

Dos semanas después de ese mandato del cielo, a la iglesia de Soto en los Estados Unidos llegaron líderes religiosos de las  Asambleas de Dios en Nicaragua “y le hablaron de la necesidad en Nicaragua, del éxodo de ministros (cristianos) que estaba habiendo por la guerra, oramos y los invité a predicar”. Pero aun así Soto se resistía a viajar a Nicaragua, porque seguía esperando más señales.

Hasta allá, días después, viajó Omar Duarte Pérez, actual pastor del Ministerio Internacional Ríos de Agua Viva, para invitarlo a venir a Nicaragua a ayudar a los necesitados y él se comprometía a acompañar a Soto durante su peregrinación en el país. “Ahí fue la respuesta que yo le estaba pidiendo a Dios. Oramos y le dije: vamos a ir a Nicaragua”, recuerda Soto, en una entrevista con LA PRENSA a finales de abril pasado.

Conocían el horror del comunismo

La esposa de José Luis Soto, Carmita, estaba atemorizada. Ellos conocían el horror de la guerra y el comunismo. Ambos habían salido de Cuba y exiliado en Estados Unidos, huyendo de la dictadura de Fidel Castro.

Pero Dios iría delante de Soto. “Dios me manda, yo voy. Dios no me va a mandar para que me maten, Dios me va mandar a bendecir, y es lo que sentía, quería ayudar, quería bendecir”, recuerda.

Fue así cuando emprendieron el viaje a Nicaragua. Llegaron a Honduras, haciendo escala de tres días, y cuando esperaba abordar el avión que lo traería a tierras nicaragüenses, la temperatura corporal de Soto comenzó a subir sin parar, hasta superar los 100 grados. Soto oró a Dios y él respondió: “Esto es entre el diablo, vos y yo”.

El cuerpo de Soto estaba estremecido. Sus huesos temblaban a medida que su temperatura subía. El vuelo, que debía salir a las 10:45 de la noche, se retrasó más de cuatro horas. El pastor cubano estadounidense se debatía entre su enfermedad, el mandato de Dios y el pedido incesante de su esposa de que no viniera a Nicaragua.

“Las cosas de Dios no son en alfombra roja. No debemos pensar que cuando Dios te manda (a hacer algo) va haber alfombra roja, no es así,  no hubo alfombra roja en la Cruz del Calvario y yo soy su discípulo”, expresa.

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Llega a Nicaragua

Soto recuerda que en el avión que despegó de Honduras a Nicaragua solo venían seis personas. Y cuando salió del Aeropuerto Augusto C. Sandino, Soto y su esposa se encontraron con hombres armados en todas las avenidas de Managua, por lo que ella le comenzó a decir: “tú estás loco” y el respondió: “esta locura es entre Dios y yo”.

Cuando circulaba por la zona de aduana sobre la Carretera Norte, el espíritu de Dios infundió aliento a su debilitado cuerpo e inmediatamente sanó. “No podemos entender a Dios en la dimensión nuestra, pero debemos obedecer”, afirma.

Pero satanás insistía en impedir que Soto cumpliera la misión que Dios había encomendado. Su esposa, Carmita, cayó enferma ese mismo día que ambos llegaron a Nicaragua. Él clamó a Dios y la enfermedad huyó del cuerpo de la misionera.

Al ver el dolor y la devastación de la guerra en la vida de los niños, niñas, adolescentes y miles de familiares nicaragüenses, Soto decidió que su apoyo social que conseguía en Estados Unidos la sembraría en Nicaragua a través de diversos programas.

Toda esa ayuda acompañada con la palabra de esperanza que Dios ofrece, a través de la biblia, a todo aquel que está cargado y cansado, abatido por el diablo y las consecuencias del pecado.

Su primer legado

Soto regresó por ayuda a Estados Unidos, antes de instarla definitivamente su ministerio y sus programas de asistencia en Nicaragua.

En la Plaza de la Revolución, tras retornar de EE.UU., Soto llevó a cabo una cruzada evangelística donde nació en su corazón la idea de abrir una radio misionera para llevar el mensaje de esperanza y de bendición de Dios a los rincones de Nicaragua.

Y ahí conoció a una persona que le dijo que podía llevarlo a las autoridades de telecomunicaciones para que lo asistiera en su propuesta de abrir dicha emisora. Él preparó una carta de petición de una frecuencia y cuando fue llevado ante dichas autoridades le pidieron los estudios de población, del proyecto radiofónico, de alcance.

No tenía nada de lo solicitado, pero Soto le dijo al funcionario: “Esa emisora a ser bendición para esta nación, si usted siente de Dios que esa emisora a ser de bendición, en sus manos está que me otorgue la frecuencia”. Tres semanas después le notifican que la frecuencia le había sido otorgada.

Después de una lucha por conseguir 500 mil dólares para fundar la radio, esta entró a funcionar el 22 de octubre de 1992. La emisora este año cumplió 25 años de llevar el mensaje de Dios las 24 horas del día.

Apoyo a la educación

Luego recibió la llamada de solicitud de ayuda para un colegio que tenía el aval del Ministerio de Educación, pero no la infraestructura para atender a la niñez nicaragüense. En noviembre de 1992, también le inyecta capital a la escuela, hasta donde llegan niños y niñas en situación de riesgo.

En 1996 compra un lote de tierra y ahí construye el colegio una Cita con Dios, donde hasta hoy cada año se forman unos mil estudiantes de preescolar, primaria y secundaria.

Durante los años más difíciles en Nicaragua, estos niños recibían su alimentación, vestimenta y el pan del saber. “Han salido muchos profesionales, muchos predicadores”, afirma, al señalar que el pilar fundamental de la educación de estos estudiantes está basado en la biblia.

“El colegio ha sido una bendición. Hemos transformado miles de vida de niños. Los tomamos piojosos, llenos de parásitos, niñas que partían el corazón, hoy esas vidas han sido cambiadas”, recuerda.

Nicaragua es otra, pero requiere de Dios

Después de 28 años desde que Soto llegó a Nicaragua, el país es otro, en términos económicos y sociales. El reverendo dice que la condición caótica que conoció a finales de los ochenta ha pasado a la historia, pero Dios puede seguir cambiando más Nicaragua.

“Dios ha bendecido y quiere bendecir a Nicaragua. Lo ha hecho, lo está haciendo y lo seguirá haciendo…si el pueblo sigue abriendo sus puertas a Dios, él seguirá mostrando su gloria y toda esa pobreza que todavía existe desaparecerá”, dijo, quien desde que llegó a Nicaragua asegura que la mira como «su novia», a la que ama profundamente.

En abril de este año, el pastor José Luis Soto y su esposa recibieron un reconocimiento por su legado a Nicaragua por parte de Ríos de Agua Viva, que congrega a más de 24 mil nicaragüenses.

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