De la viciosa sobre simplificación

Se debe identificar y erradicar ese vicio de la sobre simplificación, en que prima más la forma y el efecto de software que la sustancia y el fondo de lo debatido, posturas en las cuales se incurre en un ocultamiento técnico que podría ser fatal.

Columna Competitividad Empresarial

Carlos R. Flores

Sydney Dekker, celebrado autor describe en su obra “Safety Differently”, – “La Seguridad Operacional, de una Manera Diferente” – las lecciones aprendidas de los dos trágicos accidentes de la NASA (Agencia Nacional de Administración Aeronáutica y Espacial de EE.UU.) y que sin duda alguna evidenciaron como factores contribuyentes aquellas prácticas que habían degradado gradualmente el proceso de toma de decisiones que involucraba riesgo operacional, debido principalmente a que hoy día todo se “bulletiza”, (de bullet, o “punto de enumeración” en español); es decir, que se trata compulsiva y viciosamente de encapsular el conocimiento crítico –con frecuencia necesariamente extenso, detallado– en una simple presentación de software para exponer ideas (aclaro que soy gran usuario y fanático de esa prodigiosa herramienta en que usted está pensando).

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Precisamente su uso inadecuado fue un factor que llevó a que las decisiones ingenieriles en la NASA sobre los lanzamientos de los desaparecidos trasbordadores espaciales –las que conllevaban miríadas de factores técnicos y su abrumadora interrelación entre ellos– fuesen trivializadas, degradadas, simplificadas excesivamente a un nivel inverosímil, aunado a una malentendida economía del proceso decisorio, contribuyendo a que los lanzamientos del Challenger (1996) tragedia provocada por una falla en el sello de los O-rings; y Columbia (2003) –accidente causado por un trozo de espuma aislante que impactó en las láminas del recubrimiento contra las altas temperaturas, permitiendo la entrada de aire incandescente a la superestructura interna y que destruyera la nave–; ambos eventos que fueron suficientemente predichos pero que por una cultura autocomplaciente y desobligante, desembocaron en estas mega-tragedias y fiascos institucionales de NASA, quedando como lecciones invaluables cuando se anteponen criterios políticos y sectarios al pensamiento ingenieril basado en riesgo, que es y debe ser la base fundamental e idea rectora de las decisiones que toman las empresas de alta confiabilidad operativa (aviación, petroquímica, generación eléctrica, farmacéuticas, militar, entre otras diversas), en donde aunque no pueden erradicar el error humano y las fallas operacionales, sí aspiran a desaparecerlos en función de los mecanismos redundantes de identificación y control de peligros y la gestión de la ciencia moderna de Factores Humanos.

¿Qué tiene que ver esto con las empresas? El punto es que la tendencia en algunas organizaciones se da ahora por pensar erróneamente en que todo puede ser “formateado” o encapsulado en una presentación gráfica, lo cual implica diversas fallas originarias de entendimiento y comprensión de los factores críticos de un procedimiento operativo estándar –con frecuencia extenso– o bien, de una decisión analítica que va más allá de esa cómoda visión –habitualmente incompleta, minimalista y engañosa– que nos sesga en pensar que lo que no está en la presentación, simplemente no existe. Craso error.

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Se debe identificar y erradicar ese vicio de la sobre simplificación, en que prima más la forma y el efecto de software que la sustancia y el fondo de lo debatido, posturas en las cuales se incurre en un ocultamiento técnico que podría ser fatal.

Documentación técnica relevante deberá estudiarse minuciosamente, obligando a ser comprendida perfectamente en su profundidad, en sus implicaciones, rigurosidad e interacciones. Se debe resistir al facilismo de ilustrar todo como si tal fuese una presentación de nivel básico, seleccionando el formato más adecuado para el usuario crítico, tal como documentación en texto simple –con todas sus descripciones, gráficos y anexos– así como cualquier recurso para el entendimiento correcto de quienes vayan a tomar protagónicamente una decisión que involucre riesgo considerable.

No se deberían comprimir ni formatear los criterios ingenieriles, ni las cuidadosas y elaboradas interpretaciones técnicas en una simple presentación convencional, puesto que la ausencia de información suficiente es un factor contribuyente de los accidentes industriales, sobre todo cuando se impulsan agendas particulares que podrían no estar suficientemente ancladas a la información significativa del caso, previniendo que los tomadores de decisiones –sobre todo si no son de la misma área de experticia de quienes están conduciendo la presentación– consideren adecuadamente todos los criterios y las referencias adicionales, impensables de insertarse en una presentación que busca, mayoritariamente, convencer más que exponer, aprobar más que discutir, imponer una narrativa de la realidad más que en discernir esa realidad objetiva, realidad que en comprobadas oportunidades, se ha evidenciado ser más una construcción subjetiva del presentador.

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