Periodista Álvaro Montalván: «Me apuntaban con un AK-47 mientras destruían mi radio»

Periodista Álvaro Montalván sufre amenazas de muerte y sabotaje gubernamental por su posición crítica

Álvaro Montalván, periodista y gerente propietario de la radio «Mi voz». LA PRENSA/Tomada de La Lación

La represión policial y paramilitar que vive Nicaragua desde el 18 de abril le ha dejado al periodista Álvaro Montalván un sobrino muerto, sus familiares en la clandestinidad, su radio asediada y parcialmente destruida, la frecuencia invadida por radios oficialistas, las antenas de transmisión arruinadas y una camioneta quemada.

Pero la historia de amenazas y asedio de radio Mi voz de León, propiedad de Montalván, comenzó desde 2007 cuando regresó al poder Daniel Ortega. Esta radio es de definición cristiana y de línea independiente y critica al gobierno orteguista.

Montalván tiene licencia para operar la frecuencia desde 2006, pero hace cinco años la señal comenzó a ser invadida por frecuencias de radios oficialistas.

Rafael Ortega

En la búsqueda por resolver ese problema, Montalván se dio cuenta que Rafael Ortega, el hijo mayor de la pareja presidencial, es quien maneja los hilos del Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (Telcor).

“Primeramente yo llego a Telcor, que es la instancia reguladora, pero como no me da respuesta, yo busco los espacios políticos, el secretario del departamento de León y el despacho de la secretaria de comunicación del Frente, en Managua. La señora Sandra Guevara, asistente del presidente Ortega, me dice que la señora Rosario Murillo ya le dio orientaciones a Rafael Ortega para que me resuelva el problema. Es ahí donde me doy cuenta que quien está viendo el tema de radios, y no sé si de canales, es Rafael. Pero como yo no bajo el volumen y mantengo mi posición de periodismo independiente, no me resolvieron”, relató Montalván vía telefónica.

Le quitaron anuncios

Después comenzó un proceso de quitarle a la radio los pocos anuncios que le daba el Gobierno, hasta dejarlo sin ninguno. También los simpatizantes del gobierno de Ortega comenzaron a amenazarlo con quemar la radio, porque no dejó de denunciar públicamente la invasión de la frecuencia.

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Esas amenazas hicieron que Montalván se fuera de su casa con su familia, porque la sede de la radio es vecina de su residencia. “No era fácil estar perdiendo el sueño toda la noche y la madrugada, pendiente de que alguien llegara a quemarnos”, cuenta Montalván.

De las amenazas a la acción

Sin embargo, fue después del 18 de abril que pasaron de las amenazas a los hechos. Uno de los días críticos fue el 13 de junio, cuando la Policía Nacional secuestró a uno de sus sobrinos, de 21 años y estudiante de periodismo, cuando el joven se dirigía a la radio.

“Digo que fue secuestro porque no presentaron orden judicial. Le preguntaron su nombre y si era familia mía y cuando respondió que sí, lo golpearon a como quisieron. Gracias a la mediación de la Iglesia un día después lo dejaron libre”, relata Montalván.

Ese mismo 13 de junio por la tarde, encapuchados a bordo de camionetas pasaron disparando morteros contra su casa cuando su hija y su esposa estaban en el porche.

Al día siguiente, mataron a su sobrino Marlon Medina, de 36 años, era abogado. Le dispararon por la espalda, le robaron su moto y su dinero.

“El hospital administrado por el INSS (Instituto Nicaragüense de Seguridad Social) dice que muere de un infarto, pero cuando su cuerpo fue retirado del hospital tenía un balazo en la espalda, tapado con algodón y que no supimos por qué se ocultaban las causas de su muerte”, refiere el periodista.

Alvín Osorio y Brigit Suárez, reporteros de la radio, se fueron del país por el asedio y las amenazas de muerte, y otro reportero renunció por lo mismo.

Paramilitares quemaron y destruyeron

El 23 de junio, encapuchados acompañados por policías pasaron quitando barricadas en la calle donde queda la radio. Montalván cuenta que ese día los paramilitares aprovecharon para invadir la radio y destruirla parcialmente: quebraron el portón de entrada, desbarataron las antenas de transmisión, cortaron los cables y quemaron su camioneta en el garaje, mientras amenazaban con matarlo.

“Me apuntaban con un AK-47 mientras destruían la radio y quemaban la camioneta, y eso fue a vista y paciencia de la Policía”, dijo Montalván. La estación de Policía de León queda a 120 metros de la radio.

Policía y bomberos

Montalván interpuso la denuncia por teléfono al jefe de la Policía, Domingo Navas, quien le dijo que era falso lo que le contaba. Una hora y media después de esa llamada, los bomberos emitieron una nota de prensa en la que expresaban que la camioneta agarró fuego porque andaba bombas y era usada para desplazar delincuentes.

El periodista aseguró que la camioneta llevaba ocho días guardada, porque no había condiciones para movilizarse en vehículo debido a las barricadas en cada esquina.

Montalván no revela su ubicación por medidas de seguridad, pero afirmó que desde donde esté seguirá ejerciendo el periodismo crítico, aunque está claro que eso en este momento en Nicaragua le puede costar la vida.

Denuncia ante organismo

Montalván denunció su caso ante la Centro Nicaragüense de los Derechos Humanos (Cenidh) y también ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Recientemente una misión conjunta de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y Reporteros Sin Fronteras (RSF) determinó durante tres días de observación en el país que no existen garantías para ejercer el periodismo en Nicaragua y señaló su preocupación por la carencia de espacios judiciales para hacer denuncias en el país.

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