Ortega está atrapado sin salida

Daniel Ortega en el campo internacional ha perdido terreno. Se ha aislado de muchos países y está bajo una fuerte presión externa que le exigen adelantar las elecciones y que sean libres y transparentes, pero ha rechazado tajantemente la idea.

Esto hace suponer que Ortega podría estar pensando en seguir en el poder hasta el 2021, o para siempre con su familia. Pero lo cierto es que el mandatario está atrapado sin salida. No existe un gobernante en el mundo que le exprese su solidaridad, excepto Evo Morales, Nicolás Maduro y Raúl Castro

Perdió amigos como el expresidente de Uruguay, Pepe Mujica, quien en el Senado de su país expresó que Ortega debía salir del poder: “entiendo que quienes ayer fueron revolucionarios perdieron el sentido de la vida… me siento mal de gente tan vieja como yo, porque recuerdo nombres de compañeros que dejaron la vida en Nicaragua peleando por un sueño”, dijo Mujica.

Las firmas encuestadoras hasta hace pocos meses daban ventajas a Daniel Ortega y a su esposa Rosario Murillo, pero recientemente apareció una de CID-Gallup y mostró que el 63 por ciento de los nicaragüenses tiene una opinión negativa del gobierno, y que solo el 29 por ciento lo apoya.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) encontró que hubo crímenes grave durante los más de casi 4 meses de protestas contra Ortega. Al menos se registran entre 440 muertos, según organizaciones locales de derechos humanos, en enfrentamientos entre leales a Ortega y fuerzas civiles opositores, mientras la represión continúa. Todavía se practica en las paradas de buses la cacería de jóvenes. Las huestes armadas de Ortega en las principales ciudades del país siguen sembrando el terror, al mejor estilo de los años 80.

Daniel Ortega ha sido señalado como un “populista de izquierda” y definido como un “ostentoso guerrillero”, pero no es más que un gobernante que ha concentrado en sus manos todos los poderes del Estado. Y su gobierno es sindicado de casos de corrupción y graves atropellos a los derechos humanos. Eso sin contar con otras situaciones de violencia estructural y continua que ejerce el Estado contra los ciudadanos, y que no son consideradas técnicamente como guerras.

Por sus discursos Ortega hoy no es más que un fantasma de su pasado. La Conferencia Episcopal ha sido blanco de sus diatribas y, por si fuera poco, a los líderes de la Iglesia católica los tilda de “golpistas”.

Pensar que la recuperación de la estabilidad financiera y política está en manos de los señores Ortega y Murillo, es para pedir que Dios nos agarre confesados.

El autor es periodista, miembro de APN

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: