Doña Rosario y la receta de Goebbels

Hay mentiras que las puede repetir mil veces, un millón de veces, y no se van a convertir en verdad por eso. Lo de Goebbels, doña Rosario, no es un conjuro.

En Letra Pequeña, Silvio Báez

Goebbels

A estas alturas, doña Rosario Murillo debería saber que Joseph Goebbels no es infalible. Que hay mentiras que las puede repetir mil veces, un millón de veces, 10 millones de veces, y no se van a convertir en verdad por eso. Lo de Goebbels, doña Rosario, no es un conjuro. No es que al llegar a la repetición numero mil, la mentira se vuelve verdad por arte de magia. Así que podrán seguir diciendo, una y mil veces cada día que quienes protestan son golpistas o terroristas y no por eso alguien con tres dedos de frente lo tomará por verdad.

Rabietas

Seguirá doña Rosario y Daniel Ortega haciendo rabietas cada día cuando los organismos internacionales que observan la situación en Nicaragua en sus informes llamen “protestas” a las protestas y no “golpe de estado” o “actividad terrorista”, como Ortega y Murillo quisieran que se diga solo porque ellos lo repitieron mil veces según la receta goebbeliana.

Selección múltiple

¡Miren que joya! Dijo Daniel Ortega el 22 de agosto: “Y cuando el Seguro aprueba las Reformas, en lugar de hacer una protesta pacífica, que perfectamente están en todo el derecho de hacerla, lo que hicieron fue un levantamiento criminal, armado, en contra del Pueblo, en contra de las Instituciones del Estado, y luego, lanzándose ya directa y personalmente contra todo el que era señalado de sandinista”. Al oírlo solo se puede concluir con alguna de estas tres alternativas: uno, no está hablando de Nicaragua; dos, es un mentiroso descarado; tres, está loco. ¡Todo lo dijo al revés!

El origen

Aunque suene cansino, recordemos una vez más como comenzó todo. El 18 de abril estaba un grupo de ciudadanos protestando pa-cí-fi-ca-men-te cuando llegaron turbas sandinistas a atacarlos. ¿O es que ahora no fue así? Golpearon a gente indefensa. Todo mundo lo vio en vivo por la televisión. ¿O es que ahora no fue así? Luego la gente indignada prácticamente se insurreccionó y empezaron a tomarse universidades y a quemar llantas en sus barrios. Y llegaron los paramilitares, que en ese entonces se les llamaba eufemísticamente “motorizados” o “juventud sandinista” a atacarlos. Y salieron los primeros muertos.

Tranques

En la medida que las agresiones y los muertos se intensificaron la gente levantó barricadas y tranques para impedir que las camionetas con gente armada llegaran a matarlos impunemente. Funcionó durante un tiempo. Y sucedió lo inimaginable. Ante su impotencia para castigar a los rebeldes, el régimen armó un ejército paramilitar que al margen de cualquier ley, y a sangre y plomo, llegó a quitar los tranques. Y así murieron centenares de nicaragüenses, la mayoría masacrados y otros, también hay que señalarlo, como consecuencia de la poca resistencia que pusieron los rebeldes. ¿O es que ahora no fue así?

Cacería

Claro, hay muertos de ambos bandos. Y muertos de ningún bando. Como los bebés quemados. Como el hombre que iba buscando cómo llegar a su trabajo y recibió un balazo. Todos los crímenes tienen que ser esclarecidos, juzgados y castigados. Lo que hay que determinar aquí es quién mató a quién, y en qué circunstancias. Justicia es investigar y procesar con las garantías que la ley establece para ello, respetando los derechos humanos de todos. Lo que hay ahora no es justicia. Es cacería. Es una venganza demencial. Y la prueba de ello es que el régimen no acepta ningún crimen, como si de su lado hubo solo víctimas. Achaca su propia masacre a aquellos que lo desafiaron. Y cree que repitiendo eso mil veces, como Goebbels, se convertirá en realidad.

Normalidad

Que los ciudadanos protesten contra su gobierno es normal. Lo anormal es que los gobiernos los repriman a balazos. Que un médico atienda a un herido, sea lo que sea, es normal. Lo anormal es que se castigue al médico por eso. Que alguien sospechoso de un crimen se le investigue, se capture y se juzgue es normal. Lo anormal es que sean civiles encapuchados quienes secuestren a los ciudadanos, aparezcan en cárceles de policía, sean torturados, obligados a hacer videos de confesión o perdón, que se les niegue la defensa, que se “juzguen” en misas negras y se les condene por delitos que cometieron quienes los acusan. No puede haber normalidad en Nicaragua mientras exista un estado anormal.

Locura

Si Daniel Ortega y Rosario Murillo tuviesen razón, el mundo entero está en un problema muy serio. Quiere decir que todo el mundo está equivocado. Si la realidad es la que ellos ven, quiere decir que somos el resto del mundo, todos nosotros, los organismos internaciones, la casi totalidad de gobiernos de América, Europa, los que estamos delirando. Los anormales. Los que estamos locos.