Elvira Cuadra: «Daño a la Policía es irreparable»

La socióloga Elvira Cuadra valora el impacto en la institución tras la brutal represión contra la ciudadanía y el nombramiento del consuegro de Ortega como director.

Elvira Cuadra, socióloga.

Después de los muertos, entre 322 y 481 producto de la represión policial desde el 19 de abril, la Policía Nacional sufrió un mayor daño institucional al declive mostrado desde la llegada al poder de Daniel Ortega en 2007.

Elvira Cuadra, socióloga y experta en temas de seguridad pública, confiesa que para ella no es fácil explicar cómo la institución llegó a este punto.

La Policía ha sido protagonista de la represión, junto con los paramilitares, con los que el Gobierno ha atacado a pobladores en todo el país y ha secuestrado a manifestantes.

En este contexto es que será ascendido hoy al rango de primer comisionado de la Policía Nacional, el comisionado general Francisco Díaz, quien recientemente fue nombrado director por su consuegro el presidente Daniel Ortega.

Díaz es la cara visible de la institución en los últimos años, aunque en papeles era Aminta Granera Sacasa, nombrada en 2006, y quien para Cuadra no puede decir que no tuvo responsabilidad de lo ocurrido.

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Aunque a nivel interno Díaz es premiado por el gobierno de Ortega, en el exterior lleva la marca de violador de derechos humanos, que le impuso Estados Unidos con la sanción de la Ley Magnitsky, que autoriza al presidente de ese país a cancelar visas, congelar bienes y activos a personas extranjeras responsables de graves violaciones a los derechos humanos. En el caso de él, es por dirigir a una institución señalada de reprimir a los manifestantes.

¿Qué significado tiene el ascenso del comisionado general Francisco Díaz?

Esto lo que hace es ratificar algo que ya en la práctica se estaba produciendo y es que quien en realidad dirigía y dirige la institución es Francisco Díaz. A mí me parece que su nombramiento lo que hace es ratificar la decisión del Gobierno de manejar esta crisis más que con el diálogo, por la vía de la represión y del uso de la Policía.

¿Qué dificultad puede tener en este cargo por la sanción de la Ley Magnitsky?

Tiene implicaciones institucionales en el ámbito administrativo, pues evidentemente él está limitado de ejercer una gran cantidad de funciones, no puede firmar convenios, no puede firmar ninguna clase de documentos como cheques u otros documentos administrativos. Eso tendrán que delegarlo en otra persona, seguramente ya lo hicieron, para que pueda realizar esas funciones en representación de la institución policial.

¿Qué mensaje le da el Gobierno a la población?

Es un mensaje de intimidación. Es un mensaje de poca flexibilidad, es un mensaje de mucha rigidez, pero no es extraño, porque Daniel Ortega lo ha expresado en sus diferentes comparecencias públicas durante las últimas semanas o los últimos dos meses. Él mismo (Ortega) se ha encargado de resaltar el lamentable papel que ha jugado la institución policial en estos días, por ejemplo, ahora está usando una gorra con el emblema de la Policía; cuando fue a Masaya y se tomó fotos acompañado de policías y paramilitares también. Esos son mensajes que acompañan este nombramiento.

¿Cómo valora el nombramiento del comisionado general Ramón Avellán?

Es una manera más de agraviar a los pobladores de Masaya que luego de que este oficial de la Policía haya estado a cargo de las diferentes acciones de represión, la operación casi militar que realizaron para quitar las barricadas en la ciudad de Masaya, que sea ratificado en el cargo, pero además que haya sido nombrado como Hijo Dilecto de la ciudad, realmente es un agravio más a esa población que denunció públicamente todas las violaciones a los derechos humanos que estuvo cometiendo la institución policial y los grupos que la acompañaron en su actuación.

¿Cómo entró y cómo se retira Granera?

Aminta Granera asumió la dirección de la Policía en 2006, antes de que asumiera la Presidencia Daniel Ortega. Asumió el cargo con un alto nivel de credibilidad. Hubo un debate público acerca de a quién se debía escoger como sucesor al frente de la institución. Había dos personas: una era Ana Julia Guido y la otra era Aminta Granera. La opinión pública se decantó a favor de Granera.

Ella entró a la institución con muy buen pie, con una opinión pública muy favorable y eso se reflejaba en lo que la gente decía públicamente, en diferentes medios, pero también en las encuestas de opinión pública que la posicionaban como un personaje con mucha simpatía.

Sus primeros años al frente de la institución fueron años de mucho reconocimiento por el trabajo que se estaba haciendo con las Comisarías de la Mujer, con la dirección de asuntos juveniles, con la prevención de drogas, pero además porque había una relación muy cercana de la jefa de la Policía con los medios de comunicación y la sociedad en general.

¿Cuándo se comienza a deteriorar la imagen de la Policía?

La imagen de la directora de la Policía y la imagen de la institución se comenzó a deteriorar rápidamente del 2008, 2009, hasta la fecha, cuando la actuación de la Policía se vio comprometida por el escalamiento de lo que podría categorizar como violencia política.

Recordemos que los primeros señalamientos a la Policía se produjeron con las elecciones municipales del 2008, cuando surgieron enfrentamientos entre simpatizantes del Frente Sandinista y de otros partidos de la oposición por los resultados electorales y allí la actuación de la Policía se vio comprometida. Y luego con una serie de casos que se produjeron en años posteriores hasta la actualidad.

¿Cómo sale de la jefatura Granera?

La vemos salir en una situación totalmente contraria a la que entró. Como lo reflejaron en una caricatura que apareció: entró por una puerta grande y está saliendo por la puerta de atrás. Realmente Aminta Granera es ahora un personaje de muy poca credibilidad, muy criticada.

¿Podría decir Aminta Granera que no tiene responsabilidad en lo que está pasando en el país?

No lo puede decir, porque hasta el día que se produzca oficialmente el traspaso de la jefatura, ella tiene una responsabilidad, pues asume formalmente el cargo de directora de la Policía, entonces no puede negar ni evadir responsabilidad sobre la actuación de la institución hasta el último de sus integrantes en todo el período en que ella ha sido directora.

¿Alguna vez se imaginó que la Policía de Nicaragua iba a matar a niños, civiles indefensos y todo lo que ha ocurrido?

Habíamos visto algunas señales preocupantes, pero realmente creo que la actuación de la Policía ha sorprendido a muchas personas.

La Policía pasó diez años en un proceso de profesionalización y modernización, donde se hizo muchísimo énfasis sobre el tema de los derechos humanos y de cómo la institución policial tenía que incorporar el respeto a los derechos humanos como un principio de actuación, y está señalado en la ley además.

Eso le marca una ruta de actuación a la institución, que no la hemos visto en estos últimos meses. Y el tercer elemento es que la Policía construyó, desde su fundación, una relación bastante cercana con la ciudadanía, tenía altos niveles de credibilidad. Entonces había tres razones por las cuales uno podía suponer que la Policía iba a sopesar mucho el tipo de actuación que iba realizar frente a estas expresiones generalizadas de descontento y de insatisfacción. Lamentablemente las hicieron a un lado.

¿Cómo describe a la Policía en la actualidad?

Te genera sentimientos encontrados, porque pasamos de tener a una institución con mucho reconocimiento, con mucha credibilidad a una institución en la que la gente no tiene confianza, que ya no tiene legitimidad. Pasó de ser una institución con mucho prestigio a una institución con mínima confianza y autoridad.

¿Cuánto va a costar a la Policía que recobre esa confianza?

El daño que se le ha hecho a la institución (Policía) es irreparable. Va a requerir de una reingeniería fuerte, donde realmente se tienen que sentar bases sólidas y firmes para que la institución que se construya o reconstruya, después de esta crisis, sea una institución verdaderamente respetuosa de los derechos humanos y de los derechos ciudadanos.

Experta en seguridad

Elvira Cuadra es licenciada en Sociología, egresada de la Universidad Centroamericana (UCA).
Estudió dos años una maestría en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), con sede en Ecuador.

Comenzó a estudiar el tema de seguridad desde los años noventa. En 1995 presentó su monografía de la licenciatura sobre el tema de la Participación de la Policía en los conflictos de la transición política; un análisis que abarca el período de 1990 hasta 1993, la época en que gobernó doña Violeta Barrios de Chamorro. Entonces se puso fin a la guerra civil.

Los cambios que surgieron en los años noventa llevaron a Cuadra a hacer investigaciones sobre la pacificación en Nicaragua.

Además, esta socióloga ha dedicado más de veinte años al estudio sobre la juventud y cultura política en Nicaragua.

Pero también durante su carrera le ha tocado investigar temas de seguridad, gobernabilidad y construcción de democracia.

Fue directora ejecutiva del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp).

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