De dictaduras y noviazgos tóxicos

Imaginemos que un mandatario es experto en realizar actos violentos y represivos, pero también experto en hacerse la víctima

Cuando una amiga tuya te platica sobre su novio tóxico, te dirá que la agrede porque la quiere, que sus infidelidades son culpa de ella, que aunque tenga sus momentos violentos, él por dentro es lindo y la trata bien. Las relaciones tóxicas destruyen el pensamiento crítico, el sentido de autonomía y autoestima emocional de la víctima. Tu amiga lo sabe, pero prefiere no hacer nada al respecto. Prefiere aguantar cualquier cosa antes que imaginar su vida sin él.
Su novio le ha hecho creer que él es lo mejor que le ha pasado en su vida. Que nadie la va a querer más que él. Que todo lo que venga después de él será terrible y dejará un vacío imposible de llenar. Además, se ha encargado de meterle en la cabeza que todo lo que él hace es lindo, y que las cosas malas nunca son culpa de él, sino de ella o alguien más.

Cuando le hacés ver a tu amiga lo cabrón que es su novio, es muy típico de él descalificarte. Él le dirá que sus amigos no tienen por qué meterse. “Qué importa lo que piensen los demás, lo importante somos vos y yo”.

Ahora imaginemos que la relación es entre un presidente y sus simpatizantes. Imaginemos que un mandatario es experto en realizar actos violentos y represivos, pero también experto en hacerse la víctima. Sus simpatizantes saben de lo que es capaz, pero eligen amarlo, adorarlo, porque les ha hecho creer que no tendrán a nadie mejor que él. Por muy destructivo que sea, es “nuestro líder” y lo que venga después de él siempre será peor. Cualquier cosa terrible que suceda, no es culpa de él, sino de alguien más. Y todo lo bueno que suceda, es gracias a él y a nadie más.
Un novio tóxico es excelente manipulador, pero muy malo como novio. De igual forma, un mandatario tóxico es excelente manipulador y muy malo como mandatario.

Uno cree que de nada sirve hablar con una víctima de una relación tóxica, porque ella siempre volverá con él. Pero no es así. Tarde o temprano ella saldrá de esa relación. Y cuando eso suceda, toda esa insistencia de sus amigos, familiares y demás le servirá. Pues es importante que salga de la relación, pero también necesita reconocer que fue manipulada para aprender y no repetir errores.

Sucede lo mismo con los simpatizantes de un mandatario tóxico. Nunca hay que perder cualquier oportunidad para hablarles de lo que realmente está sucediendo. Porque cuando llegue el día que abran los ojos, y les aseguro que le llegará a la mayoría, cada plática, cada intercambio, cada comentario bien argumentado, habrá valido la pena. Es muy importante que el mandatario tóxico deje de gobernar, pero es también importante que sus seguidores sepan que fueron manipulados. Esto ayudará a sanar muchas heridas y a no repetir errores tampoco. Platiquemos. Nunca será un esfuerzo en vano.

El autor es comunicador.