Pobladores denuncian despale indiscriminado en el complejo volcánico de Chinandega

Los depredadores de madera la cortan de día y noche con maquinaria y equipo de carga, convirtiendo en desierto el área

Los depredadores intensificaron el corte de árboles en el complejo volcánico Chonco San Cristóbal/LAPRENSA/S. Martínez

Pobladores de Chinandega se mostraron impotentes con la tala de árboles que se incrementó en estos meses de crisis social y política en el país. Además denunciaron que no existe ley ni autoridad con el poco bosque que aún queda en la área protegida del complejo volcánico Chonco-San Cristóbal.

Como medida, los lugareños planean unirse y no permitir más cortes de árboles, aunque muestren autorizaciones. Los depredadores de madera la cortan de día y noche con maquinaria y equipo de carga, convirtiendo en desierto el área.

Recuerdan que cerca de la Comarca La Joya —noroeste del complejo de volcanes— era un paraíso verde y desde lo alto del San Cristóbal —1,745 metros— se apreciaba la belleza excepcional, que poco a poco desaparece.

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Mariano Méndez, bombero rural y protector voluntario de la reserva, señaló que eran una belleza los árboles de la especie guayabillo que conformaban «la selva blanca».

Tierra arrasada

«En el cerro El Chonco ahora son solo arbustos y matorrales con poco árboles. En El San Cristóbal casi no quedan, en la zona de Suiza y Paniagua los depredadores han dado golpes contundentes sacando madera y leña que es una lástima; en la finca Banderas, sector La Joya ahí se ha convertido en tierra arrasada», dijo Méndez.

Méndez nació en la zona arriba de la Comarca La Mora y no se explica por qué los depredadores no piensan que un día habrá falta de agua, una borrasca o un deslave que los arrastre a todos.

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«Nadie detiene a esa gente que corta desde abajo a los árboles», comentó impotente.

Temen otro aluvión

Felix Pedro Valle, otro de los lugareños, indicó que la destrucción de la reserva del complejo volcánico debe frenarse de inmediato, de lo contrario el cerro se «nos vendrá encima», como ocurrió con el denominado Aluvión del Sesenta, —27 de octubre de 1960— que dejó cerca de un centenar muertos.

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«Hasta caterpillar (maquinaria) han metido para arrancar los árboles. Todos los animalitos han desaparecido, el pobre que ha quedado lo persiguen y lo matan», agregó el poblador.

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