Almagro merece ser reelegido

Ortega y Murillo no ripostaron cuando el mismo Almagro llamó en Miami a la comunidad internacional, el 8 de septiembre, a “asfixiar a la dictadura que se viene instalando en Nicaragua”

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El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha pedido la renuncia de Luis Almagro como secretario general de la OEA, porque el 14 de septiembre declaró que no se debe descartar ninguna opción, ni siquiera la militar, para resolver la crisis política y humanitaria de Venezuela.

Ortega y Murillo no ripostaron cuando el mismo Almagro llamó en Miami a la comunidad internacional, el 8 de septiembre, a “asfixiar a la dictadura que se viene instalando en Nicaragua”. Pero ante lo dicho por el secretario general de la OEA sobre Venezuela, la dictadura orteguista reaccionó inmediatamente, en coro con los demás regímenes dictatoriales de la alianza chavista Alba.

La petición del régimen orteguista de que Almagro renuncie a la Secretaría General de la OEA, es considerada por analistas políticos como un disparate. Pero además es algo meramente retórico. De acuerdo con la Carta de la OEA, el secretario general puede ser removido del cargo con el voto de dos tercios de los Estados Miembros, “cuando así lo exija el buen funcionamiento de la Organización”, pero no se le puede obligar a renunciar.

La renuncia a la Secretaría General de la OEA es un acto voluntario. Tal fue el caso del expresidente de Costa Rica, Miguel Ángel Rodríguez, quien renunció en octubre de 2004 —apenas un mes después de haber sido elegido como secretario general de la OEA— para enfrentar en su país cargos judiciales por acusaciones de corrupción. De manera que si Ortega y Murillo no quieren que Almagro siga al frente de la Secretaría General de la OEA, tienen que convencer a 22 Estados Miembros para que apoyen su propuesta y lo destituyan.

Almagro ha merecido el odio de las dictaduras de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, porque ha defendido vigorosamente los derechos humanos y los valores de la democracia. Se puede decir por eso que Almagro más bien ha hecho méritos para ser reelegido en 2020 a un segundo período en la Secretaría General, como lo permite la Carta de la OEA.

Almagro ha sido absolutamente consecuente con los principios de la OEA, al advertir que “no se puede descartar ninguna opción” contra la dictadura chavista de Venezuela. También ha tenido razón al señalar que la responsabilidad internacional de proteger a los pueblos no es para ir a contar muertos, víctimas de dictaduras criminales como la de Venezuela, sino actuar de manera preventiva “para poner fin al sufrimiento del pueblo”.

Todas las dictaduras se escudan en los principios de soberanía nacional y no injerencia en los asuntos internos de los Estados, para encubrir las violaciones de los derechos humanos de sus pueblos —como si esto fuera un acto de soberanía— y para negar la libertad y la democracia. Pero no es así. Como se dice claramente en la Carta de la OEA, artículo 17, el libre desenvolvimiento de cada Estado presupone más bien que “respetará los derechos de la persona humana y los principios de la moral universal”. Los cuales no son respetados en Venezuela ni en Nicaragua.