Voluntarismo por el poder

La creatividad política está sustentada en saber olfatear las oportunidades y aspirarlas cuando se presenten

Atisbando el futuro

Atisbando el futuro

Nicaragua es una sociedad desgarrada por la exclusión, violencia y exilio como castigo político. Muchas veces me he preguntado si nuestras luchas tienen sentido ante los escuálidos resultados. Los héroes se cuentan por decenas, pero la fractura política, social y económica que nos divide y enfrenta continúa. Los héroes ejercen sobre nosotros una profunda fascinación. Nos identificamos con los que resisten hasta el final, los que luchan hasta la muerte. Es prestigioso morir con las botas puestas.

Ese voluntarismo, definido por Andrés Pérez Baltodano como heroico, está basado en un actuar político donde prevalece la idea de que “el coraje y el olfato para sorprender al adversario, y para asestar golpes de suerte a la historia, son los determinantes del cambio social”. Es el terreno fértil para los oportunistas, usualmente, mediocres.

La creatividad política está sustentada en saber olfatear las oportunidades y aspirarlas cuando se presenten.

En otras palabras, el voluntarismo heroico que ha dominado la práctica política nicaragüense no es una teorización política, a partir de la observación sosegada de la lucha por el poder. Más bien es una intuición, sin análisis y reflexión, que irrumpe como una fuerza física y emocional que no reconoce los beneficios de la razón.

No obstante, los desafíos del siglo XXI demandan la construcción de una visión política y ética que permita cimentar consensos para enfrentar los desafíos. Seguir utilizando, únicamente, la intuición para percibir y resolver los desafíos del presente, es seguir rechazando la razón y el método. Por ende, continuar siendo víctimas de fuerzas mágicas e incontrolables que están fuera de la lógica racional que nos imponen una especie de ruleta dominada por la suerte, Dios, el azar y la magia.

A la luz de nuestra experiencia política irracional y destructiva, la negociación política adquiere validez, en la medida que controla el conflicto y evita que derive en una guerra destructiva. Más aún, el axioma del negociador es que frente a la máxima de luchar y ceder, siempre es preferible negociar. Pero solo negocian los que tienen necesidades y la primera gran tarea es diagnosticar bien las necesidades nuestras y las de nuestros adversarios, para no frustrar el proceso.

No hay duda, que los actores que tienen la mayor responsabilidad en la resolución pacífica de los conflictos sociopolíticos son aquellos con el mayor poder político, económico y cultural. Afortunadamente, parece que esta vez, la resolución del conflicto no solo estará en manos de las élites privilegiadas que detentan el poder sino que habrá otros actores. Los nicaragüenses esperamos que los nuevos actores vean el conflicto como algo inevitable y necesario, pero también la cooperación como algo deseable. Esperemos que esta vez tengamos la madurez suficiente para no desperdiciar el siglo XXI.

El autor es director ejecutivo del Movimiento por Nicaragua.