Las revelaciones de septiembre

Estas revelaciones, oportunas como impactantes, están contenidas en Fear (Miedo) de Bob Woodward, El preso 198 de Fabián Medina y Los cuadernos de Centeno

Cartas al director

Acaban de salir a la luz en Estados Unidos, Nicaragua y Argentina desafiantes revelaciones en la esfera política, de personajes que se han hecho merecedores de una seria y amplia investigación por sus actos corruptos en el ejercicio de sus funciones.

Estas revelaciones, oportunas como impactantes, están contenidas en Fear (Miedo) de Bob Woodward, El preso 198 de Fabián Medina y Los cuadernos de Centeno sobre la corrupción kirchnerista. Aparte de la eventualidad de aparecer cercanas en el tiempo, es curioso que entre los personajes de los que se ocupan los autores de dichas revelaciones existan semejanzas impresionantes, a saber.

En estos tres casos: Trump, Ortega y Cristina K., quien más quien menos, son dueños de una conducta patológica como insensata y oportunista, por ser tan contradictorios y controvertidos; son mitómanos empedernidos, mienten tanto que hacen de su mentira una verdad inmutable y obligan a su mesnada a asumirla sin cabida para el discernimiento. Sus alteradas y confusas visiones de la realidad es posible que ni a ellos convenzan, toda vez que no se han aprendido con lucidez el guion preparado y revisado. Se acomodan con sus leales y sumisos servidores que cada vez son menos y más escasos de materia gris.

Son ególatras, hipócritas, tramposos, codiciosos, incapaces, alientan la cleptomanía, premian el delito y criminalizan las acciones y opiniones del adversario; como regla general, criminalizan los hallazgos que los exponen a la vindicta pública y toda crítica en su contra son noticias falsas; los insultos empleados para los que piensan distinto son soeces y desmesurados; su populismo a nivel de país es irresponsable como aventuradas son sus decisiones a nivel internacional. Ellos tienen en común el miedo de sentirse arrinconados pero a la vez ostentan irredentos lo que les ha caracterizado: la soberbia, el autoritarismo y el descaro para tergiversar, calumniar y descalificar.

Ninguno de estos tres sujetos representan las aspiraciones de los pueblos de esas naciones en nuestro continente.

Tienen un enorme déficit que cubrir. Únicamente velan por sus sórdidos y siniestros intereses personales, a partir de procesos electorales amañados. Generan lealtades por tráfico de influencias, información privilegiada y encubrimiento de negocios ilegales.

El sufrimiento y la desesperación a los que someten a tanta gente desamparada van en contra de los derechos humanos, pero defienden el crecimiento económico soslayando la contrapartida del desarrollo humano constructivo. Al cabo desatan cacerías indiscriminadas para procesar, con el concurso de jueces venales, a quienes el Estado debe proteger por su vulnerabilidad o inocencia. Sin embargo, estos tres figurones son peligrosos porque son impredecibles y, por tanto, incontrolables. Mientras ellos disfrutan sus desquiciadas posturas con sus millones, el pueblo las padece. Pese a todo, no es de esperar que sigan como si nada por el resto de sus vidas.

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