Las mil y un artes de Katia

Baila, estudia actuación, dibuja, da clases, escribe, habla cuatro idiomas, es intérprete, traductora y tiene 24 años de edad, conozca a Katia Duranza

LA PRENSA/ Oscar Navarrete

Al ritmo de la música árabe las caderas de Katia Duranza parecen obtener autonomía, se contonean con sensualidad y se complementan con el vibrar de sus hombros que obedecen al compás de la canción; sus brazos y piernas estilizan los movimientos corporales que caracterizan al belly dance, el baile que ha practicado por más de 15 años.

Más que un baile, la danza árabe es la conexión que Duranza encontró, desde muy pequeña, entre la realidad que vive y su mundo interior. “Me hace sentir libre. Es un lenguaje en el que no necesito de palabras para expresarme. Siento que los problemas, el estrés, se desconectan sin yo forzarlos… mentalmente es mucha satisfacción”, dice esta joven que se inició en la disciplina cuando apenas tenía 7 años y que además de seguir estudiando el arte del belly dance también se dedica a enseñarlo.

Lea además: Olesia Muñoz, de cantar en las iglesias a prisionera del orteguismo

Katia
Katia Duranza baila al menos unas 20 horas a la semana. Además del belly dance recurre a otros ritmos que van desde danza contemporánea hasta ritmos latinos. LA PRENSA/Oscar Navarrete

Pero esta no es la única pasión que Katia Duranza tiene a sus 24 años. El dibujo, la actuación, la poesía y los idiomas son otros de los grandes intereses de esta mujer que se autodefine como “terca e independiente”, pero sobre todo enfocada en sus proyectos personales. “La verdad me veo como un camaleón. No tengo miedo de las críticas. Mi madre siempre me apoya en todo y me recuerda: ‘Imagina que ya tienes el no, ahora ve por el sí’, explica sobre su perseverancia en las distintas disciplinas que desarrolla.

Además: Edwin Carcache, el muchacho del gorrito azul y blanco

Antes de entrar a la universidad aprendió el idioma portugués. Se graduó como licenciada en enseñanza del inglés como lengua extranjera y posteriormente aprendió alemán, gracias a voluntariado que realizó en el país europeo. El árabe es otro de los idiomas que sigue aprendiendo pero aún no lo domina en su totalidad.

Talento

Desde el embarazo, hasta la fecha de nacimiento de Katia Guadalupe Duranza Mora fue elegida por su madre Olivia Mora Calero: “Ella fue un embarazo planificado. Y como iba a nacer por cesárea, yo decidí que naciera el 16 de septiembre (de 1994) porque 14 y 15 son fechas feriadas”, cuenta.

katia
Katia Duranza cargada por su papá Lázaro Duranza. LA PRENSA Cortesía

Katia fue el nombre que doña Olivia Mora escogió para su hija por gusto propio. Sin embargo, su segundo nombre lo eligió su papá y tiene una historia más espiritual. “Mi papá no había logrado tener un hijo en sus relaciones anteriores en Cuba y llegó a Nicaragua pensando que era estéril. Cuando estuvo con mi mamá viajó a México y visitó la Basílica de Guadalupe donde tiró una moneda y pidió (a la Virgen) dos deseos: poder tener un hijo y que fuera mujer. Y se le cumplió. Cuando yo nací no la pensó dos veces y me puso ese nombre”, explica Katia Guadalupe.

El crecimiento de esta bailarina se vio influenciado, inevitablemente por dos culturas; nicaragüense por parte de su madre y cubana por su papá. De hecho, doña Olivia estima que los dotes artísticos de su hija pudo haberlos heredado de la familia del padre de Katia con quien la joven siempre ha permanecido en contacto, a pesar de la lejanía.

Además: Las condenas sospechosas del orteguismo contra los jóvenes Brandon Lovo y Glen Slate

Katia
Katia Duranza practica la danza árabe desde que tiene 7 años. LA PRENSA/Oscar Navarrete

Es la segunda de tres hijos y desde pequeña su carácter la ha definido al grado de parecer la mayor, dice su madre. Independiente, decidida, curiosa, extrovertida e hiperactiva son algunos de los adjetivos con los que doña Olivia resume la personalidad de Katia.

Cuando estaba pequeña “agarraba una caja de cartón y le abría un hoyo en medio y se ponía como que eso era la televisión, como que ella era una artista. Y mi mamá (abuela de Katia) se ponía a aplaudirle como que era su fan”, recuerda sobre su hija.

“Mi papá (cuando era una niña) siempre me sacaba a bailar cuando estábamos en reuniones familiares. Él me agarraba de los brazos y me ponía en el centro (de la pista), le gustaba bailar todo tipo de canciones conmigo y me aplaudían. Quizás ese fue un plus para que me inclinara por la danza desde muy pequeña”, explica Duranza Mora sobre el origen de su gusto por el baile.

Al belly dance o danza del vientre, Duranza lo describe como el puente que la ha conducido a explorar otras artes y que a la vez ha logrado fusionar con ritmos como danza contemporánea, tribal y capoeira. Lo que ella considera un ritual a la vida, le ha permitido conocerse a sí misma y saber de cuánto es capaz y elevar su autoestima, principalmente en su adolescencia, la que considera una de las etapas más complicadas en el crecimiento de cualquier persona y a la vez de mucho descubrimiento.

Lea también: El héroe de la guerra que acusan de “terrorista”

Algunos de los retratos que Katia Duranza ha realizado en los últimos meses. FOTO: Cortesía/ LA PRENSA

Si Katia no está bailando posiblemente está en su cuarto dibujando en grafito o a color algún rostro que haya atrapado su atención. O simplemente puede que esté inspirada haciendo poesía, otra de las formas a través de las cuales dice desahogarse y comunicarse; poemas que un día pretende plasmar en otros idiomas y compartirlos de manera pública, pues hasta ahora solo lo hace para deleite personal.

La actuación es otro de los talentos que Katia cultiva. No para de crear. Sumergirse en distintos personajes ha sido un reto con el que considera ha logrado potencializar más de su personalidad. “Mi frase es: ‘¿Por qué no?’ Me gusta la idea de poder compartir lo poco que sé, tanto académica como artísticamente y creo que todo lo que hago al final se complementa muy bien. Por eso sigo en la construcción de ese personaje real de Katia”, señala. Y afirma que procura reinventarse cada día.

Conexión con el mundo

El arte le ha permitido a Katia Duranza adentrarse en su mundo interior y descubrir la artista que hay en ella. En tanto los idiomas le han abierto las puertas al mundo, una habilidad que descubrió desde sus primeros años de estudio. “Me acuerdo que en primaria tuve una maestra llamada Gloria que me regañaba bien fuerte por cada acento, coma y falta ortográfica. De esa manera nos hizo a todos (los alumnos) unos tremendos en la caligrafía y todo lo que tenía que ver con el español, y yo, una perfeccionista nata pude enamorarme de la clase de lengua española y así poco a poco fue surgiendo todo este interés en idiomas”, explica.

Katia

 

También: La historia de Carlos Hernández, el hombre esposado a la camilla de un hospital

Un examen de aptitudes, aparentemente sin relevancia, reveló que ella podía convertirse en una maestra, traductora o escritora, “y es lo que hago ahora”, remarca Katia, sorprendida de que sin prestarle atención a los resultados ahora esté sobre la misma línea. “Yo recuerdo que quería estudiar una carrera con la que pudiera romper barreras, que me conectara con el mundo, con las culturas, que tuviera letras y habían muchas que me gustaban”, comparte. Para entonces ya había aprendido por casi tres años el portugués.

Las condiciones económicas de la familia de Katia Duranza no la limitaron. Siempre supo que debía sobresalir, estudiar mucho para lograr a través de becas el financiamiento de su educación, sus sueños. “Prácticamente todo lo que he hecho ha sido de gratis. Desde la universidad, los cursos, las artes, las clases que he recibido ha sido por beca o he pagado muy poco”.

Katia
Retrato en grafito de Álvaro Conrado, hecho por Katia Duranza. LA PRENSA/Cortesía

“A mí me sorprende la Katia y hasta me da miedo. Si un día me dice que se va a subir sobre un camello en el desierto yo le creo… Todo lo que me ha dicho que va a hacer lo ha logrado. Me acuerdo que un día como a las 11:00 de la noche entré a su cuarto y me dijo: ‘Mamá, me voy para Alemania’. Seis meses después estábamos en el aeropuerto con ella que iba de viaje”, cuenta doña Olivia Mora sobre la persistencia de su hija.

Katia
LA PRENSA/Cortesía/Eduardo Ibarra

Katia Duranza viajó a Alemania para realizar un voluntariado social de un año con refugiados en ese país. Cruzar el océano superó sus expectativas. Tuvo la oportunidad de enseñar español y logró poner en práctica lo que hasta entonces había aprendido del idioma árabe. Llevaba casi dos años estudiándolo en Nicaragua, acercándose a la religión y a la cultura árabe en una mezquita que está en Managua. “Fue muy bonito lograr comunicarme con algunos niños en su propio idioma, árabe”, relata. En el país europeo no solo cumplió un voluntariado su mochila regresó cargada de experiencias y un nuevo idioma, el alemán.

Katia
Katia Duranza cuando estuvo en Alemania. LA PRENSA/Cortesía

Ha perfeccionado el español, su lengua materna, a través de cursos y seminarios para dar clases en línea a extranjeros y es a lo que se dedica desde que salió de la universidad, además de la enseñanza del inglés. De forma independiente también lleva a cabo proyectos de traducción y como intérprete en cualquiera de los idiomas que maneja.

En un plazo no muy lejano, la próxima meta de Katia es hablar francés, italiano y mandarín.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: