Cronología sangrienta

Nicaragua entera está unida en un solo sentimiento de libertad y justicia. Unámonos en oración por nuestros presos políticos y el futuro de nuestra nación

Ya llevamos más de cinco meses desde que inició la más sangrienta represión que ha tenido nuestro país.

Los jóvenes de Nicaragua han liderado una rebelión cívica histórica, sin precedentes, que ha inspirado a toda la población. Inició en las universidades, luego se extendió a los departamentos del país, se unieron los campesinos, la población civil, ¡Nicaragua entera!

Se han realizado diferentes formas de protesta cívica, comenzando con las multitudinarias marchas que siempre son atacadas por el gobierno. También se han hecho marchas cibernéticas, tranques, paros nacionales. Las banderas azul y blanco de nuestra patria se han convertido en verdaderos símbolos de protesta. En general, todo lo que implique azul y blanco es un dolor de cabeza para el régimen, llegando al extremo irracional de capturar y detener a ciudadanos que venden o andan con banderas o incluso chimbombas azules y blancas. ¡Insólito!

La “operación limpieza” fue una brutal matancina contra los autoconvocados que se defendían del régimen en las barricadas. Pueblos como Monimbó lucharon con tremenda valentía, con su frente y moral en alto hasta el último minuto, cuando llegaron con maquinaria pesada y armados hasta los dientes, ¡arrasando con todo!

Es muy lamentable como muchas voces que se alzaron contra la dictadura de Ortega, exigiendo justicia de manera pacífica, hayan sido apagadas cobardemente. La brutal represión ha dejado una terrible cadena de muerte, encarcelados, torturas inhumanas, desapariciones, exilio forzado y despidos totalmente injustificados.

La Iglesia católica ha jugado un papel crucial en esta situación de represión, desde el inicio, apoyando a la población indefensa contra los terribles crímenes y arbitrariedades del genocida gobierno. Tanto los sacerdotes como los templos han sido víctimas de brutales ataques por parte de paramilitares y turbas sandinistas. El pueblo de Nicaragua reconoce a los obispos como mediadores del Diálogo Nacional e insta al Gobierno a reanudarlo, como última opción cívica para retornar a la agenda principal: Justicia y democratización.

Lo lamentable es que el gobierno de Ortega insiste en que los culpables de esta lamentable situación de caos y dolor son los que él llama “golpistas y terroristas”. No tiene la menor intención ni voluntad de retomar el diálogo nacional. En las reuniones internacionales los delegados del Gobierno insisten en decir que en Nicaragua hay normalidad, que no hay detenidos ilegalmente ni torturados en las cárceles, con un cinismo impresionante.

No se puede permitir elecciones con Ortega en el poder. Ya debería estarse conformando la Junta de Gobierno de Transición, con personas íntegras y honestas. Nicaragua entera está unida en un solo sentimiento de libertad y justicia. Unámonos en oración por nuestros presos políticos y el futuro de nuestra nación. ¡Dios bendiga a Nicaragua!

La autora es arquitecta.