Inicia nueva etapa de terror orteguista en Nicaragua

La Policía bloqueó este sábado a los autoconvocados que participaban en la marcha “Nicaragua en rebeldía. ¡No tenemos presidente!”

Momento en que la Policía Orteguista lanzó bombas a los manifestantes. LA PRENSA/ Manuel Esquivel

Un día después que la Policía Orteguista oficializó la criminalización a las protestas cívicas en contra del régimen del dictador Daniel Ortega y amenazó con cárcel a personas y organismos que las convoquen, realizó un descomunal despliegue para atacar con bombas a la población, a la que también persiguió por las calles del barrio El Riguero, en la ciudad de Managua. Así inició una nueva etapa de terror hacia los manifestantes, y busca evitar las marchas.

La Policía bloqueó este sábado a los autoconvocados que participaban en la marcha “Nicaragua en rebeldía. ¡No tenemos presidente!”. El operativo fue dirigido por el comisionado general Fernando Borge, segundo jefe de la Dirección de Managua, quien fue increpado por la población autoconvocada que le mostraba una Constitución, con la que puede leerse el artículo 54 que permite la movilización pacífica.

Las fases de la represión

Antes de esta etapa de endurecimiento del régimen, desde abril cuando la población empezó a manifestarse en las calles, se habían visto al menos tres fases de represión.

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Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), se dio una tradicional con uso directo de la fuerza policial contra los manifestantes; la segunda etapa fue la “operación limpieza” que buscaba desmontar los tranques en todas las ciudades y carreteras del país al costo que fuera, lo que provocó luto en cientos de familias; y la tercera, la criminalización de los manifestantes, en la que son enviados a los juzgados y los acusan por terrorismo.

Con el ataque que hizo la PO en el barrio El Riguero, el sábado, se envió el mensaje claro de que se haría cumplir la nota de prensa de la Policía Orteguista, en la que advertía que los convocantes de las “manifestaciones ilegales” podrían levantárseles cargos.

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La PO llamó a las protestas “concentraciones y movilizaciones públicas ilegales” y aseguró que las personas u organismos que convoquen a manifestaciones “son responsables y responderán ante la justicia, de las amenazas, acciones delictivas y agresiones que se presenten en el desarrollo de estas actividades”.

La gente no tiene miedo

Sin embargo, las personas salieron sin miedo a participar en la marcha de este sábado. La movilización saldría de la rotonda Cristo Rey, en la ciudad de Managua, pero desde horas tempranas el lugar fue tomado por fanáticos del orteguismo.

Esas condiciones no amedrentaron a los autoconvocados que llegaron a la zona y se apostaron por la gasolinera más cercana a la rotonda. Estaban gritando que “se fuera Ortega”, cuando apareció el comisionado general Borge, acompañado de otra oficial que sostenía un megáfono.

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La población increpó así al jefe policial: “¿Porqué no nos van a dejar marchar?”. El alto oficial no respondió.

Cuando LA PRENSA le consultó sobre qué hacía en este sitio, se quedó callado e hizo una seña a una camioneta que inmediatamente lo pasó a traer.

De la gasolinera, adonde se reunieron en un principio, salieron rumbo al norte de la ciudad. Los autoconvocados se encontraron con varias patrullas de la PO que se habían aparcado minutos antes cerca de los semáforos del cauce El Dorado.

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Los oficiales crearon, junto con las patrullas, un cordón horizontal sobre la calle y evitaron que los manifestantes se desplazaran. Ante el asedio, los autoconvocados les reclamaron por su derecho a la libre movilización, pero recibieron empujones, les ordenaron que retrocedieran.

Cacería en El Riguero

Mientras los bloqueaban por ese sector, a unos cincuenta metros, otro contingente de más de setenta policías antimotines con todo su equipamiento armaron otro cordón horizontal para bloquear la entrada del barrio El Riguero, pero los autoconvocados lograron correr hacia el interior del mismo para refugiarse de la violencia estatal y tratar de seguir la manifestación pacífica.

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Sin embargo, para la PO cortarles el paso a los manifestantes no era suficiente. Ellos querían dispersar la marcha, y así lo hicieron.

Lanzan las bombas

En segundos las calles del barrio El Riguero se convirtieron en un caos: la gente que se disponía a marchar corría despavorida, mientras la PO los perseguía montados en sus camionetas, desde donde tiraban bombas, que al caer expulsan un gas y tras una explosión que aturde. Así sembraron el pánico en el lugar.

El ataque con bombas fue en una de las esquinas del barrio; había personas de la tercera edad, jóvenes, mujeres y periodistas; nadie importó. Cuando la patrulla pasó por el sector, desde la tina donde iban oficiales de la PO, lanzaron los artefactos.

Al ver la violencia, la población del barrio que ya estaba horrorizada abrió sus puertas a los autoconvocados, que se refugiaron por el temor a ser capturados por la PO.

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Después del ataque, los oficiales se tomaron todas las calles del barrio, y ya no solo patrullaban en camionetas, sino que recibieron refuerzos por oficiales armados que se desplazaban en motocicletas. Pasaban una, dos y hasta tres veces por la misma calle. La cacería no había terminado.

La gente del barrio se asomaba desde la entrada a sus casas, y, cuando veían a las patrullas salir de las esquinas de las calles, corrían y decían: “Ahí vienen, ahí vienen”. Otros más osados les gritaban “asesinos”.

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La persecución duró una hora y media. Una de las asistentes a la marcha explicó que los cercaron desde el inicio. Ella hizo el llamado al pueblo a levantarse y manifestarse.

“Entre más seamos, más vamos a poder contrarrestar todo esto porque nosotros somos la mayoría, ellos están en su marcha pagados, obligados, y todos los trabajadores del Estado tienen que ir para no perder su trabajo, si no se quedan en la calle”, expresó la pobladora.

Doble rasero policial

A diferencia del trato que dieron a los manifestantes opositores, la Policía Orteguista sabe tratar bien a sus amigos.

El régimen orteguista ha montado una ofensiva de contramarchas casi a diario, esto incluye plantones en las rotondas de la ciudad de Managua. Este sábado, volvieron a tomarse las calles con el supuesto anhelo de que quieren “paz”. En realidad, el dictador Daniel Ortega intenta recuperar los espacios públicos que perdió en abril, cuando la población que no se manifestó en la última década perdió el miedo.

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