Padre César Augusto Gutiérrez: «Ningún dictador es bienvenido a Monimbó»

En esta entrevista contestada por correo electrónico, asegura que los jóvenes promovieron el despertar de ser pueblo, que los monimboseños descubrieron con dolor que Daniel Ortega se convirtió en dictador

El sacerdote salesiano César Augusto Gutiérrez le dice al dictador Daniel Ortega que “renuncie”. LAPRENSA/M. ESQUIVEL

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Zapatea y zapatea al ritmo de la canción “Adelante Monimbó”. En su mano derecha sostiene una bandera de Nicaragua que mueve al compás de la música. El sacerdote salesiano César Augusto Gutiérrez danza bajo el abrasador sol y finaliza con una reverencia. Baila en la Placita de Monimbó el pasado 7 de julio, posterior a una de las tantas marchas cívicas que se realizaron en Masaya.

Ahora, tiene más de un mes de exilio forzado por amenazas de muerte. En esta entrevista contestada por correo electrónico, asegura que los jóvenes promovieron el despertar de ser pueblo, que los monimboseños descubrieron con dolor que Daniel Ortega se convirtió en dictador, que la Iglesia siempre va a estar con el pueblo, pese a que los llamen “golpistas” y, finalmente, le dice al dictador que renuncie.

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Usted vivía en el Colegio Salesiano, ubicado enfrente a la Placita de Monimbó, ¿cómo vivió la represión policial y paramilitar?

Las balaceras y las bombas me daban miedo. Durante la primera fase del conflicto, nos tocó pasar noches sin poder dormir bien, igual que a toda la población de Masaya y Monimbó. A pesar de los enfrentamientos, pudimos realizar algunas acciones de carácter humanitario y pastoral: repartir víveres, granos básicos que recibíamos de algunas parroquias de Managua y Granada.

¿Cuáles considera que fueron los motivos para que los monimboseños se levantaran contra Daniel Ortega?

El principal motivo está en la indignación que produce la injusticia y la violencia represiva en contra de personas que se manifestaban pacíficamente.

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Ver cómo golpean, disparan, hieren, matan y sufrirlo en carne propia en Monimbó; eso revuelve por dentro, duele, indigna.

El autoritarismo, el irrespeto a los derechos humanos, la inconstitucionalidad. Todo esto hizo que se despertara la conciencia de ser pueblo, la conciencia de que la vida, libertad y la justicia son valores irrenunciables.

La gente de Monimbó descubrió con dolor que el gobernante se volvió dictador y ningún dictador es bienvenido a Monimbó.

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La dictadura califica a las protestas cívicas como “un golpe” y a la misma Iglesia de “golpista”. Aseguran que los manifestantes son “vagos”, “delincuentes”. ¿Cómo valora este argumento?

En Nicaragua no hay ningún golpe de Estado. Lo que hay es un pueblo que reclama justicia, libertad y democracia. La tragedia de estos meses ha sido provocada por un gobierno incapaz de escuchar los reclamos del pueblo, un gobierno que ha usado la fuerza en modo desproporcionado y criminal.

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Como sacerdotes estamos llamados por Dios a acompañar al pueblo. Por estar con el pueblo, por defender su dignidad y sus derechos se nos ha acusado de ‘golpistas’ y algunos han sufrido, incluso, físicamente el ataque y la violencia de grupos progubernamentales y de las fuerzas policiales. Servir a Dios es enfrentar el riesgo político de salvar vidas, defender la dignidad y la justicia.

Una de las estrategias de los tiranos es descalificar y buscar desacreditar a quienes reclaman justicia, libertad y democracia. No son delincuentes ni vagos; son personas trabajadoras, profesionales.

¿Qué busca la dictadura con apresar a más de doscientas personas, de los cuales la mayoría son jóvenes?

Los primeros en reaccionar ante la injusticia y la represión fueron los jóvenes; ellos despertaron en todos la conciencia de ser pueblo. Las palabras que monseñor (Silvio) Báez les dijo en abril: “Ustedes son la reserva moral de este país, gracias porque ustedes han despertado a esta nación”.

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Precisamente porque los jóvenes han demostrado que son capaces de amar, de luchar por lo que es justo, son críticos frente a quienes no quieren que la gente piense por sí misma, por eso es que se les persigue, se les quiere callar, reprimir y matar. (…) Todos los presos políticos se les ha criminalizado porque expresaron su inconformidad con el sistema corrupto e injusto.

Padre, usted salió del país por amenazas de muerte y cárcel. ¿Cree que Ortega pueda convertir en realidad ese tipo de amenazas contra miembros de la Iglesia católica?

Después de ver el grado de criminalidad e inhumanidad que el Gobierno ha mostrado en estos meses, no puedo pensar que sea solo una forma de decir.

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¿Alguna vez sintió que estuviera en riesgo de morir debido  a las amenazas que recibía?

Sabía que me tenían en la mira, pero ver por dos días asediada la casa donde estaba, me dio miedo no solo por mí, sino también por mi familia.

Ortega dijo que no habrá más diálogo. ¿Cuáles son las siguientes acciones que deberían de desarrollar los obispos?

Los obispos fueron llamados a ser mediadores y testigos del Diálogo Nacional y han ejercido este servicio con gran sabiduría gracias a Dios.

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De parte del Gobierno no hay voluntad de diálogo. La persecución a los miembros de la Mesa del Diálogo y la descalificación hacia los obispos lo demuestra. Ellos, sin embargo, han sido claros: el diálogo es la única vía para que en Nicaragua no se siga derramando sangre. La violencia no es camino de liberación.

¿Cómo vive la crisis de Nicaragua desde el exilio? 

Dejar tu patria porque te persiguen, dejar a las personas que amas, dejar la comunidad a la que pertenecés y el trabajo pastoral que estaba haciendo… todo eso duele. Y duele más estar lejos y ver que continúan los asedios, la persecución, la represión, la muerte. Hacia el futuro próximo, yo veo un país libre.

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Si tuviera la oportunidad de hablar con Ortega, ¿qué le aconsejaría? 

Que no se siga manchando las manos de sangre. ¡Renuncie!

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