Charles Aznavour: Morir cantando

Un filme de la Nouvelle Vague lo sitúa como icono cinematográfico: Disparen al pianista (1960), dirigido por Françoise Truffaut. Aznavour interpreta al pianista Edouard Saroyan (alias Charlie Kohler)

El cantante y compositor francés Charles Aznavour durante un concierto en el Gran Teatre del Liceu, en Barcelona (España), el 20 de abril de 2018. Aznavour falleció a sus 94 años de edad. LA PRENSA/EFE/ Quique García

El primero de octubre recién pasado, la muerte se llevó a casa a Charles Aznavour, a los 94 años de edad.  Por su personalidad campechana y actitud reposada ante la vida, daba la impresión de que iba a estar con  nosotros eternamente.

Parisino de origen armenio, surgió como baladista con el apoyo de Edith Piaff. Pronto se convirtió en el cantante francés más famoso del mundo.

Un filme de la Nouvelle Vague lo sitúa como icono cinematográfico: Disparen al pianista (1960), dirigido por Françoise Truffaut. Aznavour interpreta al pianista Edouard Saroyan (alias Charlie Kohler).

Inspirado en las películas policiales estadounidenses de bajo presupuesto de los años cincuenta, el filme impactó por su espíritu experimental, mezcla de comedia y tragedia con planos intertextuales;las conversaciones prolongadas sin relación con la trama inspiraron a Tarantino.

Las características principales de Aznavour como actor fueron su mirada melancólica y su cuerpo enjuto y pequeño (medía cinco pies, dos pulgadas de estatura), que le daban un aspecto de vulnerabilidad, ideal para interpretar personajes marcados por el destino.

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Sus carreras paralelas

Como cantante y actor siguieron caminos separados (aunque cantó en películas protagonizadas por otros actores). No obstante, después de algunos protagónicos como El paso del Rhin (1960), de André Cayatte, su carrera en el cine se concentró principalmente en papeles secundarios, destacando en La cabeza contra la pared (1959) de Georges Franju; Los juegos (1970) del británico Michael Winner (Aznavour interpreta a un corredor olímpico inspirado en el checo Emil Zatopek) y El tambor de hojalata (1979) de Volker Schlondorf (novela de Gunter Grass).

En 2002 tuvo el rol protagónico en Ararat (2002), del director canadiense de procedencia armenia Atom Egoyam, como un cineasta que filma un documental sobre atrocidades contra los armenios.

Muy popular fue El mundo de los aventureros (1969), sobre novela de Harold Robbins, mezcla sensacionalista del mundo del jet-set y las revoluciones comunistas.

Estrenada en época de gran efervescencia revolucionaria, fue rechazada por sectores intelectuales de izquierda por sugerir que las revoluciones triunfantes adquieren de forma casi natural las características de las dictaduras que reemplazan.

El tiempo ha mejorado la percepción del filme. Aznavour comparte escenas con el yugoslavo Bekim Fehmiu, Rosssano Brazzi, Candice Bergen y Fernando Rey.

Vista de flores junto a la estrella del Paseo de la Fama de Hollywood del cantante y actor francés Charles Aznavour .  LAS PRENSA/EFE/EUGENE GARCIA

Fue un auténtico poeta

Como letrista, fue un auténtico poeta, especializado en la canción autobiográfica de hondo dramatismo. Venecia sin ti, éxito de multitudes, excesivamente convencional, no se cuenta entre las favoritas de los aznavourianos, que preferimos La Bohéme (sobre un artista que retorna a los lugares donde pasó sus años de bohemia juvenil y lo encuentra todo cambiado), La Mamma (1962) y Une vie d’amour (música de George Garvarentz), compuesta para el filme soviético de espionaje Teherán 43 (1981), con Natalya Belokhvostikova y Alain Delon.

Aznavour fue siempre sensible a las causas de los necesitados. Ante la crisis de los refugiados en Europa, ofreció su casa como albergue de emigrantes.

Su voz caprina, no era potente. Pero, sensual y clara, lograba transmitir sentimientos de forma sencilla y directa, mejor que otros cantantes con voces más sofisticadas.

*Escritor y crítico de cine

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