Dorothea Tanning o el impresionante mundo onírico y rupturista dominado por la mujer

Retrospectiva en el Museo Reina Sofía abarca obras que van desde la pintura, dibujos, diseño de vestuario y decorados para ballet, instalaciones, esculturas, muchas de ellas "blandas" y varias películas

Una de las obras de «Dorothea Tanning: Detrás de la puerta, invisible, otra puerta», primera retrospectiva de Dorothea Tanning (1910-2012) que se expone en el Museo Reina Sofía de Madrid. LA PRENSA/EFE/Juan Carlos Hidalgo

«Mujeres artistas: no existe tal cosa o persona… puedes ser una mujer y puedes ser una artista; pero lo primero te viene dado y lo otro eres tú». Estas palabras de Dorothea Tanning definen a esta artista pionera del surrealismo a la que el Museo Reina Sofía de Madrid dedica una retrospectiva.

«Dorothea Tanning. Detrás de la puerta, invisible, otra puerta» es el título de la muestra, la primera retrospectiva en el mundo de esta mujer «que estuvo a la sombra de los grandes hombres artistas del siglo XX», como su marido Max Ernst, según el director del Museo, Manuel Borja-Villel.

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Una mujer observa una la obra Abrazo 1962  pintada por la estadounidense Dorothea Tanning. LA PRENSA/EFE/Juan Carlos Hidalgo

«Tanning creía en el poder del arte para cambiar y crear ideas más allá de lo establecido», ha subrayado.

La americana Tanning (Illinois, 1910-Nueva York, 2012) está considerada una de las artistas más importantes del siglo XX.

Pintora, ilustradora, escultora, narradora y poeta, jugó un papel muy importante en el surrealismo.

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Pero «por desgracia no ha sido suficientemente conocida o parcialmente conocida, aunque trabajó durante 70 años» y sus obras forman parte de muchas de las exposiciones de vanguardia, subrayó Borja-Villel.

La muestra, comisariada por Alyce Mahon, incluye más de 150 obras de arte creadas entre 1930 y 1997, algunas de ellas nunca vistas por el público, que proceden de colecciones privadas y de instituciones como el Centro Pompidou de París, la Tate Modern de Londres o el Museo de Arte de Filadelfia (EE.UU.).

Un viaje onírico, psicológico y rupturista por obras que van desde la pintura, dibujos, diseño de vestuario y decorados para ballet, instalaciones, esculturas, muchas de ellas «blandas» y varias películas.

Un impresionante recorrido también por salas con instalaciones temáticas en que el símbolo de la puerta, concepto en torno al cual gira la exposición, adquiere un valor muy importante.

El título de la exposición está sacado de una entrevista de Tanning con el crítico francés Alain Jouffroy en 1974 en la que explicó que su primer arte exploraba «este lado» del espejo de la puerta, mientras que su arte posterior se dirigía al «otro», ofreciendo «un vértigo perpetuo» en el que la puerta visible o invisible, conducía a otra puerta.

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Detalle de la obra Perros de Citerea 1963 de Dorothea Tanning. LA PRENSA/EFE/Juan Carlos Hidalgo

Con esta idea, Tanning utilizó la puerta para dividir el espacio privado y público, en sus pinturas los cuerpos y esculturas tiene cuerpos arqueados en movimiento que parecen que quieren salir de las paredes, los marcos o los espacios para reflejar un mundo surreal y fantástico.

«La puerta era para la artista una invitación para entrar en un mundo de sueños y miedos», recalcó el director del museo.
La exposición se divide en ochos secciones o habitaciones que muestran la evolución artística de Tanning.

La primera de ellas se abre con un autorretrato a lápiz de 1936 y la última termina con un autorretrato de 1986, «con la idea de reclamar un cuerpo fluido, en el que el deseo no tiene edad ni límite», según la comisaria, que destacó que Tanning «abrió las puertas a una generación de mujeres rebeldes, que quisieron crear su propio lenguaje».

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«El autorretrato» es la primera sala con las primeras obras de Tanning, donde se muestra su surrealismo, impactada por la exposición del dadaísmo en 1936 en el MoMA.

«Partidas de ajedrez» es otra parte importante de la muestra donde se contempla la importancia de este juego en la relación con su pareja Max Ernst y donde se ve todo lo relacionado con el ajedrez en pinturas, correspondencia y colaboraciones cinematográficas.

Otra de las salas es «La mujer niña», en la que Tanning, a través de pinturas y escritos, a veces fantasmales, destaca el potencial erótico o la conciencia sexual de la preadolescente.

En «La novela familiar» explora la familia y los códigos patriarcales que ésta representa y cómo la artista lo subvierte. «La maternidad», «Vidas de tango», «Cuerpos y esculturas blandas», que recuerdan a Louise Bourgeois, conforman la muestra.

En la exposición destacan también la instalación de «Hotel du Pavot, Chambre 202» (1973), una habitación surrealista con esculturas vivientes, y la zona que cierra la muestra «El deseo dionisíaco» con pinturas cuerpos entrelazados.

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