Doña Violeta

Mujer virtuosa y llena del amor de Dios. Artífice del proceso de paz y reconciliación de su pueblo querido. Luchadora incansable en pro de la justicia, la libertad y la democracia

Mujer virtuosa y llena del amor de Dios. Artífice del proceso de paz y reconciliación de su pueblo querido. Luchadora incansable en pro de la justicia, la libertad y la democracia.

Con el triunfo electoral en febrero de 1990, doña Violeta descendió el telón sobre uno de los periodos más negros de la historia nacional. Triste historia del saqueo de Nicaragua para beneficio de unos cuantos. Qué ironía la de la vida, tanto que hablaron de crimen y corrupción y ellos, en tan solo 11 años de doctrina comunista fueron peor, sistema cruel que fracasó. Personalizarían el engaño más canalla del que jamás hayamos tenido memoria los nicaragüenses, siendo los causantes de la deuda adquirida por Nicaragua hasta por un monto de 12,500 millones de dólares, que el gobierno de doña Violeta logró reducir a 6,500 millones de dólares, a pesar de tener al FSLN haciendo “gobierno desde abajo” y boicoteando su Administración.

Los nicaragüenses, encabezados por doña Violeta, nos dimos a la tarea de construir la democracia. Estábamos conscientes de que era un Gobierno de transición con el reto de resolver en esa etapa los múltiples y complejos problemas heredados, después de botar a la tiranía somocista de 44 años y después de 11 años de dictadura totalitaria, de cultura de guerra y odio de clases.

El trabajo fue intenso e ingente, pero positivo y gratificante ya que en su administración se sentaron las bases firmes para la construcción de la democracia. Nos reinsertamos en la economía financiera mundial, se redujo la deuda externa, se desarmó a la Contra y se fortalecieron las instituciones, incluidos el Ejército y la Policía, a fin de responder a los colores de la patria.

Fue fundamental el actuar y los mensajes de concordia, de paz, de reconciliación y de unión de doña Violeta y la eficiencia y eficacia de los funcionarios públicos de entonces.

Con tales virtudes (las de doña Violeta), aunado a la preferencia del interés público sobre el propio y de amor a la patria, el gobierno democrático tan ansiado después de muchos y largos años se vislumbró como una realidad con la esperanza de ser un paso histórico irreversible.

El gobierno, como todas las cosas del mundo, para conservarlo hay que amarlo. Doña Violeta tuvo amor y dio el primer paso como gobernante. Ahora es menester que cada ciudadano esté dispuesto a reconquistar, a amar y defender la democracia que soñó el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Hoy tenemos encima una dictadura que no es más que un somocismo renovado en el orteguismo, al fin y al cabo ambos son la misma cosa.

Debemos recordar con mucho respeto y cariño a este personaje de nuestra historia que es digno de quitarnos el sombrero para aplaudirla. ¡Viva doña Violeta! ¡Viva la democracia! ¡Abajo la dictadura!

El autor es exasesor tributario.