La canallada más grande de la historia

Me da tristeza saber de colegas y aun de exprofesores a quienes siempre he estimado, a quienes he reconocido por sus inmensos sentimientos humanistas que callan ahora vilmente ante semejante atrocidad

Es extremadamente preocupante un país que no respeta la libertad del ejercicio profesional. Más todavía cuando ese derecho se refiere a la salud. No se trata de ser de izquierda, derecha o no ser nada. Ser o no ser golpista, terrorista, minúsculo o numeroso. Agredir a aquellos que ejercen la profesión médica es agredir al que puede salvar la vida del propio gobernante, su hijo, la del matón a sueldo o la del fanático orteguista, policía, paramilitar o cualquiera de sus familiares.

Es casualmente por esta sencilla razón que todos aquellos que apoyan esta política aberrante pueden pagar muy caro su ciego fanatismo. Existen muchas otras razones que sin duda ponen a aquellos que implementan este sistema de terror en la categoría de genocidas. Me extraña aún más ver como algunos profesionales de la salud, seres con un nivel de educación más elevado que el del resto de la población, por temor o por ceguera partidaria, se alinean siguiendo órdenes descabelladas y suicidas o peor todavía, por callar y con su silencio consentir algo que va contra los principios éticos y morales más básicos de su profesión. Que va contra su juramento y que los condena a la más mísera de las condiciones de un ser humano.

Me da tristeza saber de colegas y aun de exprofesores a quienes siempre he estimado, a quienes he reconocido por sus inmensos sentimientos humanistas que callan ahora vilmente ante semejante atrocidad. Todo para no irritar al comandante, por quedar bien con él como si este fuese Dios. ¿Cuál es el miedo señores doctores y maestros?

Aparte del rumbo político que las protestas tomen, el ejercicio de la medicina no puede ser politizado y a nadie se le puede obligar a tomar bando cuando de salvar una vida se trate sea esta la del malvado más grande, terrorista más atroz, orteguista o aun del que atenta contra nuestra propia vida. Es por esto que alzo mi voz para pedir el cese de la represión y del terror contra médicos, enfermeras, y personal de salud por atender a quien lo pide.

Esto es la canallada más grande de la historia de Nicaragua. ¿Dónde están esos exdecanos de Medicina, directores de hospitales sean del gobierno o no —porque ante todo son médicos—, los compañeros médicos exministros de Salud. Aquellos que lucharon por una Nicaragua más justa, predicaban amor y justicia y se llenaban la boca con credos redentores socialistas cuando estudiábamos juntos Medicina en los años 70?

¿Dónde están que no oigo su voz? Es ahora que tienen que gritar y demostrar lo revolucionario que eran o fue que solo se hicieron pasar sin serlo demostrando una hipocresía sin límites. Nicaragua los va a juzgar también por mucho que se oculten bajo las naguas de un genocida probablemente enfermo mental al que hay que tenerle compasión y mucha, pero mucha lástima.

El autor es médico y cirujano.

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