Los megatranques

Los pocos turistas que se aventuran a venir a Nicaragua, al pasar por estos megatranques militarizados deben de salir horrorizados en el primer vuelo

Aunque los tranques convencionales levantados por los autoconvocados fueron derribados hace meses a sangre y fuego, el propio régimen dictatorial Ortega-Murillo se ha encargado de levantar nuevos tranques, solo que ahora son más grandes y diversos: los hay materiales como los megatranques de furgones que se han levantado en los puestos fronterizos y los hay también más sutiles, pero cuyo efecto es el mismo: parar, detener, frenar.

Comencemos con lo más evidente: los furgones. Al instaurar un régimen de registro minucioso a toda la mercadería que pasa por Nicaragua, la dictadura demuestra que no le interesa la economía nacional, mucho menos la de los países vecinos centroamericanos que se ven perjudicados por dichas medidas arcaicas.

La dictadura es víctima de una paranoia enfermiza y contagiosa, que ha migrado ahora de El Carmen a las fronteras y las rotondas de Managua, donde a diario se produce una nutrida movilización policial, dizque en protección a los aburridos y cansados empleados públicos, que son obligados a abandonar sus puestos de trabajo para ir a “rotondear” y mostrar su apoyo al régimen.

Los pocos turistas que se aventuran a venir a Nicaragua, al pasar por estos megatranques militarizados deben de salir horrorizados en el primer vuelo (de los pocos que quedan), fuera de Nicaragua, un contrasentido con el afán manifiesto del régimen de pregonar la normalidad y fomentar el turismo.

Otro megatranque físico es el de El Carmen, donde muchas manzanas y viviendas han quedado entrampadas en una especie de valla o muro perimetral construido a su alrededor que impide la libre circulación ciudadana, y cuando los principales residentes salen de su entorno, toda la ciudad se convierte en un megatranque.

Pero hay otro megatranque que es peor: es el tranque de la confianza en la economía de parte de la inmensa mayoría de la población, ya no digamos de los inversionistas y empresarios. Este es el megatranque responsable del estancamiento económico, y no los tranques físicos que en su momento semiparalizaron el país.

Ayuda, fomenta y refuerza este megatranque de la confianza, la ola represiva —que no parece tener fin— contra los organizadores de los antiguos tranques y las pasadas protestas masivas. En lugar de fomentar la normalidad, esta política represiva de cárceles llenas, fortalece el megatranque económico. El país está en un estado de sitio no declarado.

Lo triste es que para desmontar este tranque, en la confianza que a su vez levante el megatranque económico, la dictadura debe tomar medidas políticas conducentes a crear la confianza y no a la inversa, como hasta ahora ha venido haciendo.

No le aconsejaré a Ortega y Murillo lo que tienen que hacer porque lo saben muy bien y es remojar sobre mojado. Ya lo hizo en una ocasión en 1989 y resultó bien, Nicaragua tuvo la paz y el progreso que no disfrutó durante la primera dictadura.

El autor es periodista, exministro y exdiputado.

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