La historia de David «El Costeño» Bency: De güirisero a boxeador

David "El Costeño" Bency siempre ha vivido su día a día sin hacerse muchas ilusiones.  Tiene 30 años y hace siete debutó en el boxeo profesional.  Su seudónimo es el reflejo de su vida

David Bency contra Wilson Silva. LAPRENSA/ARCHIVO

David «El Costeño» Bency siempre ha vivido su día a día sin hacerse muchas ilusiones.  Tiene 30 años y hace siete debutó en el boxeo profesional.  Su seudónimo es el reflejo de su vida. Originario de una comunidad de Waspán en la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte, sobre la rivera del Río Coco, es un boxeador que tiene el sello de resistir, y así como ha soportado los embates del destino, también su físico es como una muralla capaz de aguantar el golpeo de cualquier oponente.

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No pregunten por técnica, por largas combinaciones de golpes y mucho menos un estilo integral muy depurado, Bency es la antítesis de todo eso, pero venció a Winston Campos en dos ocasiones de forma clara y sin objeciones, al que se le consideraba uno de los mejores boxeadores welter junior del país. El Costeño hizo lo que suele hacer todo el tiempo: ir hacia el frente, soportar el castigo del oponente, el cual casi siempre es mucho, y esperar que sus intensidad durante todo el combate convenza a los jueces de darle el fallo.

Bency anda con una sonrisa amigable y con su español «cancaneante» cae en gracia. Su historia está cubierta por lo extremo. Se calcula que el 80 por ciento de los habitantes de la tierra del pugilista viven en extrema pobreza, no hay mucho para sobrevivir. El Costeño fue güirisero, entre el lodo y agua buscaba oro, un rayo de esperanza que le llenara un poco el bolsillo y calmara el hambre. Su mamá lo crió sola junto a sus hermanos. El papá murió después de la guerra: «Mi papá se fue para Honduras, era pastor y lo envenenaron», cuenta el muchacho, quien dice haber llegado hasta cuarto año de secundaria. «Me metí a estudiar inglés y computación pero no pude terminarlo porque no tenía dinero», relata.

Se marcha de su casa

Con 15 años se mudó buscando mejores oportunidades a Puerto Cabeza, luego de un año pasó a Bonanza y ahí miró un rotulo que en ese lugar enseñaban boxeo y entró: «Me inscribí  y a los dos meses gané mi primer combate en amateur contra un militar», comenta Bency. En 2005 se mudó a Managua porque quería ser boxeador y salir adelante. Sin nada más que con esa ilusión llegó donde una tía y entró al Gimnasio Roberto Huembes.

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El Costeño encontró en el entrenador René Aguilar a un maestro y apoyo. Han trabajado todo el tiempo juntos. «Bency es responsable y muy entregado. Ganó un torneo de futuras promesas en Chontales y fue parte de la Selección Nacional poco tiempo. Boxísticamente su talento es la resistencia, tiene un aguante salvaje, pero hay mucho que trabajarle todavía», analiza su entrenador.

El Costeño tiene 14 victorias y 9 derrotas con un empate. No le tiene miedo a nadie, tan así que cuando era amateur y guanteaba con Carlos Sequeira, un peleador mucho más pesado, para ir a un torneo a Panamá con la Selección  el rival le rompió la mandíbula, se frustró y sentía que todo había acabado, pasó bebiendo líquidos solamente por ocho semanas, pero su instinto de supervivencia lo hizo continuar y no darse por vencido.

Entró en el Ejercito Nacional para entrenarse mejor y luego de casi dos años se retiró porque según él no le iban a permitir boxear. Quiere pelear en el exterior porque se gana más y necesita mantener a sus dos hijos y en cinco años, fecha programada de su retiro, quiere volver a su origen y dedicarse a una finca.

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