¿Otra transición catastrófica?

En cuestión de pocos días, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han declarado que el presente año la economía decrecerá entre el 3.8 por ciento y el 4 por ciento

Ortega, Silvio Baéz

Hace exactamente un año, en octubre de 2017, publiqué un folleto titulado Nicaragua, ¿es inevitable otra transición catastrófica?, en el cual recogía tres artículos publicados en LA PRENSA y también comentados en Radio Corporación, pocos meses antes.

En la Introducción de ese folleto señalaba: “Al final de muy largos períodos de prosperidad económica en Nicaragua, los gobiernos autoritarios de José Santos Zelaya (1893-1909) y de la familia Somoza (1934-1979) terminaron en una catástrofe política de intervenciones extranjeras, insurrecciones, revoluciones y guerras civiles, que revirtieron por muchos años todo el progreso económico y social alcanzado”.

La publicación era una ardiente argumentación sobre qué hacer para evitar un desenlace catastrófico del régimen autoritario de Ortega. Para entonces, igual que con Somoza, había estabilidad autoritaria con vigoroso crecimiento económico. “Resultará difícil a los actores presentes pensar que la estabilidad actual es efímera”, señalaba en uno de los artículos, agregando: “Pero bastaría que se pongan en los zapatos de sus padres y abuelos a mediados de los años 70, para entender que la misma sensación de estabilidad tenían ellos”.

En cuestión de pocos días, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han declarado que el presente año la economía decrecerá entre el 3.8 por ciento y el 4 por ciento, confirmándose así la previsión de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) y del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) sobre los costos de la crisis política.

Sin embargo creo, pese a lo anterior, que aún estamos a tiempo de evitar los peores extremos de una transición catastrófica. La clave está en que ninguno, pero absolutamente ninguno de los actores nacionales e internacionales, con incidencia en la problemática de Nicaragua, transmita a Ortega que existe otra opción que el diálogo, la negociación y elecciones adelantadas.

La Unidad Azul y Blanco (UNAB) ha hecho lo propio al reiterar el llamamiento al diálogo y definir un marco de principios programáticos en el que cabemos todos los nicaragüenses, al compatibilizar equidad, democracia y economía de mercado, y sumar a Ciudadanos por la Libertad (CxL), que representan a un sector del liberalismo reiteradamente excluido en el afán autoritario de Ortega y sus socios colaboracionistas.

La relativa estabilidad actual, con base en el terror, es incompatible con el crecimiento económico. En este sentido, Ortega está en una contradicción insalvable: el terror le da control territorial, pero le quita apoyo político y ahuyenta la confianza económica. La estabilidad con legitimidad política y confianza económica, solamente será posible con elecciones libres, creíblemente democráticas, y cuanto más pronto, mejor. Entre más tiempo con estabilidad en base al terror, más catastrófica será la inevitable transición de la dictadura a la democracia.

El autor fue candidato presidencial.

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