El derecho de resistencia

El pueblo solo está obligado a obedecer a los gobernantes que ejercen sus facultades en el marco del derecho y con respeto a las libertades civiles y los derechos humanos

presos políticos, Nicaragua, crisis, protestas

Cumpliendo su amenaza proferida el día anterior, la Policía Orteguista impidió este domingo 14 de octubre —por medio de una brutal represión— la marcha pacífica “Unidos por la libertad”, convocada por la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB).

Con la radicalización de su estrategia represiva ciega y brutal contra el pueblo, Daniel Ortega ha convertido su dictadura en una auténtica tiranía, la cual, según se explica en la Enciclopedia de Política, es “el despotismo llevado a su más extremada expresión. (El) Gobierno sin limitaciones jurídicas ni morales, que se ejerce al margen de las normas de Derecho y de las prerrogativas humanas”.

La denuncia de la tiranía viene desde la época de Jean Bodin, filósofo francés del siglo XVI y uno de los padres de las Ciencias Políticas, quien razonó que a diferencia del déspota que gobierna a los súbditos como a esclavos resignados a su poder, el tirano oprime a personas libres que por eso mismo rechazan la tiranía. “De modo que esta es el intento de tratar a los hombres libres como esclavos”, escribió Bodin; lo cual es exactamente lo que hace Daniel Ortega contra los nicaragüenses, que resisten y luchan contra la dictadura devenida en tiranía.

En la represión de este domingo para impedir la marcha convocada por la UNAB, más de treinta personas —incluyendo a varios periodistas— fueron agredidas por los policías orteguistas y la mayor parte llevadas a la cárcel, entre ellas reconocidos dirigentes y representantes de movimientos políticos y organismos de la sociedad civil. Al mismo tiempo una prominente defensora de derechos humanos fue secuestrada en el aeropuerto internacional.

Daniel Ortega quiere impedir con el uso de la fuerza bruta las manifestaciones de repudio a su régimen dictatorial y tiránico, negando a los ciudadanos el derecho a la protesta pacífica. Sin embargo, la represión no puede obligar a los ciudadanos a cambiar su pensamiento político democrático ni a renunciar a su opción por la libertad.

El recrudecimiento de la represión el fin de semana reciente ha sido fuertemente condenado por la comunidad democrática internacional, ante todo por la OEA y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Pero eso no es suficiente. Se necesitan acciones más enérgicas y efectivas para obligar a Ortega a aceptar una salida democrática de la crisis nacional.

Por su parte, la dirigencia opositora nicaragüense tiene que buscar y poner en práctica nuevas modalidades de lucha cívica y pacífica. A nosotros no nos corresponde señalar cuáles deberían ser esas nuevas modalidades; sí podemos indicar que se deben evitar acciones que podrían parecer radicales pero que en la práctica serían más bien dañinas para la misma oposición, o algunos de sus componentes.

Los ciudadanos tienen derecho de oponerse a la dictadura, resistir a la tiranía y luchar para quitársela de encima. El pueblo solo está obligado a obedecer a los gobernantes que ejercen sus facultades en el marco del derecho y con respeto a las libertades civiles y los derechos humanos.

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