El “pecado” del pastor Rudy Palacios

El régimen orteguista lo obligó exiliarse, mató a tres miembros de su iglesia, encarceló a otros y ahora lo persiguen por terrorismo. Esa es la historia del pastor Rudy Palacios y su iglesia

El pastor evangélico Rudy Palacios tuvo que salir del país por la persecución del régimen orteguista. LA PRENSA/CORTESÍA

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“Hijo de la mil puta te fuiste vos, pero tu familia, hija y madre están aquí. Como torturaste, así vamos a torturar a toda tu familia… Así que ya tenés tres paladas de tierra encima”. El pastor evangélico Rudy Palacios sabía que, tarde o temprano, los verdugos de la dictadura irían tras él y su familia. Ese fue uno de los tantos mensajes que le dejaron en su Facebook.

El pasado 6 de julio, el pastor Rudy, junto a sus dos hijos mayores, empacó algo de ropa y salió del país. Huía de los paramilitares que iban tras él por haber cometido lo que hoy la dictadura considera un pecado de muerte: sublevarse contra el régimen de Daniel Ortega. Sin haber cometido ningún delito, emprendió su huida como si fuese un delincuente.

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En lo único que Rudy pensaba era en salvar su vida y la de sus hijos. Y para eso le tocó renunciar a mucho más: a su esposa, su hija menor y su congregación, que pastoreó durante 11 años en Jinotepe.

Su “delito” había sido acompañar a sus hijos a las marchas azul y blanco en ese municipio, que, al igual que en el resto del país, estaba plagado de barricadas como forma de protesta para exigir la salida del poder de Daniel Ortega.

Fachada de la casa del pastor Rudy Palacios en Jinotepe. LA PRENSA/CORTESÍA

Ayudó con alimentos y oración

En Jinotepe, Carazo, donde él vivía y pastoreaba la iglesia La Roca, con 1,500 miembros, la gente había dejado de dormir tranquila desde hacía tiempo ante el inminente ataque de paramilitares y de la Policía Orteguista para ejecutar el sangriento plan “Operación Limpieza”, que ya había provocado una carnicería humana en varios departamentos del país.

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El pastor Rudy había ayudado con alimentos y oración a los jóvenes que habían levantado tranques contra la dictadura. “Decidí apoyar a los jóvenes porque vi directamente la represión en mi ciudad, no me lo contaron, lo vi, fui testigo de la represión de la Juventud Sandinista, personal de la alcaldía, trabajadores del gobierno. La lucha fue justa y es justa, lo vi en las calles en carne propia”, asegura el religioso desde el exilio.

Las amenazas comenzaron a llegar. La primera la recibió el 12 de mayo, después de haber leído un pronunciamiento en contra del régimen. Y nunca más cesaron. Le hacían llamadas, recibía mensajes en WhatsApp, en Facebook o a través de emisarios. «‘Te vamos a quemar la casa, te vamos a matar a vos y tu familia, vamos a violar a tu esposa y a tus hijas’… todos los días recibía ese tipo de mensajes, hasta que decidí no leerlos porque era una guerra psicológica muy fuerte”, cuenta.

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Incluso, en algunos mensajes se le acusa, junto al padre Juan de Dios de la parroquia Santiago Apóstol de Jinotepe, de la muerte de un trabajador de la Alcaldía de Managua, Bismarck Martínez. Su casa la llenaron de pintas: “Se busca” y “Asesino”, se leía en la fachada.

23 años de pastorear

Rudy Palacios tiene 23 años de ser pastor, estudió en el Seminario Teológico Bautista, fue pastor de la Iglesia bautista durante 10 años y luego fundó la Iglesia La Roca, que tiene 8 subsidiarias en los departamentos orientales del Pacífico de Nicaragua.

La última vez que los feligreses lo vieron en la iglesia fue en junio, llegó a dar el mensaje del domingo. Para entonces, la asistencia estaba mermada. En medio de la convulsión en la ciudad por los ataques de paramilitares y policías, menos de la mitad de la congregación estaba asistiendo.

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El presentimiento de Rudy de que un fuerte ataque ocurriría en Jinotepe, que pondría en riesgo su vida se hizo realidad dos días después de que había huido del país. El 8 de julio, a punta de balas, fuerzas de choque llegaron a quitar los tranques. El saldo fue espeluznante: 22 muertos.

Mataron a tres miembros de la iglesia

Eran las 05:20 de la madrugada del 8 de julio cuando Rudy, ya en el exilio, se enteró del ataque en Jinotepe. Tres horas más tarde, le dijeron que había muerto Luis Acevedo, el intérprete de la iglesia.

“Dos días antes de salir de Carazo, me reuní con él y cuando me contaron que lo habían matado, yo no lo creía porque él no estaba en ningún tranque, la noticia me golpeó; ya a esa hora se habían llevado a varios de la iglesia y más tarde me avisaron que había muerto Gerald Barrera, otro joven miembro”, recuerda.

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A Luis Acevedo, de 27 años, lo mataron en la entrada de su casa. En pleno ataque había salido para auxiliar a los autoconvocados que eran perseguidos por los paramilitares. Le pegaron varios disparos. El intento de auxilio de su esposa y sus hijos no sirvió para nada, murió al instante.

“Sus hijos miraron cuando murió, ellos preguntan por su papito y lloran porque eran muy pegados con él. Y lo peor es que pocos días después de la muerte, a la esposa la buscó el Minsa y le dijeron que le brindaría ayuda psicológica, ella obviamente se negó”, asegura el pastor.

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Ocho días después del ataque en Jinotepe también apareció muerto Ricardo Largaespada, un combatiente histórico, fundador de la Juventud Sandinista y miembro de la iglesia La Roca.

También, tres vigilantes de la Iglesia habían desaparecido, luego aparecieron encarcelados, dos de ellos fueron puestos en libertad y a un tercero lo acusaron de terrorista.

Tras el ataque, muchos feligreses que asistían a esa iglesia huyeron, principalmente aquellos que tenían hijos varones, que habían participado en marchas o que habían estado en los tranques.

Los paramilitares entraron a diferentes municipios de Carazo y atacaron a los manifestantes con armas de guerra, el resultado fue varios muertos y heridos. LA PRENSA/J.FLORES

Huye antes del ataque a Carazo

Aunque el pastor no vivió el ataque paramilitar, el escape de su tierra natal no fue fácil. Salió en medio de los tranques, tuvo que quitar barricadas, alambres y adoquines. Llegó por veredas a la laguna de Nindirí, Masaya y agarró por la Carretera Norte hasta llegar a la frontera con Honduras. Cerca de Somoto, Madriz, la Policía Orteguista lo detuvo para revisarlo. En ese instante, recuerda, se sintió perdido, pensó que todo había acabado, pero diez minutos después lo dejaron ir.

Llegó a las 7:00 p.m. a territorio hondureño. Un amigo, también pastor, le dio donde dormir.

El pastor Rudy Palacios es acusado de terrorismo y tiene orden de captura, lo que le impide regresar al país. «Jamás me imaginé llegar a ser un perseguido y menos que me catalogaran como criminal. Sin embargo tengo mi conciencia tranquila, no he robado, no he matado, sólo he dicho la verdad y la seguiré diciendo, que Daniel (Ortega) es un criminal, un asesino, un tirano. Él y su esposa Rosario (Murillo) son la plaga más dañina que ha tenido Nicaragua», dice el pastor, que se encuentra exiliado en Costa Rica.

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Según la acusación, en la que se le involucra, al pastor Rudy Palacios señala como cabecilla a Tomás Maldonado Pérez, otro pastor evangélico. Y como integrantes se acusa a Joao Ismael Maldonado Bermúdez (hijo de Tomás), Roberto Danilo Samcam Ruiz, Leonel Rojas Medrano, Rodolfo Rojas Cordero, Álvaro José Campos, Carlos Ramón Brenes Sánchez y Rodrigo Rodríguez Argüello. De todos estos, solamente están detenidos Carlos Brenes y Tomás Maldonado Pérez.

La Iglesia La Roca, que quedaba frente a la Escuela Anexa Elías Serrano en el Cine Cora, era una de las iglesias evangélicas más grandes de esa ciudad. Los fines de semana, cuando había buena asistencia, se congregaban hasta seiscientas personas.

Sin su pastor, con tres miembros muertos, y otros encarcelados y huyendo, los fieles hacen un esfuerzo por continuar congregándose. Lo hacen en un lugar más pequeño y a veces no llegan ni a los cien asistentes.

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