¿Es la gente el problema?

Uno de los errores más grandes que la visión tradicional sobre prevención de accidentes mantiene, es pensar que la gente es siempre el problema a controlar

Columna Competitividad Empresarial

Carlos R. Flores

Uno de los errores más grandes que la visión tradicional sobre prevención de accidentes mantiene, es pensar que la gente es siempre el problema a controlar, por considerar erróneamente que el individuo siempre buscará hacer el mínimo esfuerzo, saltarse las reglas y procedimientos, normas, lista de verificación, protocolos, reglas, políticas, entre otros mecanismos de control establecidos.

¿Lo duda? usted puede hacer una simple inspección de las “causas raíces” de la más reciente investigación sobre accidente o falla operacional en su empresa, allí verá que lo que le menciono es cierto: invariablemente el individuo es el culpable, el problema a controlar.

Aquí hay un error garrafal de apreciación en considerar que el propio personal –mejor dicho, la desconfianza manifiesta que se puede tener sobre su actuación– vaya a ser la causa de los accidentes. Se pierde de vista el contexto amplio en el que estos ocurren.

Esta garrafal superficialidad es todavía una premisa en la mentalidad de ciertas gerencias, y si se quiere interpretar así, hasta maniquea, tomando en consideración el enfoque McGregoriano de la teoría X y teoría Y, en donde la clasificación del ser humano –el trabajador de la teoría X– es la encarnación de la ley del mínimo esfuerzo, del pesimismo, de la abulia, del interés y acción únicamente transaccional por el salario pagado, siendo esta la visión gerencial de los años sesentas, pero que por comodidad y conveniencia, se mantiene aún muy arraigada.

Pensar que la gente es el problema a controlar, y no el ambiente socio-técnico en que estos individuos se desenvuelven, es lo que mantiene a algunas organizaciones en un estado de subdesarrollo de su cultura preventiva, obviando que la gente más bien debe ser empoderada; se asume que el colaborador tiene inclinaciones hacia las conductas erróneas pero no hacia las conductas proactivas. Se percibe a la gente como un problema más que como una fuerza y mentalidad a aprovechar.

Es preciso cambiar el software mental de algunas gerencias y encargados de monitorear el cumplimiento de la Seguridad Operacional  (SO), entendiendo que los entornos complejos de trabajo la minimización de los accidentes pasa por comprender una narrativa más compleja, la cual si no se llega a discernir provocará una parálisis en el desempeño preventivo y lo que es peor, creará un espejismo de falso cumplimiento que no es más un «constructo mental» –a como algunos dicen hoy– fantasía que quedará en evidencia al reiterar los mismos accidentes de la misma manera.

La fijación de metas productivas a alcanzar –que por su cumplimiento el individuo prospera en una organización– dicen mucho más de la causalidad de los accidentes que los análisis superficiales que algunos promueven.

Los ambientes de trabajo actuales se caracterizan mucho más por el énfasis en el cumplimiento de ambiciosas metas productivas, complejas e interactuantes, que dentro de la narrativa de la escasez de recursos, se enfocan compulsivamente en la minimización de los costos, la reducción sistemática de errores así como en la productividad en peligrosos niveles incrementales continuos, paradigmas que pueden ser incompatibles en un modelo analítico real de causa-efecto y no en los parloteos sin sentido y falaces sobre su supuesta armonía y simultaneidad.

Recibí recién una comunicación de una empresa que expresaba que retomaba los temas de prevención de accidentes, porque le habían autorizado un presupuesto que de hecho ya había sido recortado. Al preguntarle a la persona que si esa inversión no era acaso imprescindible por estar la Seguridad Operacional declarada en la Misión de la empresa, esta me respondió: “el papel de los pósters aguanta lo que sea”.

Es fundamental entender que para hacer una determinación correcta de las causas de las fallas y accidentes operacionales, hay que analizar, primero que todo, los rituales internos, las prácticas, los dichos de la cultura, así como la forma en que se han resuelto las problemáticas pasadas, ya que de forma útil, serán un punto de partida para interpretar las causas profundas de las fallas y accidentes actuales.

No caiga usted en la ingenuidad de caracterizar los accidentes –según algunos predicadores y mercaderes chacharean con prédicas baratas– como actos o condiciones inseguras, en donde de antemano, se etiqueta gravemente a la gente como el problema a controlar.

El autor es director ejecutivo de Cambio Cultural Consultores 

direccion@cambiocultural.net

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