UNAB se estrena con dictadura

Existe un síndrome que sufren lo mismo dictadores de izquierda que de derecha y es el de considerar el poder como propio y querer perpetuarse en él

Cartas al director

Mi experiencia en mis años de lucha contra el totalitarismo del FSLN, me decía que cuando Daniel Ortega se plantó en plaza pública y sentenció ni una marcha más, ni un plantón más y mucho menos un paro nacional más, era una amenaza que no iba a dudar en hacer cumplir.

Por eso cuando vi hace menos de un mes en un hotel capitalino la conformación de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), la nueva organización que aglutina a un poco más de cuarenta organizaciones civiles y el partido Ciudadanos por la Libertad (CXL), me atreví a hacer pública mi reflexión al compararla con la primera película de la serie Tiburón. Dicho esto, deseo dejar meridianamente claro que no tengo ninguna duda sobre la vocación democrática de los integrantes de la UNAB, aunque confieso tener serios presentimientos de que algunos no saben con exactitud a quién se están enfrentando.

Existe un síndrome que sufren lo mismo dictadores de izquierda que de derecha y es el de considerar el poder como propio y querer perpetuarse en él, ignorando los costos que terminan pagando al final. Tengo rato de venir señalando que la oposición tiene que reinventarse, ser más imaginativa. Las marchas de fin de semana, los tranques, plantones y paros de veinticuatro horas han servido para que el mundo conozca nuestra lucha y aunque el precio pagado por el pueblo ha sido alto, el sacrificio ha rendido sus frutos, pero ante el recrudecimiento de la represión se tiene que hacer un alto y no seguir exponiendo al pueblo.

La pregunta obligada de la UNAB como organización líder de la oposición, debería ser; ¿qué hacer y cómo hacerlo? Sin pretender tener más luces que las decenas de cerebros que componen esa organización, mi humilde opinión es que deberían seguir creciendo, incorporando más organizaciones con peso social y político. Mientras tanto considero que se debe continuar y acrecentar la denuncia mundial del genocidio que estamos sufriendo. Esto debe ser tarea de opositores con experiencia y credibilidad ante los organismos internacionales. En el plano nacional debemos estar claros que marcha que se convoque, marcha que será reprimida a punta de palo y plomo a como lo fue la del pasado catorce de octubre.

El juego del gobierno es empantanarnos como la dictadura de Venezuela o, peor aun, como la cubana y eso es algo que no podemos permitir. Para evitarlo desgraciadamente el sacrificio y el derramamiento de más sangre pareciera inevitable, es obligación del liderazgo de la oposición encontrar la forma de debilitar al régimen hasta el punto de hacerlo ceder ante nuestras demandas, no es imposible, otros pueblos lo han logrado, analicemos cómo lo hicieron y repitamos la hazaña, el premio de la libertad vale el sacrificio.

El autor es analista político