Muerte accidental de un opositor

Casi como un homenaje triste a Darío Fo, a dos años de su muerte, el régimen de Maduro reinterpreta su obra, con esa escenografía tenebrosa de un Estado policíaco.

impunidad, Nicaragua, Daniel Ortega

El fiscal del régimen de Maduro, Saab, anunció el 8 de octubre que el concejal opositor Fernando Albán, capturado en el aeropuerto al regresar de Nueva York, donde denunció las violaciones a los derechos humanos en Venezuela, luego de tres días detenido en los calabozos inferiores del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, pidió permiso para ir al baño y se lanzó al vacío desde una ventana del décimo piso. Para el régimen, su aparente suicidio sería una confesión de su participación en el atentado a Maduro del 4 de agosto pasado.

Darío Fo, el dramaturgo y actor italiano, Premio Nobel de Literatura en 1997, recién fallecido en 2016, escribió en 1970 la obra teatral titulada Morte accidentale di un anarchico. Italia atravesaba, luego de la rebelión estudiantil de 1968 que sacudió Europa, un proceso de rebelión, hasta cierto punto anárquico, contra el orden establecido por los demócratas cristianos que oscilaban entre derecha e izquierda. Las clases dominantes estaban aterrorizadas.

A consecuencia de la explosión de bombas, que se reputaron anárquicas, pero que fueron ejecutadas por organizaciones neofascistas dirigidas intelectualmente por el espionaje de la OTAN, se gestó un sentimiento de terror propicio para que el Estado asumiera un perfil policíaco, con el cual se justificó la represión, expedita y abrupta, contra las organizaciones de izquierda.

Darío Fo basa su obra en el caso Pinelli, un intelectual anárquico, trabajador ferroviario, que interrogado en la jefatura de policía de Milán cayó desde el cuarto piso de la comisaría. La policía argumentó que fue un suicidio y que equivalía a una confesión de terrorismo. Luego, la versión del suicidio, demasiado grotesca, fue cambiada por una caída accidental de Pinelli al sufrir una indisposición cuando se hallaba cerca de la ventana.

Darío Fo recurre, en su obra, a la locura de un personaje, investigado en la comisaría, que sufre histriomanía. O sea, el hábito de adquirir personalidades distintas con gran versatilidad histriónica. Gracias a esta particularidad, entre una escena y otra, se desempeña como el personaje a cargo de la situación cambiante, y adquiere el control de los hechos. Logra en el ropaje de inspector acceder a los expedientes del caso Pinelli, y bajo nuevos personajes obliga a los policías involucrados a responder las múltiples contradicciones evidentes, tanto en la cronología como en los hechos.

Darío Fo logra que la incoherencia oficial adquiera realismo desde la visión honestamente distorsionada por la locura, que hace trizas la racionalidad prefabricada oficial. Es la locura que usa Shakespeare como fuente de verdad bajo las apariencias creadas por el poder.

Casi como un homenaje triste a Darío Fo, a dos años de su muerte, el régimen de Maduro reinterpreta su obra, con esa escenografía tenebrosa de un Estado policíaco.

El autor es ingeniero eléctrico.