Seis meses de horror y de heroísmo

Aquello fue la chispa que encendió la llama de la rebelión cívica que estalló al día siguiente en todo el país y que hoy cumple un semestre.

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Ayer se cumplieron seis meses de la brutal represión en el Camino de Oriente de Managua, contra un grupo de estudiantes que salió a protestar por una reforma injusta y arbitraria del Seguro Social.

Aquello fue la chispa que encendió la llama de la rebelión cívica que estalló al día siguiente en todo el país y que hoy cumple un semestre. Por lo menos 322 personas han sido asesinadas por la dictadura durante los seis meses de represión, según el informe que Amnistía Internacional presentó este jueves y el cual coincide con la cantidad de muertos verificada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACDH), pero que son más de 500 de acuerdo con los registros de las organizaciones nicaragüenses defensoras de los derechos humanos.

Esta espantosa matanza y las violaciones atroces de derechos humanos ocurridas en Nicaragua en estos seis meses, incluyendo ejecuciones extrajudiciales y violaciones sexuales, no tienen precedente en Centroamérica según organizaciones internacionales y gobiernos extranjeros. Por sus crímenes de lesa humanidad, el régimen de Ortega debería ser juzgado por el Tribunal Penal Internacional.

De hecho la denuncia de la matanza orteguista en Nicaragua ya ha sido presentada ante dicho tribunal internacional, por nicaragüenses que viven en el exterior. Pero es necesario que lo hagan gobiernos democráticos, igual que lo han hecho contra la criminal dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela.

Sin embargo, no solo horror represivo se ha vivido en Nicaragua en estos seis meses de revolución pacífica. También ha habido heroísmo y abnegada disposición al sacrificio, en esta lucha por la libertad y la democracia que ha sido muy desigual pero justa y necesaria.

Héroes hay en todas las revoluciones. Pero los valores humanos del heroísmo y el espíritu de sacrificio son más meritorios cuando se trata de una rebelión pacífica en la cual la gente se enfrenta sin armas, solo con la fuerza de su fe y sus convicciones políticas y morales, a una dictadura cruel y poderosamente armada.

“Un héroe —ha dicho el laureado poeta y músico estadounidense Bob Dylan— es quien entiende la responsabilidad que conlleva su libertad”. Desde esa perspectiva —y sin perjuicio del reconocido heroísmo individual de cada una de las personas asesinadas por la dictadura, y de los presos políticos—, han sido heroicas todas las personas que en estos seis meses de revolución pacífica han participado en las demostraciones grandes y pequeñas de repudio a la dictadura y de compromiso irrenunciable con la causa de la libertad y la democracia.

La patria, la sociedad y el pueblo digno de Nicaragua le deben a toda esa gente heroica un reconocimiento imperecedero.

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