El amor a la vida

En la realidad, los videos y las fotos que circulan masivamente desmienten cada palabra de cada mentira manifestada por el régimen

En Nicaragua hay dos versiones de lo que estamos viviendo. Una es la mentira del régimen y sus comunicados que expone la ignorancia de quien lo emite, y la otra la realidad de un país que vive bajo estado de sitio de facto.

En la realidad, los videos y las fotos que circulan masivamente desmienten cada palabra de cada mentira manifestada por el régimen. El asistir a un plantón, el estar parado en un lugar sin hacer nada es un delito que se puede pagar hasta con la vida.

Así lo vimos en un video en redes sociales mostrando a un joven que solo por haber asistido a un plantón frente a la UCA, al día siguiente en una parada de bus fue reconocido por paramilitares que lo siguieron como si se tratase de un animal. Esa es la realidad de Nicaragua.

En un nuevo día los jóvenes principalmente no saben lo que les espera, porque se exponen a ser identificados por los asesinos que los andan en lista, como si de criminales peligrosos se tratase.

El actuar de las personas que defienden al régimen orteguista nos hace recordar al somocismo, pero comparando ambas dictaduras, la de los Somoza fue menos cruel y perversa que la orteguista.

En general todos queremos estar seguros, hasta los propios partidarios del régimen. Pero por las noches las calles lucen desoladas por que nadie, ni siquiera ellos mismos (los orteguistas), desea encontrarse con las temidas camionetas Hilux que transportan a los temibles escuadrones de la muerte, que circulan con licencia para matar. Por ese temor nadie quiere salir a ningún lugar a partir de las seis de la tarde.

Con tan brutal represión nos impusieron un estado de sitio de facto. No podemos circular libremente, el gobierno dice que todo está normal mientras a diario hay cacería humana, capturas ilegales y desapariciones de personas. Mucha gente, con razón, ha decidido buscar refugio en Costa Rica.

Según parece, lo documentado por la CIDH, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y Amnistía Internacional, se ha quedado corto. Pero por más denuncias y condenas internacionales las monstruosidades no se detienen, al contrario, se realizan con más ferocidad.

Viviendo en esta semiclandestinidad y autocensura recuerdo la lectura del libro El diario de Ana Frank, una niña alemana que por su condición de judía permaneció escondida con otras siete personas en la “casa de atrás”, en Ámsterdam, durante la Segunda Guerra Mundial. En el diario reflejó sus temores, sus sueños para el futuro y también sus secretos íntimos.

La realidad de aquella familia que se ocultó por amor a la vida, la vivimos ahora en Nicaragua.

El autor es analista político.