OEA sigue fustigando a la dictadura

Al reiterar su preocupación por la crisis de Nicaragua, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, exclamó que “es demasiada la sangre que se ha derramado en Nicaragua”

presos políticos, Nicaragua, crisis, protestas

El Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) discutió ayer por sexta vez la situación de Nicaragua, donde la brutal represión de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha causado una catástrofe de derechos humanos.

En esa sesión de la OEA estuvo presente una delegación de la Unión Nacional Azul y Blanco (UNAB), que agrupa a más de 40 organizaciones sociales y políticas opositoras y fue constituida apenas hace dos semanas, pero ya cuenta con un amplio y reconocimiento internacional.

Al reiterar su preocupación por la crisis de Nicaragua, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, exclamó que “es demasiada la sangre que se ha derramado en Nicaragua” y advirtió que la continuidad de la represión obligará a sancionar al régimen de Daniel Ortega, aplicándole el artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana.

Deben hacerlo. En la sesión de este viernes se conocieron informes del Grupo de Trabajo de la OEA sobre Nicaragua y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la cual ha dictado 26 resoluciones de medidas cautelares para 118 personas pero la dictadura no les ha atendido; como tampoco ha puesto atención a los 30 comunicados denunciando el continuo deterioro de los derechos humanos en el país.

Después de conocer los informes la mayoría de los miembros del Consejo Permanente de la OEA volvieron a condenar la represión, exigieron la liberación de los presos políticos y pidieron la reanudación del Diálogo Nacional para acordar la convocatoria a elecciones anticipadas y resolver la crisis de manera democrática. Pero Ortega no quiere escuchar los llamados de la OEA y prácticamente de toda la comunidad internacional, salvo los gobiernos autoritarios que se identifican con la dictadura de Nicaragua.

Para que pueda haber un auténtico diálogo con la oposición es indispensable que Ortega lo acepte, pero al parecer él cree que con más represión y aunque destruya la economía y el tejido social de Nicaragua, podrá salir de la crisis y perpetuarse en el poder.

Sin embargo, aunque Ortega no quiera volver al diálogo se le podría obligar mediante una presión más real y efectiva de la comunidad internacional, que vaya más allá de las declaraciones retóricas y se concrete en acciones políticas basadas en el principio de obligación de ayudar a los pueblos.

También en el interior de Nicaragua hay todavía fuerzas que podrían obligar a Ortega a sentarse a negociar con la oposición. Todo es que quieran dejar de ser puntos de apoyo de la dictadura y se decidan a contribuir con contundencia a la recuperación de la democracia.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: